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La agenda conservadora y el éxito de las reformas económicas del Gobierno Bolsonaro

 

El Gobierno Bolsonaro, que completó ya un mes, inició en un momento en el que Brasil aún se ve desafiado por el difícil processo de recuperación de la más grave crisis de su historia: una crisis económica, política y moral que tuvo origen en la devastación de la cultura brasileña.

 

Para vencer ese desafío, restaurar el país y proponer un nuevo camino de grandeza y prosperidad para nuestra nación, el presidente adoptó como estrategia escuchar el clamor de los brasileños y hacer lo que está a su alcance para realizar los cambios que demandan y esperan.

 

Esos cambios pasan por el combate efectivo a la criminalidad, que afecta seriamente el patrimonio y la vida de los brasileños, destruye familias y lleva a miles de profesionales y estudiantes cualificados a dejar el país.

 

Pasan por el combate efectivo a la corrupción, que mina la credibilidad de las instituciones, impide la efectiva prestación de servicios coletivos, necesarios para un mínimo de estabilidad y previsibilidade, eliminando cualquier posibilidad de orden.

 

Pasan por la reedificación de los pilares fundamentales del Estado de derecho - la democracia representativa, el imperio de la ley, la libertad, la propiedad y el respeto a los contratos - sin los cuales el país continuará a debatirse en medio del desorden.

 

Pasan también por la reducción del Estado, por la responsabilidad com las cuentas públicas, por la disminución de la carga tributaria, por la reducción significativa de la burocracia y por la simplificación de las normas, facilitando la vida de quien desea emprender y producir.

 

Pasan por la estabilidad macroeconómica, con equilibrio de las cuentas públicas, inflación baja, intereses de mercado; fluctuación cambial, y reforma tributaria, con el objetivo de simplificar el sistema y reducir la carga fiscal, de modo progresivo y sustentable.

 

Pasan por el estímulo de la competencia plena, con la eliminación de cárteles y monopolios; privatización de empresas públicas, apertura de los sectores financiero y de las comunicaciones; eliminación de regulaciones, extinción de las limitaciones a la libre iniciativa y diminución de la burocracia, en general.

 

Pasan también por una revolución educacional y de innovación, a partir de la reforma de la educación básica y de la enseñanza técnica, preparando a las próximas generaciones de brasileños para la vida intelectual y para la vida en sociedade, que incluye el mercado de trabajo.

 

Pasan, en fin, por la implementación de una política externa auténticamente brasileña, caracterizada por la representación efectiva de nuestra identidad y por la defensa real del interés nacional, por medio de la abertura económica y de incidencia propositiva en los foros internacionales.

 

Ninguno de esos objetivos sería posible sin el sentimento de patriotismo que el Gobierno Bolsonaro ha retomando. Ese sentimento es un factor enorme de restauración del orden y de dinamismo económico: las personas trabajan en torno de projetos y no solo para sobrevivir.

 

Por eso, al contrario de lo que los grandes medios de comunicación han dicho, esta agenda, que incluye el combate a la corrupción, la defensa de la democracia y la liberalización económica, solo prosperará remando contra la corriente, impuesta por la vieja política y todas las inercias y resistencias del sistema, gracias a ese sentimiento popular.

 

La verdad, dicha de modo claro y simple, es que la restauración de Brasil, luego de su crisis más profunda, y la refundación de su economía en bases liberales solo será posible porque hay una movilización popular sin precedentes en torno de la agenda conservadora del Presidente.

 

La agenda conservadora del Gobierno Bolsonaro no es algo que obstruya la agenda económica, sino algo absolutamente esencial, pues es ésta la que motiva la participación ciudadana capaz de quebrar la lógica político-económica patrimonialista que prevaleció en Brasil desde su fundación.

 

Así, al reflexionar sobre el primer mes del gobierno, debemos tener en mente que la agenda de las ideas y de los valores que eligió a Bolsonaro es aún más relevante ahora, pues sin ella ninguna de las conquistas del  primer mes habría sido posible y ninguno de los objetivos del mandato podrá ser alcanzado.

 

Todo el esfuerzo de los grandes medios de comunicación y del establishment para vender la idea falsa de que hay algún tipo de antagonismo entre lo que llaman de "ala ideológica" del gobierno y la agenda económica no pasa de una maniobra para atacar el elemento que efectivamente torna esa agenda posible.

 

Sin una amplia defensa de los valores brasileños, y sin una participación consciente en la guerra cultural, ningún avance real en dirección a la liberalización de la economía y a la restauración del imperio de las leyes será posible.

 

[ D'Vox ]

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Filipe G. Martins‏ es asesor especial de la Presidencia de la República de Brasil para asuntos internacionales.

 

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