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Abascal, Latinoamérica y la disidencia a la corrección política

 

"Se nos ha desalojado de todas partes. Y nuestras manos se han doblado en el primer encuentro y todo lo hemos abandonado. Ni siquiera nos atrevemos  a pedir más de lo que se nos da. Se nos arrojan todos los días las migajas que deja la hartura de los invasores y nosotros nos sentimos contentos con ellas"

Anacleto González Flores 

 

El anuncio de que Santiago Abascal, el Presidente de Vox, estaba invitado a El Hormiguero, uno de los programas de televisión más populares de España, desató en las redes sociales una campaña para exigir la cancelación de la entrevista porque según sus críticos era inaceptable que “la ultraderecha” española tuviera espacios en televisión. El entrevistador Pablo Motos resistió la andanada y mantuvo la invitación a pesar de las críticas.

 

Al aparecer Abascal fue evidente la tensión y la disposición del entrevistador para encarar con cierta rudeza al político de Vox. Sin embargo, un sorprendido Pablo Motos diría a Abascal apenas unos minutos después de iniciada la entrevista: ¡es que pareces tan bueno! Luego vinieron las preguntas sobre el colectivo LGBT, el aborto, la eutanasia, el cambio climático, la migración… sin que faltara uno solo de los dogmas de la corrección política.

 

Abascal se mostró auténtico y respondió una a una de las preguntas de Motos y hasta se dió el lujo de reprochar a los medios de comunicación y las redes sociales que le han llamado “facista” siendo que él -dijo- nunca había alzado el brazo ni confirmado su pertenencia a esta ideología, mientras que Pablo Iglesias, el líder de Unidas Podemos, había confirmado ser “comunista” y cantado en público La Internacional sin que fuera etiquetado como comunista por la opinión publicada. 

 

Usted puede ver aquí la entrevista completa. Abascal no dijo nada que pudiera catalogarse como fanatismo o extremismo, a cada tema respondió anclado a sus convicciones pero nada de lo que dijo era una amenaza para la democracia, por el contrario, denunció la inmovilidad de las otras fuerzas políticas para detener la amenaza al régimen constitucional español y la unidad de España. Si se quiere, hizo una defensa a los cimientos de la transición democrática y derechos humanos fundamentales.

 

Sobre el aborto y la eutanasia, el político español dejó ver que su convicción era que la vida humana tiene dignidad desde la fecundación hasta su final y aunque Pablo Motos le cuestionó por hablar mucho de aborto y eutanasia como si no importara “el centro de la vida”, Abascal reviró afirmando que Vox también hablaba del paro, de las pensiones, por lo que pronto fue interrumpido por Motos bajo el pretexto de que le gustaría tener más tiempo para hablar de estos temas. El presidente de Vox dejó claro que no creía que se tenga que criminalizar a la mujer que aborta y que Vox propone que las ayudas del Estado se destinen al apoyo de la mujer durante su embarazo, no a subvencionar abortos como práctica anticonceptiva o eugenésica. Condenó la violencia, al mismo tiempo que denunció la ideología que dice que el problema de la violencia se explica exclusivamente por el género. Esto no es fanatismo pero si una clara disidencia de las máximas de la corrección política.

 

A pesar del intento de censura el canal que trasmite El Hormiguero confirmó que se habían roto récord de audiencia con la visita de Santiago Abascal, alcanzando el tercer puesto de la lista de emisiones más vistas con mas de cuatro millones de españoles pendientes del programa. Fue una sorpresa para todos, comenzando por los instigadores de la censura que fracasaron estrepitosamente.

 

Como en Europa, en Latinoamérica diversos líderes políticos, activistas sociales, académicos y analistas padecen la censura. En cambio, el fanatismo y la radicalidad de las feministas, cuyas consignas son claramente expresiones de odio: “Mata a tu Papá, a tu novio, a tu hermano”, son justificadas por los heraldos de la corrección política y nunca se les ha censurado para evitar que hagan proselitismo de su ideología. Lo mismo con los políticos que se han pronunciado públicamente por la destrucción de símbolos religiosos sin que sea motivo de extrañamiento su anticlericalismo. O la apología de dictaduras socialistas que son defendidas con normalidad en tribunas parlamentarias y medios de comunicación a pesar de los documentados abusos a los derechos humanos en Cuba y Venezuela. Ni que decir de las agresiones físicas a José Antonio Kast al visitar una universidad, que no solo fueron justificadas, sino cínicamente se culpó a Kast de ser un provocador. O de la quema de una figura suya. Todo esto nunca ha merecido una censura o condena ni en los medios de comunicación, ni en los debates políticos y mucho menos en las redes sociales. 

 

En nuestros países latinoamericanos comienza a hacerse sentir este desesperado intento de censura y se arrojan todos los días los calificativos de ultra, fascistas, radicales o fanáticos a quienes sostienen ideas disidentes del dogmas del consenso progresista. Ponga atención y advierta que cuando alguien es señalado de extremista, fanático o  de la ultraderecha, seguramente será porque sus convicciones son contrarias a la corrección política que no se espanta por la extrema violencia del aborto, la radicalidad del comunismo, la dogmática ideología de género o ultra marxista lucha de sexos del feminismo radical. Se dará cuenta que el que abusa del término ultraderecha ni siquiera distingue la díada de izquierdas y derechas y menos las diferencias entre moderados y ultras. Es posible que hasta le suceda como a Pablo Motos frente a Santiago Abascal y termine diciendo: ¡Es que pareces tan bueno!

 

Es simple, no es el extremismo lo que quiere censurarse, es la resistencia, la oposición a la corrección política imperante y la idea de que todavía existan individuos que reclamen como suya la libertad, no vaya a ser que estos hombres libres, si se organizan, les echen en cara a los colonialistas ideológicos que “el monarca va desnudo”.

 

[ D'Vox ]

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Francisco Manuel Sánchez Jáuregui es politólogo y director de análisis de Cabildex.

 

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