El 8M y las guatemaltecas que viven en el campo


Este 8 de Marzo, Dia Internacional de la Mujer, D'Vox da voz a ocho mujeres latinoamericanas para que expresen lo que piensan y viven. No forman parte de esa minoría feminista que secuestró el 8M. Son simplemente mujeres de a pie que cuidan sus familias y participan de la vida cívica de sus países. Esta es la economista Elizabeth Quiroa, de Guatemala, con 'El 8M y las guatemaltecas que viven en el campo'. Buena lectura.

Guatemala | Este 8 de marzo movilizaciones feministas se realizaron por todo el continente lanzando sus ya conocidos eslóganes. ONU Mujeres dice apostar en garantizar el acceso femenino a los sistemas de protección social, los servicios públicos y la infraestructura sostenible, pero en la practica sus esfuerzos están más orientados a impulsar una agresiva agenda ideológica de género.

A pesar de esa visibilidad "feminista", para la mayor parte de las mujeres guatemaltecas, este día - el 8M - pasa desapercibido, porque ellas cada día de su vida, tienen responsabilidades que atender para poder llevar la comida a la mesa de sus hijos.

Tienen que caminar largas horas para poder acarrear agua y así poder preparar alimentos, limpiar sus viviendas, para el aseo personal o el lavado de ropa. O bien ir a la montaña a buscar leña que se convertirá en la energía que cocinará los alimentos. Dará luz y calor en el hogar, durante las madrugadas o en las noches.

Estas mujeres, son madres, esposas, hijas, hermanas, abuelas, que se sienten felices y agradecidas con El Creador, por tener una familia a la cual, a pesar de sus precariedades atienden, apoyan, enseñan, transmiten su cultura, comparten historias, generan lazos de amor, respeto, comunicación y solidaridad, de unidad, que no siempre se ve en los hogares de las grandes líderes del feminismo radical. Esas que defienden el aborto como un derecho de la mujer.

Las mujeres a las que me refiero, se sienten felices de ser mujeres, de madres, y aunque el trabajo sea intenso, implicando largas jornadas. No se sienten avergonzadas por ello. A pesar de las molestias que pudieran haber sentido en sus embarazos o de la precariedad en la que viven, o de falta de conforto o bienes materiales, raramente piensan en abortar.

Ellas no reivindican la autonomía de su cuerpo, tal como la entienden las feministas. Ellas no dicen este cuerpo es mío, por lo tanto, si llevo en el un nuevo ser, yo puedo tomar la decisión de deshacerme de el. No lo hacen porque no quieren cometer un asesinato. Para ellas la vida es sagrada, se respeta, se valora y se protege.

Éstas mujeres no han sido 'infectadas' por la burguesa ideología de género. Estas mujeres merecen nuestro respeto y consideración, porque ellas día a día, con su esfuerzo, construyen la Pátria, la humanizan, la hacen verdaderamente incluyente y generosa.

A ellas son las que deberíamos celebrar el 8M.

Merecen ser felicitadas siempre, porque han transformado sus vida agreste en espacios cálidos, humanos, respetuosos, porque han transmitido como tesoros principios y valores que ellas mismas recibieron de sus madres. Aman la vida, aman la familia, aman a su entorno, aman la naturaleza. Lloran, ríen, sufren, disfrutan, dan amor y cariño de manera espontánea. Se sienten seguras de quienes son y de lo que tienen en la vida. Así son estas guatemaltecas.

Ellas son retratadas en este poema de Humberto Ak-Abal:

“Como la luna

detrás de los eucaliptos,

galana y hermosa,

así era ella;

humilde, sencilla, callada,

descalza como mi tristeza.

Sus ojos, maíz negro.

La trajo la mañana

se la llevó la tarde.

El cielo también

se enamoró de ella.”

Ellas están ajenas a todo lo que se gesta en diferentes organismos internacionales que dicen que es necesario empoderar a las mujeres rurales, que en nuestra región alcanzan a 58 millones, y que en vez de acciones concretas para sacarlas de la pobreza, les quieren imponer una visión de mundo.

En las reuniones de esos organismos se afirma que el trabajo de las mujeres y niñas rurales contribuye a la producción agrícola, a la seguridad alimentaria y al desarrollo rural y sostenible, por lo que deben de ocupar un lugar central en las políticas públicas. Pero el dinero - con frecuencia - irriga otras tierras.

Irriga las ciudades, grandes o pequeñas, donde se da "información" a niñas y adolescentes "instruyéndolas" de que "su cuerpo es de ellas" y que tienen derecho a hacer con él lo que quieran. Que pueden disfrutar de su sexualidad sin ninguna clase de tabú.

A ellas se les dice que el 8M no se celebra a aquellas que se abrieron a la vida, ni alas que son dueñas de sus corazones, que no se regalan rosas, ni se escriben poemas.

Nadie se opone a que las mujeres conozcan sobre sus derechos, a que vivan una vida libre de violencia, a que construyan un mundo más humano, justo y equitativo. Al contrario.

Pero lamentablemente, en la práctica, se les enseña a estas niñas y jóvenes a reproducir la violencia, entonces el circulo de la violencia no se rompe, sea porque se naturaliza un crimen, como el aborto, dandole estatus de 'derecho' femenino, o porque se les enseña a odiar a los hombres.

Ya es tiempo de que en el 8M ajustemos el foco y celebremos a esas mujeres con ojos "de maíz negro" que nos enseñan a vivir.

[ D'Vox ]

Elizabeth Quiroa es guatemalteca, economista, magister en ciencias políticas con especialización en desarrollo económico y social. Ha sido funcionaria pública y actualmente es consultora independiente.

La imagen que abre el texto es 'Rosa con Jarrito', una magnífica ilustración del mexicano Francisco Zuñiga, de 1980.

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