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¿A qué juega el régimen?

 

Fabiana Rosales, esposa del diputado Juan Guaidó denunció que el pasado domingo 13 de enero un comando del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) detuvo y secuestró al presidente de la Asamblea Nacional mientras se dirigía a participar en un Cabildo abierto en el estado Vargas.

 

Rosales fue testigo, junto con su hija, de este atropello a Guaidó, quien el 11 de enero, en un acto público en el que estuve presente, asumió las funciones de la Presidencia de la República, organizando “una ruta” con la que se espera devolver la democracia a Venezuela.

 

Familiares y amigos manifestaron desconocer el paradero del parlamentario que se prolongó durante varios minutos, siendo liberado más tarde. Entretanto en las Redes Sociales el descontento era cada vez más notorio, incluso, en varias zonas de Caracas comenzaron a sonar cacerolas en repudio al hecho.

 

A nivel internacional, la condena fue inmediata. La Organización de los Estados Americanos (OEA), el Parlamento Europeo, el Grupo de Lima, veinte expresidentes latinoamericanos y los gobiernos de decenas de países, desde Estados Unidos a Brasil repudiaron los hechos; incluso, un aliado de Maduro, Tabaré Vázquez, mandatario de Uruguay.

 

Aunque el ministro de Comunicación del régimen, Jorge Rodríguez, se pronunció indicando que los funcionarios actuaron por su cuenta y que serán destituidos, su versión no es convincente.

 

Guaidó, efectivamente, se presentó con retraso en el Cabildo Abierto al que se dirigía en Vargas, narró su experiencia y mostró los signos del forcejeo que mantuvo con los funcionarios de la dictadura. Dijo: ""Trataron de ponerme las esposas, no lo permití porque soy el presidente legítimo de la Asamblea Nacional".

 

Y mandó un mensaje para el dictador: "el juego cambió, el pueblo está en la calle, aquí están los símbolos de la presión, de la resistencia, de la fuerza. Si querían enviar un mensaje para que nos escondiéramos, aquí está la respuesta del pueblo. Aquí estamos".

 

Y tiene razón. Parece que el juego cambió. Para la inmensa mayoría de los venezolanos la puesta en libertad de Guaidó no exonera al régimen comunista de su responsabilidad en este atropello.

 

Deben rendir cuentas claras por el delito cometido los funcionarios que actuaron como quienes dieron la orden. ¿Fue  Maduro? ¿Por qué lo liberaron rápidamente?

 

La información con la que se cuenta para responder esa pregunta es limitada y contradictoria.

 

Para algunos, hubo una contraorden. El secuestro y pronta liberación respondería a un juego de poderes entre el narcotraficante Diosdado Cabello, presidente de la ilegítima Asamblea Constituyente, y el propio Maduro Moros. Cabello habría ordenado la detención y el dictador la habría parado.

 

Para otros, algunos miembros del Alto Mando militar habrían discordado de la orden, por el impacto internacional que tendría, y al enterarse habrían mandado parar esa locura.

 

No se puede descartar tampoco que fuera un montaje de la dictadura para dividir a la oposición, que ahora necesita estar más unida que nunca.

 

La pregunta que queda es... ¿a qué juega el régimen comunista de Maduro?

 

[ D'Vox ]

 

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Ramón Antonio Pérez es periodista venezolano, vive en Caracas.  

 

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