Chavismo y Lulismo: dos tragedias

09.02.2019

 

Hubo un tiempo - y casi nada resiste al tiempo - en que Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula da Silva eran vistos como los primeros santos del socialismo. Nada corroía la imagen que, a través de un espejo defectuoso, les facultaba para estar en los altares de la veneración mundial. ¡La Madre Teresa de Calcuta, pobrecita, hacía tan poca cosa para tan pocos! En cuanto la vida les sonreía, recorrían el mundo, lideraban el movimiento socialista en Iberoamérica, financiaban elecciones y gobiernos de izquierda.

 

No faltaba, ni siquiera en las iglesias cristianas, por ejemplo, quién entonara himnos, hiciera genuflexión y concediera indulgencia plenaria a la vida nada discreta del 'santo' de Garanhuns. En Venezuela, esa devoción originó un Padre Nuestro en versión chavista: "Chávez nuestro que estás en el cielo". Pergunto ¿qué hicieron ambos, cada uno en su terreno para alcanzar ese reconocimiento?  ¿qué se les debe en relación al crecimiento económico de sus pueblos, la elevación de los niveles de empleo y del índice de Desarrollo Humano? Para generar desarrollo, prácticamente nada; para propiciar los desastres subsiguientes, todo lo que estaba a su alcance.

 

La economía venezolana era, y continúa siendo, totalmente dependiente del petróleo. El país tiene la mayor reserva mundial de esa commodity estratégica, que corresponde al 90% de sus exportaciones. Cuando Hugo Chávez asumió el poder, en febrero de 1999, el barril de petróleo costaba US$ 10; cuando disputó la reelección en 2006, el precio se elevó 600% y el barril se adquiría a US$ 61. Cuando murió, en marzo de 2013, Maduro manejaba la economía con el barril a US$ 102. Con los ingresos de las exportaciones multiplicados por 10 el chavismo ganó prestigio y tuvo vastos recursos para implantar el socialismo que iría, en delante, a entregar sus más conocidos productos: fracaso en la producción de riqueza, amplia miséria, supresión de libertades. En vez de usar la riqueza -  que circunstancialmente le cayó de los cielos - para promover nuevos ejes de desarrollo, el chavismo promovió lo opuesto y hoy necesita de 2 mil generales 'compañeros' para mantenerse en el poder. Es una descarada dictadura militar.

 

El surgimento del lulismo guarda una clara simetría con el caso venezolano. Aunque la economía brasileña sea más compleja, el periodo correspondiente al gobierno Lula envuelve la conjunción de dos fenómenos en los que el pernambucano no tuvo ninguna injerencia: las importaciones chinas y los precios internacionales del petróleo.

 

En 2003, cuando Lula asumió el poder, China importaba US$ 295 billones en el mercado mundial. La economía del país crecía a un ritmo alucinante, siempre arriba de dos dígitos y centenas de millones de nuevos consumidores ejercían una fuerte presión, por la demanda, en los precios mundiais de las principales commodities. La producción brasileña era bola de ese juego: hierro para la industria china y cereales para producción de proteína animal. En la elección de 2006, las compras chinas habían llegado a US$ 631 billones y Lula asumía pose de sabio, de mago, de santo. Nunca hubo tanta disponibilidad de dinero que no llamaba la atención. En 2010, cuando Dilma disputó su primera elección, el gigante oriental ya estaba consumiendo US$ 1,307 trillón y Brasil le vendía de todo, y a precios en laza. La tonelada de hierro, por ejemplo, en 2003, primero año del gobierno Lula, era vendida a US$ 32; en 2006 a US$72; en 2010 a US$ 148. Desde entonces viene cayendo y cerró el año pasado a US$ 69. Aconteció lo mismo con todas nuestras commodities. Los precios, al menos, se doblaron durante ese periodo y vienen cayendo desde entonces.

 

El petróleo brasileño, durante los gobiernos petistas, experimentó el mismo periodo áureo que benefició al chavismo. En 2003, el barril valía US$ 31, subió para US$ 58 en 2006, y para US$ 82 en 2010 - año de la elección de Dilma - y alcanzó US$ 108 en 2014. Esos precios tornaron viable la explotación del presal, pero no se mantuvieron y cerraron 2018 a US$ 54.

 

Cuento toda esta historia para destapar el grave pecado de esos dos iconos de la hecatombe regional. Se entregaron la embriaguez del momento. Usaron para el mal la buena suerte que tuvieron. Elevaron el gasto público suponiendo que los niveles de ingresos se mantendrían elevados para siempre. A pesar de los recursos disponibles, no crearon las condiciones adecuadas para sostener el desarrollo por outros medios diferentes a la  venta de commodities. Abrieron las compuertas de la corrupción a gran escala. Liberaron la criminalidad. Se satisficieron colocando a un segmento expresivo de la población en  situación de aparente dependencia directa, los beneficios subsidiarios que brindaban eran presentados como dádivas. El resto es historia ya conocida.

 

Pienso que faltaba contar esta. Una represa reventándose es, tal vez, la mejor representación visual de su obra.

 

[ D'Vox ]

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Percival Puggina es miembro de la Académia Rio-Grandense de Letras, arquitecto, empresario, político y escritor, integrante del grupo Pensar+. Tiene un blog personal: Puggina.org.

 

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