¿Puede el Poder Judicial mandar sobre el Congreso?


El decano del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil, Celso de Mello, habló, habló, habló. Dijo que no se nace mujer, si que se "torna mujer". Con esa monumental tontería confirmó su adhesión a la ideología de género y escupió fuego en quién piensa diferente. Cuando muchos, ya caída la noche de ese 15 de febrero, creyeron que concluiría con su voto sobre la equiparación de la 'homofobia' al delito de racismo, el ministro anunció que no había leído ni la mitad de su voto y advirtió a la Corte: les reservó otro tanto para la próxima sesión, que acontece hoy.

En su disertación, Celso de Mello rechazó que el STF pudiera legislar sobre la materia; pero, a la vez, comenzó a abrirle la puerta a una probable determinación del Supremo para exigir al Congresso que delibere sobre el asunto, o sea, que torne la 'homofobia' un crimen grave "por la buena o por la mala". Esto es lo que se desprende de lo que dijo cuando criticó, reiteradas veces, la "inercia abusiva e inconstitucional" – nótese el adjetivo usado – de los congresistas al no decidir sobre los proyectos que criminalizan la homofobia. Por ese mismo camino nos lleva el reiterado uso, en su voto, de la expresión “mora deliberandi”... Y si el STF determina que se legisle en un sentido y el Congreso no le obedece o rechaza tales proyectos ¿qué acontecerá? ¡Nada! Y si se le obliga habrá una evidente e inmensa usurpación de competencias.

En cuanto escuchaba al ministro atacar la lentitud del Parlamento en relación a los proyectos en cuestión - en una tentativa de forzar a los que están al otro lado de la calle a atenderlo a fuerza de su 'latigazos' verbales - vino a mi mente la imagen de los estantes del STF. Los imaginé vacíos. Anteví limpias, relucientes y desocupadas las mesas de trabajo ministeriales. Cajones vacíos guardando solo clips, etiquetas y sellos a la espera de que algún expediente que aparezca exigiendo atención. En fin, el sabio ministro no iría a lanzar piedras en el tejado del vecino si su propio techo fuera de vidrio. Claro que no, en el STF todo se cumple en tiempo y hora.

Me acordé, entonces, de un archivo guardado hace un buen tiempo en mi computadora. Lo busqué y lo encontré. Allí estaba el titular de un texto publicado en el Estadão el día 2 de octubre de 2017: “Una quinta parte de los procesos del STF caducaron en 2017”. Reconozco que la noticia, de hace 16 meses, no es un primor de novedad, pero dice mucho en relación a un problema que es conocido de todos. La expectativa de prescripción hace de la Corte un apacible estuario al que recurren incesantemente abogados criminalistas.

No voy a repetir lo que escribí en mi artículo 'Pelo fim da PEC da Bengala' sobre el hecho de que, en el Legislativo, no deliberar es ya una deliberación. Y de que millares de proyectos no son votados, todos los años, porque no tienen mayoría para aprobación. En otras palabras, son sepultados por el desinterés general.

En el caso específico de los proyectos que criminalizan la homofobia, algunos aspectos llaman la atención y, muy probablemente, justifican a la falta interés para votarlos. Los atroces delitos que a veces se cometen contra personas 'LGBT' ya son, y con razón, crímenes graves en las leyes penales de nuestro país. Vale la pena recordar, además, que el agravamiento de penas, cuando es exigido por la 'derecha' es rechazado habitualmente por la 'izquierda', que se dice defensora de los derechos humanos, y alegan su inutilidad... Los delitos de menor potencial ofensivo, agresiones físicas y morales también ya son sancionados en nuestro orden jurídico.

Así, pese a la elocuente, incisiva y, en momentos, minuciosa descripción de crímenes contra tales personas que el ministro Celso de Mello profirió, no son esos delitos los que están en el foco de interés de Su Excelencia. Es, en el detalle, que está el problema, y es por ese detalle que la ideología de género llegará a los salones de clases.

[ D'Vox ]

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Percival Puggina é membro da Academia Rio-Grandense de Letras, arquiteto, empresário, político e escritor, integrante do grupo Pensar+. Tem um blog pessoal: Puggina.org.

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