Ahora, a la normalidad


Mochila Política 69 | Pasada la novedad -marcada por los primeros 100 días-, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador asoma los primeros deslindes, enfrentamientos y presiones de las corrientes aglutinadas alrededor de su movimiento.

Frente a las circunstancias, el nuevo gobierno también ha comenzado a dar señales de un manejo diferenciado de algunos temas.

Y para mantener sus calificaciones de popularidad, el Presidente ha insistido en mantener un lenguaje de confrontación bajo su pretendida superioridad moral.

En el tiempo, se encamina a la ruta de normalidad de cualquier gobierno en la cual podrán despejarse algunas de las dudas sobre los caminos que transitará.

Enfrentamientos

Morena es un movimiento alrededor del cual se han aglutinado grupos escindidos del viejo sistema priísta; resentidos de la izquierda, poderes fácticos y cuyos intereses comienzan a mostrarse de manera más cruda conforme se estabiliza el gobierno.

Dos casos pueden marcar la pauta: la disputa por la elección del candidato al gobierno de Puebla y las presiones por legalizar el aborto.

Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de Morena, se alió con el priismo poblano para imponer de gobernador interino a un reconocido masón y priista. Además, la estructura del partido refrendó su apoyo a Miguel Barbosa para que repita como candidato. Y lo logró.

Ricardo Monreal, coordinador de los senadores, impulsó a su amigo el senador Alejandro Armenta a disputar la candidatura de manera abierta, al grado de impugnar ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) el sesgo de la encuesta con la que se decidió designar a Barbosa.

Monreal tiene los mismos orígenes que López Obrador: la corriente del nacionalismo revolucionario dentro del PRI. Se mantuvo en ese partido hasta que Arturo Romo Gutiérrez, jefe de los llamados asesores lombardistas de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en los ochenta, no lo hizo candidato a la gubernatura de Zacatecas. Monreal se fue al Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo dirigente nacional era López Obrador, y desde ahí ganó la gubernatura.

Su trabajo discreto, sus buenas relaciones con actores de todos los partidos convirtieron a Monreal en un político eficaz, discreto y cercano a López Obrador.

Hacer del grupo de senadores un semillero de candidatos de Morena a las gubernaturas para los próximos años podría ser interpretado como una vía de Monreal para disputar la sucesión de López Obrador.

De ser así, habrá una tensión constante con la dirigencia de Morena y será una presión al manejo político del Presidente.

Presiones

Otro frente al interior de Morena y del gobierno es la coalición de los promotores de la legalización del aborto, la eutanasia y las drogas.

Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación y Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados han sido los principales promotores de los grupos interesados en legislar esos temas.

Bajo un contexto de polarización en el arranque del nuevo gobierno y la presión nacional e internacional de organizaciones ciudadanas, las iniciativas para legalizar el aborto han sido puestas en pausa por el coordinador de la bancada morenista, Mario Delgado.

En principio, esos temas quedaron fuera de este periodo ordinario de sesiones y propuso se revisen hasta septiembre.

Habrá que esperar si las condiciones del gobierno para entonces permiten incluir como prioritarias esas iniciativas.

En tanto, la corriente de Morena y sus aliados en el PRD, Movimiento Ciudadano (MC), Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES) buscan ahora modificar las leyes en los congresos estatales para legalizar el aborto antes de las 12 semanas.

Sabedor de lo presionante del tema, el Presidente expresó ser dueño de su silencio cuando los periodistas le pidieron su postura al respecto; Monreal Ávila dijo que se reservaba su postura personal.

Aquí permanecerá otro punto de tensión al interior del Gobierno y de Morena, principalmente por ser la secretaria de Gobernación la principal promotora y operadora de esos temas, como ocurrió en Nuevo León hace unos días. Algunos diputados sostienen que la misma Sánchez Cordero les llamó por teléfono para pedirles su voto a favor del aborto.

Muñoz Ledo ha hecho un planteamiento más preciso: Morena deberá refrendar su mayoría legislativa federal en 2021 para realizar esos cambios legislativos.

Es decir, esos grupos trabajarán todo el sexenio para presionar por la legalización del aborto, la eutanasia y las drogas.

Rompimientos

Otra presión para el nuevo Gobierno será de la aprobación e implementación de la reforma educativa.

Durante su campaña, López Obrador prometió a la disidencia magisterial, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que derogaría completa la reforma educativa implementada en el gobierno anterior.

No quedará ni una coma, prometió Mario Delgado en septiembre pasado.

A la iniciativa original enviada por el Ejecutivo, las bancadas en la Cámara de Diputados le han hecho modificaciones numerosas y ahora que puede empezar el proceso de aprobación, la CNTE ha endurecido su posición para mantener control de plazas y privilegios económicos.

Primero bloquearon en Michoacán las vías del ferrocarril durante casi un mes y afectaron con ello la economía regional y nacional.

Ahora se han dedicado a secuestrar la sede del Congreso de la Unión para impedir las sesiones hasta en tanto no sean satisfechas sus demandas.

La disidencia tiene otra carta por jugar, pues aseguran que cuentan con 40 legisladores que votarían en el sentido que ellos se los pidan. Realmente son cuatro militantes del magisterio los legisladores, pero aseguran tener 36 aliados.

Este es un tema crucial para la gobernabilidad de los próximos años.

Toques de realidad

Frente a asuntos sensibles el Presidente ha asumido un manejo distinto al que tiene acostumbrado con su manejo mediático.

El ejemplo más claro es la reunión privada, “en lo oscurito”, que tuvo con Jared Kushner, yerno de Donald Trump en la casa de Bernardo Gómez, copresidente de Televisa y con la asistencia del Canciller Marcelo Ebrard.

A la visita se le quitó la categoría de oficial, aunque desconociendo los temas ahí tratados, es posible que tengan una repercusión fundamental en la vida política del país, hayan sido económicos (inversiones); geopolíticos (migración, Venezuela) o relacionados con la firma del T-MEC.

El mensaje parece claro: la relación con Estados Unidos merece trato aparte.

Otra señal de manejo distinto empieza a ser el tema económico.

Frente a la desaceleración económica, el Gobierno, vía Alfonso Romo, ha admitido ya la necesidad de mayor austeridad en el sector oficial y ha anunciado despido de trabajadores del sector público como parte de las medidas contempladas.

Mandó un mensaje directo a las calificadoras al hablar de la estrategia para resolver el problema financiero de Pemex:

“Se está estudiando (la estrategia), y va emparejada con qué hacemos en el corto plazo porque es un problema financiero de corto plazo, para que la percepción de las calificadoras cambie, pero lo que realmente se está trabajando es la parte estructural, limpiar a Pemex de corrupción y realmente enfocarlo a producir petróleo”, dijo.

La apuesta es generar credibilidad con un mensajero serio y experimentado.

El manejo de expectativas, como si aún estuviera en campaña, va a comenzar a toparse con la realidad y entonces se podrán vislumbrar las prioridades y alcances del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

[ D'Vox ]

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Héctor Moreno Valencia es periodista y consultor. Trabajó en la agencia Notimex y en el Grupo Reforma donde de fundó el diario Mural. Es autor coautor de Sangre de Mayo - El homicidio del Cardenal Posadas y editor del servicio de análisis Mochila Política *.

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