Los electores de Bolsonaro no son fascistas ni homofóbicos, asegura académico de izquierda


Es falso que el elector que convirtió a Jair Bolsonaro en el candidato más votado a la Presidencia de Brasil el pasado domingo 7 de octubre sea fascista, machista, homofóbico y racista. "No, este país no tiene 47% de machistas, homofóbicos y racistas; rotularlos así no va a resolver nada, porque esos insultos no tienen sustento. Su elector promedio de este hombre no es nada de eso. Sólo no quiere que el país sea gobernado por un partido que tiene un dueño."

En medio de la intensa y sistemática campaña de descalificación contra el candidato del Partido Social Liberal y contra sus electores, rotulándolos despectivamente con esos epítetos, las palabras que abren este texto cobran un peso significativo especialmente por su origen. No fueron escritas ni por un simpatizante de Bolsonaro ni por un observador neutro, sino por un profesor universitario de filosofía que asume abiertamente ser de izquierda.

"No sirve de nada llamar al elector de Bolsonaro 'racista", cuando ese elector es negro y decidió que no vota nunca más al Partido de los Trabajadores (PT), de nada sirve decir que 'mujer no vota en Bolsonaro' a una mujer que decidió no votar en el PT de forma alguna. [...] Las mujeres votaron más en Bolsonaro que en Haddad, los negros votaron más en Bolsonaro que en Haddad, una cantidad enorme de gays votó en Bolsonaro", constata.

Y la cuchilla entra más profundamente: "El problema no es el elector de Bolsonaro. Somos nosotros, del gran campo de las izquierdas [...] Bolsonaro 'surgió' de aquí mismo, de nuestra incapacidad para hacer la necesaria autocrítica. [...] La culpa del surgimiento de esa ola es nuestra, exclusivamente nuestra".

El autor es Gustavo Bertoche Guimarães, de doctor en Filosofía por la Universidad Estadual Estado de Río de Janeiro y profesor en la Facultad de Educación y Letras de la Universidad de Iguaçu, en el estado de Rio de Janeiro. El análisis, aunque no contempla otros factores de peso, es extraordinariamente lúcido en muchos aspectos y valiente, testimonial y con fuertes rasgos de desahogo.

Fue publicado en su página de Facebook el pasado 9 de octubre; una semana después, el texto fue compartido por casi 20 mil personas desde su muro, recibió más de 26 mil reacciones y un millar de comentarios, críticas y elogios.

Bertoche asegura que el "campo de izquierda", y en especial el PT, quedó atrapado en nombres intocables, incluso cuando demostraron su falibilidad, que se silenció a los críticos de la "vaca sagrada" - en una clara referencia al expresidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva, y que adoptó "el método más podrido" de conquistar mayoría en el congreso y en las asambleas legislativas, por haber preferido el poder a la virtud".

Irónico, cuestiona los que califican de "fascista" o "nazista" a Bolsonaro: "Disculpe amigo, pero chistes y frases imbéciles no son Mein Kampf. [...] Y no, no está habiendo una disputa entre barbarie y civilización. El bárbaro no disputa elecciones".

Y concluye: "el elector no votó en Bolsonaro porque él dijo cosas detestables. Votó a Bolsonaro a pesar de eso, [...] fue el voto antiizquierda, fue el voto antisistema, fue el voto anticorrupción".

Quien escribe, no es un "figurón", como Fernando Gabeira, que realizó críticas y observaciones parecidas la misma semana, sino uno de esos miles de "militantes" de a pie. Y eso, quizá, puede ser un signo de que la fractura en la izquierda expuesta por Gabeira llegó ya, también, "hasta la base".

Lea a continuación el texto completo:

¿De dónde surgió el Bolsonaro?

Lo siento, amigos, pero no es de un "machismo", de una "homofobia" o de un "racismo" del brasileño. La inmensa mayoría de los votantes del candidato del Partido Social Liberal (PSL) no es machista, racista, homofóbica ni defiende la tortura. La mayoría de ellos ni siquiera son bolsonaristas.

Bolsonaro surgió de aquí mismo, del campo de las izquierdas. Surgió de nuestra incapacidad para hacer la necesaria autocrítica. Surgió de la negativa a conversar con el otro lado. Surgió de la insistencia en la acción estratégica en detrimento de la acción comunicativa, lo que nos llevó a demonizar, sin intentar comprender, a los que piensan y sienten de modo diferente.

Es, incluso, lo que estamos haciendo ahora. Mi Facebook y mi WhatsApp están llenos de ataques a los "fascistas", a aquellos que tienen "manos llenas de sangre", que son "machistas", "homofóbicos", "racistas". Sólo que el elector medio de Bolsonaro no es nada de eso ni se identifica con esos defectos. Las mujeres votaron más en Bolsonaro que en Haddad. Los negros votaron más en Bolsonaro que en Haddad. Una cantidad enorme de gays votó en Bolsonaro.

