La estrategia Rubinstein-González García, un pacto con sangre (ajena)


Nunca se debe subestimar la concurrencia a un café. Por ejemplo, puede salir de ahí algún libro titulado 'Filosofía en el Café', o puede servir para dar por finalizada la enemistad entre dos escritores de renombre. Puede también ser el punto de encuentro de dos médicos argentinos unidos por una causa en común: su voraz deseo de aborto.

Adolfo Rubinstein fue ministro del presidente Mauricio Macri, y ahora Ginés González García lo es de Alberto Fernández. ¿Ministros de qué? Eufemísticamente los llaman de Salud. Por eso me gusta llamarlos ministros del asesinato.

Pero pasemos a lo que en el título vengo a denominar la estrategia ‘Rubinstein-González García’, o también ‘el pacto con sangre ajena’.

Días antes de que el presidente Macri acabase su mandato, el ministro Adolfo Rubinstein jugó el rol de rebelde, y disparó, aparentemente sin la aquiescencia del mandatario, un protocolo abortista más modernizado. Ante tal acto que al parecer pasaba sobre la autoridad del presidente en ejercicio, se nos hizo creer en una suerte de distanciamiento entre ambos, incluso lo vimos a RubiStalin presentar su renuncia. Eso por un lado.

Por otro lado, lo hemos visto ayer a Ginés González García dando probanzas acabadas de una de las prioridades que persigue el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, esto es, la aprobación del aborto, razón por la cual lo hemos visto al ministro saliendo por televisión anunciando el protocolo asesino de vanguardia.

¿Cuál es la jugada que veo entre esos dos felones al juramento hipocrático? Su estrategia consistió en montar un show, para otorgarle más firmeza al protocolo haciendo creer que ellos tienen autoridad para imponer la basura esa. En otras palabras, su plan fue hacer creer que ellos realmente tienen poder para imponer eso, y hacer creer entonces que eso que imponen debe ser acatado como algo lícito y bueno.

Desarrollo del montaje: Rubinstein comienza con la obra teatral, sacando nuevamente la cuestión 'Protocolo' al finalizar la presidencia macrista (acto primero). Macri desarrolla su papel de opositor a la medida, haciendo creer con su 'potestad', que “eso no es válido porque pasó sobre mis decisiones” (acto segundo). Finalizado el mandato de Macri, sube Alberto y lo primero que hace su ministro de asesinatos, esto es, González García, machaca con el protocolo, imponiéndolo con total venia del presidente, haciendo creer ahora que la medida goza de toda la aprobación de la autoridad, y que, por tal razón, ahora todos deben acatar eso (acto tercero).

Queda unida la presidencia anterior con la presidencia actual, mediante la causa abortista. Hacen creer en grietas sobre cuestiones segundas, pero, a los hechos me remito, en la cuestión capital del aborto, están sumamente unidos. Tan unidos que ambos ministros toman cafés juntos. El final de un gobierno queda signado por su deseo de matanzas, y el comienzo de otro queda ya marcado a fuego también por su deseo de sangre. Un eslabón se une inmediatamente al otro.

Que aquí yo haya llamado a este artículo la “estrategia Rubinstein-González García”, no quiere significar que sea una elucubración estrictamente de ellos. Ellos son dos de los personajes que entran en escena, Macri y Alberto, son otros dos. También hay personajes secundarios, y todos dirigidos, entre otros 'directores', por la Planned Parenthood, para hacer posible una obra teatral cuya finalidad no es cerrarse con un telón rojo, sino con la extinción en rojo sangre de la mayor cantidad posible de bebitos no nacidos. Por eso también esta gente de la peor calaña no teme hacer pactos con sangre ajena.

No, e infinitamente no: el protocolo es una basura compuesta por tinta y que trasunta una ideología infernal ansiosa de sangre inocente, que no tiene potestad alguna para obligar a nadie. Letra inmoral que no debe ser seguida por nadie y sí despreciada por todos. A los ideólogos les revienta saberlo, les revienta que se lo enrostremos; y se lo enrostramos nuevamente: no tienen poder ninguna para matar y para hacer matar. El buen derecho los condena.

Dicho lo anterior, y como dato intrascendente, hago saber que esta nota acaba de concluirse en un café. Sin tregua.

[ D'Vox ]

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Tomás González Pondal es abogado, profesor de lógica y escritor, autor de más de una decena de libros, vive en Argentina.

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