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Ir a las causas para comprender y combatir las consecuencias

 

Argentina | En el marco de la reflexión general acerca de la Mujer, mi intuición me llevó a recordar una obra que leí hace unos cuantos años en medio de mi proceso de conversión personal: la riquísima 'Mulieris Dignitatem'. Se trata de una encíclica escrita en 1988 por Juan Pablo II, hoy canonizado.

 

En aquel momento aquellas palabras comenzaron el largo camino de iluminar mi interior, y hoy releyendola me encuentro con algo así como la clave para entender los fenómenos actuales de hiper conflictividad social en que estamos sumergidas principalmente las mujeres.

 

Retrotraer a las causas nos ayuda a entender las consecuencias.

 

Dice la encíclica en el punto 10:

 

”La descripción bíblica del Libro del Génesis delinea la verdad acerca de las consecuencias del pecado del hombre, así como indica igualmente la alteración de aquella originaria relación entre el hombre y la mujer, que corresponde a la dignidad personal de cada uno de ellos. El hombre, tanto varón como mujer, es una persona y, por consiguiente, la única criatura sobre la tierra que Dios ha amado por sí misma; y al mismo tiempo precisamente esta criatura única e irrepetible no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. De aquí surge la relación de 'comunión', en la que se expresan la 'unidad de los dos' y la dignidad como persona tanto del hombre como de la mujer. Por tanto, cuando leemos en la descripción bíblica las palabras dirigidas a la mujer: 'Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará' (en Gênesis 3, 16), descubrimos una ruptura y una constante amenaza precisamente en relación a esta 'unidad de los dos', que corresponde a la dignidad de la imagen y de la semejanza de Dios en ambos. Pero esta amenaza es más grave para la mujer. En efecto, al ser un don sincero y, por consiguiente, al vivir 'para' el otro aparece el dominio: 'él te dominará'. Este 'dominio' indica la alteración y la pérdida de la estabilidad de aquella igualdad fundamental, que en la 'unidad de los dos' poseen el hombre y la mujer; y esto, sobre todo, con desventaja para la mujer, mientras que sólo la igualdad, resultante de la dignidad de ambos como personas, puede dar a la relación recíproca el carácter de una auténtica 'communio personarum'. Si la violación de esta igualdad, que es conjuntamente don y derecho que deriva del mismo Dios Creador, comporta un elemento de desventaja para la mujer, al mismo tiempo disminuye también la verdadera dignidad del hombre. Tocamos aquí un punto extremadamente delicado de la dimensión de aquel 'ethos', inscrito originariamente por el Creador en el hecho mismo de la creación de ambos a su imagen y semejanza".

 

La verdad fundamental sobre la creación del ser humano, como hombre y mujer, constituye el principal argumento contra todas las situaciones que, siendo objetivamente dañinas, es decir injustas, contienen y expresan la herencia de una ruptura o herida primigenia que todos los seres humanos llevan en sí.

 

Los relatos de un conjunto de libros tan antiguos como el Pentateuco registran la existencia de esa ruptura y sus consecuencia efectivas y proclaman al mismo tiempo la necesidad de un cambio interior para restituir el orden original.

 

En el mensaje cristiano que se encuentra en los evangelios y las cartas apostólicas encontramos un énfasis puesto en la necesidad de ese cambio bajo la palabra 'metanoia', o 'conversión'. Es decir, renunciar al mal, ir de un estado de cosas 'viejo' para uno 'nuevo', purificarse, librarse del mal, del pecado: de cuanto ofende al que te creó y de cuanto ofende al otro, de cuanto 'disminuye' al hombre, no sólo al que es ofendido, sino también al que ofende.

 

Así, desde esa perspectiva, cuando un hombre 'disminuye', denigre, o hace daño a una mujer, a además de 'rebajase' a sí mismo, ofende a su Creador; y la 'metanoia' es el único camino para restituir - con un esfuerzo permanente - el orden original de 'comunión'.

 

De hecho, Jesús fue ante sus contemporáneos promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la vocación que corresponde a esta dignidad. Algo inédito para su tiempo. A quienes contestaban este comportamiento recordándole ciertas disposiciones legales, el rabí de Nazaret respondía: "en el principio no fue así".

 

Este es el mensaje inmutable del cristianismo, al que muchos - también mujeres - le hacen guerra.

 

El Dia de la Mujer se consolidó como un día de reivindicación de derechos, estos derechos se transformaron progresivamente en abuso de poder.

 

Todos somos testigos de la degradación de la discusión pública acerca de lo que es la Mujer y cuales son sus preocupaciones y necesidades reales. Mi intuición me dice que volviendo a las causas entenderemos las consecuencias.

 

[ D'Vox ]

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Marcela Errecalde es argentina, activista social, fundadora y coordinadora de la red Ola Celeste Latinoamérica.

 

La imagen un detalle de 'Retrato de Giovanni Arnolfini y su Esposa',  del pintor flamengo Jan van Eyck, 1434, Galería Nacional, Londres.

 

 

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