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La utopía feminista

 

"Hemos de preguntarnos qué es lo que piensan las generaciones; y una vez conocida la idea o la doctrina que señorea las almas, veremos con claridad meridiana que todo desequilibrio, así como la fisonomía de los pueblos, no es mas que la cristalización de un pensamiento”

 

Anacleto González Flores

 

El feminismo radical se ha propuesto la erosión de la Familia, institución que considera arcaica porque según sus ideólogas empodera a los varones adultos y les concede privilegios sobre las mujeres y los niños. Por otro lado, al matrimonio lo consideran una relación egoísta que implica a la mujer “la renuncia a la propiedad sobre sí misma” y sobre su sexualidad a cambio del patrocinio y la protección del varón, o como el feminismo radical le llama en su dialéctica de clases sexuales, la clase dominante.

 

Shulamith Firestone, una importante autora feminista de la llamada "segunda ola", al analizar lo que ella llama de exigencias feministas mínimas, reconoce que el matrimonio ofrece ventajas prácticas a las que la gente se aferra y que, por tanto, no todo lo relacionado al matrimonio es una mera construcción cultural, y aunque admite que el matrimonio saldría bien librado comparando con cualquier otra alternativa que se hubiera experimentado, al ser “montado en torno a un estado biológico fundamentalmente opresivo” debe ser suplantado por alternativas feministas.

 

Estas alternativas han ido permeando sutilmente en nuestra cultura y nos sorprendería darnos cuenta la forma determinante en que impactan en nuestro estilo de vida. La autora de La Dialéctica del Sexo propone el estímulo de estilos de vida que no impliquen la fertilidad, permitiendo a la mujer eludir la "tiranía reproductiva" y el matrimonio, al mismo tiempo que le garantice acceder a empleos más prestigiosos que tengan como resultado su independencia respecto del patrocinio y protección del varón.

 

Como alternativa al matrimonio, según esta ideóloga, se promueve la cohabitación en la que dos o más personas constituyen un acto no legal de camaradería sexual cuya duración varía en función de la dinámica interna de la relación, que podría pasar de ser monógama a polígama. ¿Acaso no se ha tornado esto algo ahora común?

 

El feminismo radical se ha propuesto despojar a los adultos de las responsabilidades prácticas de la paternidad actual por considerarlas un angustioso tormento. El camino que ha previsto es el remplazo de la reproducción natural por medios de reproducción artificial que tendrían por único objeto la creación de una nueva generación. Esta nueva generación será educada ya no en una familia, porque el feminismo insiste que es en la familia donde se gestan las relaciones de poder que favorecen al patriarcado, sino en lo que llaman 'grupos de convivencia', o sea agregados de personas en donde adultos y niños se relacionan afectivamente de forma ilimitada (incluso genitalmente).

 

Estos grupos de convivencia quedarían instituidos - según Firestone - por una especie de ceremonia ritual y formalizados a través de un contrato legal de carácter temporal. En el futuro, el feminismo pretende eliminar los lazos entre los adultos y sus hijos genéticos para evitar la dependencia física de los niños respecto de sus padres y convertirlos en una suerte de hijos de la comunidad.

 

Un punto importante en su programa es el esfuerzo por eliminar la reproducción natural para destruir cualquier sentimiento de posesión de la madre sobre los hijos, que ha sido afianzado por la "construcción cultural" que permite la opresión de la mujer. El feminismo sentencia pues que la mujer no tiene ninguna obligación reproductiva para con nuestra especie, por tanto es necesario acelerar el perfeccionamiento de los métodos de reproducción humana artificial.

 

El siguiente paso, ante la disolución de los vínculos consanguíneos entre padres e hijos, sería la instalación de reglas democráticas familiares por las que los niños no quedarían sometidos a unos padres y en las que gozarían de innumerables derechos que le garantizaran acudir a los tribunales para hacerlos valer, sobre todo si sus derechos se vieran afectados por las imposiciones autoritarias de sus padres.

 

Además, las tareas domésticas serán remplazadas por una especie de automatización tecnológica. Respecto de la economía, la utopía feminista de Firestone dice que se vería transformada por un socialismo que actúa dentro de un Estado cibernético que distribuiría equitativamente ingresos anuales a hombres, mujeres y niños de forma garantizada independientemente de su edad, méritos o productividad.

 

Y finalmente, la escuela. Esta institución ya no tendría razón de ser porque sería sustituida por centros de aprendizaje que remplazarán los sistemas tradicionales a través de medios modernos (computadoras) que garanticen una rápida transmisión de la información, ya no será necesario trasmitir conocimientos porque nuevos métodos permitirán el almacenaje de enormes cantidades de conocimientos con lo cual será posible abolir la escolaridad obligatoria, sería la escuela otra institución que contribuye a perpetuar la superestructura de dominación patriarcal. Las profesiones especializadas habrán de desaparecer para dar paso al desarrollo de aficiones y al desarrollo de comunidades que comparten los mismo intereses, eliminando así el arcaico concepto del trabajo a través del cual se oprime a la mujer y los niños.

 

Dependiendo de dónde vivamos, podremos constatar que - em mayor o menor medida - la utopía feminista se cristaliza frente a nuestros ojos.

 

[ D'Vox ]

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Francisco Manuel Sánchez Jáuregui es politólogo y director de análisis de Cabildex.

 

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