Amigos, estamos equivocando el blanco. El problema no es el elector de Bolsonaro. Somos nosotros, del gran campo de las izquierdas.

El elector no votó a Bolsonaro porque él dijo cosas detestables. Votó a Bolsonaro a pesar de eso.

El voto dado a Bolsonaro, no nos engañamos, no fue un voto a la derecha: fue el voto antiizquierda, fue el voto antisistema, fue el voto anticorrupción. En la cabeza de mucha gente - aquí y en los Estados Unidos, en las últimas elecciones- el sistema, la corrupción y la izquierda están ligados. El voto de ellos aquí fue el mismo voto que eligió a Trump allá. Y los pecados de la izquierda de allí son los pecados de la izquierda de aquí.

Bolsonaro tuvo los votos que tuvo porque evitamos, a toda costa, mirar nuestros errores y cambiar la forma de hacer política. Nos quedamos atrapados en nombres intocables, incluso cuando demostraron su falibilidad. Adoptamos el método más podrido de conquistar mayoría en el congreso y en las asambleas legislativas, por haber preferido el poder a la virtud. Corrompimos los medios de comunicación con anuncios de empresas estatales hasta el punto en que pasaron a depender del Estado. Y expulsamos, o llevamos al ostracismo, todas las voces críticas dentro de la izquierda.

¿Qué hicimos con Cristóvão Buarque? ¿Qué hicimos con Gabeira? ¿Qué hicimos con Marina? ¿Qué hicimos con Hélio Bicudo? ¿Qué hicimos con tantos otros menores que ellos?

Los que no concordaban con nuestra vaca sagrada, los que criticaban los métodos de las cúpulas partidistas, fueron callados o tuvieron que abandonar la izquierda para continuar teniendo voz.

Mientras tanto, nos engañábamos con los éxitos electorales y nos convertimos en un movimiento de la élite política. Perdimos la capacidad de comunicarnos con el pueblo, con las clases medias, con el ciudadano que trabaja 10 horas al día, y pasamos a engañarnos con la creencia en la idea de que toda movilización popular debe ser estructurada de arriba hacia abajo.

La propia decisión de lanzar a Lula y a Haddad como candidatos muestra que no aprendemos nada de nuestros errores, o, lo que es peor, que ni percibimos que estamos equivocando, y ponemos la culpa en los demás. ¿Dónde están las convenciones partidarias lindas de los años 80? ¿Dónde están las corrientes y tendencias lanzando contra-pre-candidatos? ¿Dónde están los debates internos? ¿Cuándo fue que el partido pasó a tener un dueño?

En suma: las izquierdas envejecieron, enriquecieron y se olvidaron de sus orígenes.

Lo que nos quedaba fue la creación de slogans que repetimos y repetimos hasta que pasamos a creer en ellos. Sólo que esos eslóganes no prenden en el pueblo, porque no corresponden a lo que el pueblo vive. No sirve de nada llamar al elector de Bolsonaro "racista", cuando ese elector es negro y decidió que no vota nunca más al Partido de los Trabajadores (PT). De nada sirve decir que "mujer no vota a Bolsonaro" para la mujer que decidió no votar en forma alguna en el PT.

No, amigos, Brasil no tiene 47% de machistas, homofóbicos y racistas. Rotularlos así no va a resolver nada, porque esos insultos no tienen sustento. El elector promedio de este hombre no es nada de eso. Él sólo no quiere que el país sea gobernado por un partido que tiene un dueño.

Y no, no está habiendo una disputa entre barbarie y civilización. El bárbaro no disputa elecciones.

(Ah - me dirán - Hitler disputó, etcétera. ¿Usted ya leyó Mein Kampf? ​​Yo sí. Está todo allí, ya en 1925. Disculpe amigo, pero chistes y frases imbéciles no son Mein Kampf. ¿Dónde está su capacidad hermenéutica?).

Hay una ola Bolsonaro, pero podría ser una ola de cualquier otro candidato anti-PT. Yo sospecho que Bolsonaro surfea en esa ola solo porque es el más antipetista de todos.

Y la culpa del surgimiento de esa ola es nuestra, exclusivamente nuestra. No sólo es nuestra, como continuará siendo hasta que consigamos hacer una verdadera autocrítica y traer de vuelta a nuestro campo - y para nuestros partidos - una práctica verdaderamente democrática, que es algo que perdimos hace más de veinte años.

Hablamos mucho de defensa de la democracia, pero no practicamos la democracia en nuestra propia casa. ¿Es que olvidamos su significado y transformamos también la democracia en un mero slogan político, en que lo que es nuestro es automáticamente democrático y lo que es del otro es automáticamente fascista?

Es hora de utilizar menos las vísceras y más el cerebro, amigos. Y los slogans hablan a la bilis, no a la razón.

[ D'Vox ]

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