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Anacleto: el hombre que enfrentó una revolución organizando al pueblo

 

Anacleto González Flores fue el fundador del movimiento popular más importante del occidente de México durante los años de la persecución revolucionaria que aconteció entre 1914 y 1929, la Unión Popular.

 

Esta organización, fundada en 1925, tenía por misión hacer que “los católicos mexicanos formaran un bloque de fuerzas disciplinadas, conscientes de su responsabilidad individual y social y en condiciones de movilizarse rápidamente y de un modo constante, sea para resistir el movimiento demoledor de nuestros días (la revolución), sea para ponerse en marcha hacia la reconquista de todas las posiciones arrebatadas (la escuela, el sindicato, la prensa, la política, la universidad, etcétera)”.

 

La Unión Popular se propuso:

 

a) Despertar, formar y robustecer la conciencia y el criterio católico en el orden religioso, cívico y social.

b) Fomentar y propagar las organizaciones católicas, especialmente las señaladas por el Episcopado.

c) Fomentar y defender las escuelas católicas.

d) Formar oradores, escritores, propagandistas y hombres competentes en los ramos más importantes de la vida humana.

e) Establecer bibliotecas.

f) Publicar mensualmente un boletín (Gladium) que señale el programa de propaganda y acción.

 

Para lograrlo, Anacleto organizó la Unión Popular a través de una Oficina Central comandada por un Directorio de cinco miembros que serían asistidos por un Director Eclesiástico, este Directorio designaría un Delegado en cada Parroquia que tenía autorización para nombrar otros jefes en su territorio. Todos los socios deberían de aportar una cuota mensual de diez centavos o un peso al año. De estas cuotas el Delegado tendría que enviar cuarenta por ciento al Directorio y se reservaría el resto para las obras y trabajos que emprendiera en su territorio.

 

Según describió Jean Meyer en su trilogía La Cristiada, la Unión Popular contaba con alrededor de 100,000 afiliados ligados a sus jefes en obediencia absoluta y se ramificaba hasta los últimos poblados y caseríos. Ciudades y pueblos estaban organizadas por manzanas, agrupadas estas en secciones, cada manzana un Jefe, coordinados a su vez por un Jefe de Sección que reportaba al Delegado parroquial. La Unión Popular caminó siempre bajo la asistencia y el consejo de un sacerdote designado por la autoridad eclesiástica aunque con autonomía en la dirección.

 

El programa de la Unión Popular se resume en lo que el propio Anacleto González Flores denominó como las Tres Cruzadas.

 

La primera de ellas, la cruzada de la buena prensa, tenía por objeto conseguir que los católicos tuvieran a su disposición periódicos fuertes por su circulación, bien presentados, bien escritos, con suficiente material de información y con elementos de sobra para vivir y prosperar.

 

La segunda, la cruzada del catecismo, que buscaba que los padres de familia aseguraran a sus hijos la instrucción religiosa, organizando el catecismo para niños y adultos para combatir la ignorancia.

 

La tercera, la cruzada del libro, apuntaba a limpiar los hogares de los libros malos y promovía la lectura de libros serios de formación que permitieran a los católicos salir del marasmo y la postración. Informar y formar desde la familia era la misión de las tres cruzadas.

 

En la cruzada que emprendió la Unión Popular era indispensable identificar contra quienes se batallaba. Anacleto distinguió claramente tres enemigos: la Masonería, el Protestantismo y la Revolución. Decía que los tres trabajan con una actividad incansable y con un programa de acción verdaderamente alarmante y bien organizado. Esos tres enemigos persiguen y baten al catolicismo en todas partes, a todas horas y en todas las formas posibles, denunciaba en uno de sus artículos en Gladium, el boletín oficial de la Unión Popular. 

 

El éxito de la Unión Popular radicaba en la precisión del diagnóstico que Anacleto hizo de la cuestión social. El estudio que Anacleto haría de la realidad social, política, económica y cultural fue facilitado por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, que se hacía acompañar por Anacleto a sus visitas pastorales donde lo ponía en contacto con obreros, campesinos, familias y dueños de hacienda. Si Anacleto ya valía, el respaldo de su Arzobispo le hacía valer mas.

 

Anacleto murió asesinado por agentes gubernamentales el 01 de abril de 1927 junto al Secretario de la Unión Popular, Luis Padilla, y los hermanos Jorge y Ramón Vargas González, miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.

 

Tras su muerte, la Unión Popular quedo a cargo de Andrés Nuño y su estructura fue la base de operaciones del Gobernador Civil de los Cristeros, Miguel Gómez Loza, quien también fue asesinado por el gobierno en 1928. Sin la Unión Popular, la resistencia civil primero y la armada después hubieran sido menos efectivas y pocas las posibilidades de conseguir la libertad de culto, que se conservó tras los Arreglos de 1929.

 

Con los matices propios de nuestra época la Revolución, la Masonería y el Protestantismo siguen vigentes y actuando en Latinoamérica. El laicismo es una ideología menos central aunque periférica a otras como la Ideología de Género y el Socialismo del Siglo XXI que se definen como revolucionarias.

 

Los líderes políticos se proyectan enajenados por la igualdad, libertad y fraternidad de la tradición masónica, principios que citan sin rubor alguno en sus discursos públicos. Ministros de culto hacen alianzas con los caudillos políticos y terminan por ser adictos, ellos y sus prosélitos, a líderes políticos y promoviendo el culto a personajes y proyectos de poder temporal.

 

Por todo esto, la Unión Popular podría ser un modelo vigente y necesario para articular una respuesta horizontal a los problemas que cercan nuestras sociedades. La falta de organización, de comprensión de nuestros problemas sociales, de capacidad de movilización e información de nuestros aliados y compañeros de causas son elementos que disminuyen nuestra presencia social, pero esta insignificancia podría ser temporal si nos disponemos a recoger de la experiencia de un líder como el mexicano Anacleto González Flores, el hombre que lideró a un pueblo en la cruzada contra la Revolución.

 

Esa revolución que se presumía popular, moralmente superior y liberadora, al ser despreciada por el pueblo católico organizado por González Flores, terminó por mostrar su verdadero rostro, el de la violencia y la destrucción para aferrarse a sus prerrogativas. Hoy que la revolución regresa mas violenta y menos cándida, será mejor enfrentarla organizadamente, como lo hizo el pueblo mexicano de la mano de Anacleto González Flores.

 

[ D'Vox ]

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Francisco Manuel Sánchez Jáuregui es politólogo y director de análisis de Cabildex.

 

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