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El presidente AMLO y la restauración del viejo sistema

02.12.2018

 

Mochila Política 61 | Como Presidente, Andrés Manuel López Obrador dejó hoy, día de su toma de posesión, dos cosas en claro: su carácter liberal y su empeño por la restauración del viejo sistema populista.

 

Hace unos días, en un hecho inédito, López Obrador, en calidad de Presidente electo, tuvo una reunión a campo abierto con decenas de miembros de las Fuerzas Armadas para pedirles su apoyo en el combate a la delincuencia organizada.

 

El hecho tiene varios significados: el primero, que nunca en la historia moderna del país se había dado una reunión de esta naturaleza, segundo, porque López Obrador había sido un crítico permanente de las Fuerzas Armadas calificándolas incluso de asesinas y en esta ocasión hasta les lanzó vivas.

 

El tercer significado esta en lo que aseguró en su discurso:  “el país se encuentra en estas condiciones de grave crisis de violencia, como nunca se había padecido, y que se originó hace 36 años por la aplicación una política económica que hizo un lado al pueblo de México; que fue antipopular, entreguista y ni siquiera dio resultados”.

 

Es fecha es 1982, al término del gobierno de José López Portillo, el autollamado “último Presidente de la Revolución”.

 

Esa idea, también, fue el eje de su discurso de toma de protesta.

 

Mientras que hizo un reconocimiento al periodo del “desarrollo estabilizador”; al periodo 1970-1982  le elogió que generó en el país un crecimiento del 6 por ciento, aunque con “graves desequilibrios”. Pero no detallo cuales, fue lo único que dijo.

 

En realidad Luis Echeverría y José López Portillo metieron al país en una grave crisis económica por sus medidas populistas. Incluso, con Echeverría se dio una violencia política en contra de opositores al sistema (Mochila Política 60. AMLO, el discurso del odio; la evocación de Echeverría, 13 de noviembre de 2018).

 

El Presidente López Obrador quiere regresar a México a esa época. Su mensaje de hoy es claro: son 36 años perdidos y hay que rescatarlo.

 

Al igual que en campaña y como Presidente electo, reiteró su postura clasista: “Ya el gobierno no va a ser un comité al servicio de una minoría rapaz”. Así ha llamado a los grandes empresarios del país, a los del Consejo Mexicano de Negocios, quienes, a cambio, le hicieron un video de apoyo difundido ampliamente en redes.

 

Y a pesar de que aseguró que en estos 36 años el país ha sufrido “la más inmunda corrupción pública y privada”, hizo explícito su pacto de impunidad: no perseguirá a los corruptos del pasado. Meteríamos al país en una fractura, en un conflicto y confrontación, justificó.

 

Fue claro: impunidad a cambio de estabilidad.

 

Sus dichos acreditan el arreglo entre los grupos del viejo sistema político priísta. Eso explicaría en gran medida algunos hechos previos a su toma de posesión.

 

El gobierno de Enrique Peña Nieto es percibido como el gobierno más corrupto e incapaz de México, pero aún así, el nuevo mandatario ha dicho que no lo investigará.

 

Además de una cortesía inusitada con el ahora expresidente (explicada solo por los acuerdos de impunidad), hay algunos casos judiciales sobre corrupción político-económica que han cambiado de rumbo. Elba Esther Gordillo, ex lideresa magisterial procesada por delincuencia organizada y fraude ya fue exonerada, y avanza para regresar a controlar al magisterio.

 

Alejandro Gutiérrez, operador del PRI para desviar recursos públicos para las campañas electorales hace dos años, también ya salió de la cárcel.

 

Si en el viejo sistema, el Presidente gozaba de poderes metaconstitucionales, algunos de los cuales ya fueron acotados legalmente, ahora López Obrador ha encontrado una manera de reconcentrar todo el poder político y económico.

 

Dotó a la secretaría de Hacienda de un poder para concentrar todas las compras de todo el gobierno federal; designó delegados políticos en cada entidad, a través de los cuales se decidirá cómo se aplica el gasto federal (en México, los recursos federales representan el 90 por ciento de los ingresos en cada estado) y además esos delegados encabezarán la lucha contra el crimen organizado.

 

López Obrador, cambió la estrategia en contra del crimen, y militarizó la estructura gubernamental en materia de seguridad, lo cual le costó el rompimiento con las organizaciones sociales que durante los últimos 12 años han exigido regresar al Ejército y a la Marina a los cuarteles por los abusos e impunidad en sus acciones.

 

De izquierda no, liberal sí

 

Aunque exista una lógica mediática y en redes digitales de presumir al de López Obrador como un gobierno de “izquierda”, su discurso de hoy lo reitera como un liberal revolucionario, decimonónico, admirador de Benito Juárez.

 

A la política económica de los últimos 36 años la llamó “neoliberal” o “neoporfirista”.

 

“En estas últimas tres décadas las máximas autoridades se han dedicado, como en el Porfiriato, a concesionar el territorio y a transferir empresas y bienes públicos, e incluso funciones del Estado a particulares nacionales y extranjeros”, acusó.

 

En sus promesas reiteró su origen: “Habrá un auténtico Estado de derecho, tal como lo resume la frase de nuestros liberales del siglo XIX, al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie”.

 

“Juárez decía que los funcionarios debían aprender a vivir en la justa medianía, y nosotros sostenemos que no puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”, insistió en otro momento.

 

Para las relaciones internacionales mantuvo su misma línea de pensamiento:

 

“México no dejará de pensar en Simón Bolívar y en José Martí, quienes junto con Benito Juárez siguen guiando con sus ejemplos de patriotismo el camino a seguir de pueblos y de dirigentes políticos”.

 

Tuvo el detalle de mencionar expresamente quiénes son sus amigos: Lenín Moreno Garcés, presidente de la República de Ecuador; Evo Morales, presidente del estado plurinacional de Bolivia; a Miguel Ángel Revilla, presidente del gobierno de Cantabria, lo calificó incluso de entrañable, y Jeremy Corbyn, miembro del Parlamento del Reino Unido, dirigente del Partido Laborista.

 

Su identidad liberal la remarcó hasta el final:

 

“Por último, así como soy juarista y cardenista, también soy maderista y partidario del sufragio efectivo y de la no reelección”.

 

Y lanzó una advertencia:

 

“Por eso aplicaremos rápido, muy rápido, los cambios políticos y sociales para que si en el futuro nuestros adversarios, que no nuestros enemigos, nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás a lo que ya habremos de conseguir. Como dirían los liberales del siglo XIX, los liberales mexicanos, que no sea fácil retrogradar”.

 

El viejo sistema priísta, populista y liberal está de regreso.

 

[ D'Vox ]

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Héctor Moreno Valencia es periodista y consultor. Trabajó en la agencia Notimex y en el Grupo Reforma donde de fundó el diario Mural. Es autor coautor de Sangre de Mayo - El homicidio del Cardenal Posadas y editor del servicio de análisis Mochila Política *.

 

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