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El neocomunismo va por nuestros hijos

 

Aunque su influencia ha venido a menos en centro y Sudamérica con el desgaste del régimen Chavista en Venezuela, el exilio de Evo Morales de Bolivia y el retiro  de Correa del gobierno de Ecuador, los políticos e ideólogos españoles que configuraron en buena medida el llamado Socialismo del Siglo XXI latinoamericano, harán de su reciente arribo al gobierno de España, una nueva trinchera desde donde intenten recomponer su influencia ideológica y programática en Latinoamérica, incluyendo a México en esta nueva cruzada.

 

Esta alianza entre la social democracia, el neo comunismo y el independentismo tiene un fuerte contenido ideológico pues representa la continuidad de las políticas socialdemócratas de José Luis Rodríguez Zapatero, aderezadas ahora con la radicalidad de Unidas Podemos con su socialismo del Siglo XXI y los afanes del independentismo por diluir a España y la hispanidad. Esta mezcla explosiva buscará trasladar su proyecto político a Hispanoamérica.

 

Aunque públicamente los social demócratas y los neocomunistas se esfuerzan por reafirmar sus diferencias ideológicas, en la práctica son feligresía de los mismos dogmas. Entienden que la lucha proletaria es una bandera diluida y se han apostado por la hegemonía en la cultura donde repiten la dialéctica socialista a través de falsas disyuntivas: identidad nacional-migración, prohibición de drogas-seguridad, mujer- maternidad, bienestar-libre mercado, familia-matrimonio, ganadería-medio ambiente, masculinidad-machismo. Dando por hecho que todos sus dogmas ideológicos que suponen son conquistas consumadas del progreso, son incuestionables.

 

En Murcia, una región de España, el gobierno local acordó por exigencia de VOX implementar el PIN Parental, una herramienta diseñada y propuesta por la organización Profesionales por la Ética para que sea garantizado el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones, exigiendo que ante cualquier iniciativa en la enseñanza que afecte cuestiones morales socialmente controvertidas, la ideología de género por ejemplo, se requiera la aprobación por escrito de los padres de familia. Esta reivindicación del derecho de los padres sobre la educación de los hijos provocó una furibunda reacción del nuevo gobierno español.

 

Isabel Celaá, ministro de educación del gobierno español, ha advertido que recurrirán a los tribunales para echar abajo el PIN Parental en Murcia si su gobierno regional lo implementa. Irene Montero, la ministro de igualdad del mismo gobierno, ha declarado que el PIN Parental “es un elemento claro de censura educativa y de machismo”, pero Celaá lo ha dicho sin rubor: “no podemos pensar de ninguna manera que los hijos pertenecen a los padres”. Entonces, la pregunta que nos queda hacernos es, si no pertenecen a los padres ¿a quién pertenecen nuestros hijos? Nos dirán que al Estado que tiene la obligación de “proteger” el derecho a la educación de los menores, aún si esa protección implica desplazar a sus padres “machistas” y, ¿quién es el Estado? pues ellos mismos. Pretenden, lo han dicho claramente, que nuestros hijos les pertenecen.

 

Este suceso que hoy cimbra la política en España no nos puede pasar desapercibido pues la política latinoamericana se deja orientar por lo que pasa del otro lado del charco. La Senadora mexicana Citlalli Hernández, del partido lopezobradorista, comparte la idea de que el derecho de los padres a decidir la educación de los hijos contraviene el interés superior del menor, es decir, el Estado debe “proteger” a los hijos de sus propios padres. Por políticos como estos es que en Argentina ya se había adoptado el PIN Parental para defender el derecho de los padres sobre la educación de sus hijos de la ideologización emprendida por el Kirchnerismo que hoy retorna al poder de la mano de Alberto Fernández. 

 

Si en España el gobierno nacional dispondrá de todos sus recursos para anular el derecho de los padres de educar a sus hijos, pronto los gobiernos de la región que le son afines replicarán el esfuerzo. El propósito es anular la intervención de los padres de familia en la enseñanza, último dique a la ideologización de los niños y jóvenes. Ya lo había dicho en 1935 el “Nerón” mexicano, Plutarco Elías Calles, en un célebre discurso conocido como “El grito de Guadalajara”:

 

“Es necesario que entremos al nuevo periodo de la Revolución, que yo llamo el periodo revolucionario psicológico; debemos apoderarnos de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud porque son y deben pertenecer a la Revolución”.

 

Así, una nueva y feroz escalada se hará sentir en Latinoamérica para arrebatar a los padres la patria potestad sobre sus hijos, ante tales advertencias, no podemos decirnos sorprendidos.

 

[ D'Vox ]

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Francisco Manuel Sánchez Jáuregui es politólogo y director de análisis de Cabildex.

 

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