Términos del Servicio | Política de Privacidad

CR| opn:

El 68 en México

02.10.2018

 

En torno del 2 de octubre de 1968 hay muchos mitos. Los lamentables hechos en la Plaza de las Tres Culturas son presentados normalmente como un momento "heróico" de la izquierda estudiantil que se insurgia contra el autoritarismo del sistema. En realidad, fue algo más que eso. Una lucha interna, un ajuste de cuentas del propio sistema.

 

La revolución cultural que impactó el mundo en 68 acampó en México sujeta a los grupos de poder. Ninguno de los líderes del movimiento "estudiantil" murió en Tlatelolco e inmediatamente muchos de ellos hicieron carrera politica en las filas del propio sistema que aplastó a sus cofrades. Los muertos, infelizmente, eran solo carne de cañón. Y no murieron, como se sabe solo estudiantes, sino también militares.

 

Reproducimos aquí un capítulo del libro "Autonomía Universitaria", escrito por Manuel Antonio Díaz Cid, Juan Armando Louvier y José Antonio Arrubarrena y editado por la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP), que presenta un cuadro bien informado y realista sobre el 68 en México. Boa leitura.

 

El Movimiento «estudiantil» de 1968. Antecedentes nacionales.

 

En 1929, el «Jefe máximo de la revolución» Gral. Plutarco Elías Calles, logró unificar a los militares, al sindicalismo «oficial», y a las distintas facciones masónicas, en lo que ellos mismos llamaron como la familia revolucionaria (91). El objetivo de tal «familia» era dejar de reñir entre ellos para mejor turnarse la posesión del poder político y repartírselo bajo la bandera de una supuesta democracia. Tal fue el origen del Partido Nacional Revolucionario (después PRM y luego PRI). El Lic. José Vasconcelos escribió a este respecto lo siguiente:

 

«Para el consumo público se hizo saber que México daba por concluida la etapa de los caudillos, para inaugurar un régimen de instituciones (...) En verdad lo único que ocurrió es que en lo de adelante el partido oficial sería el instrumento de la burla electoral y del espíritu de mafia. ¿Qué importa –les había dicho Morrow– que el Presidente se llame X o Z si el poder lo ejercen todos ustedes, a través de un partido en que no tendrán cabida sus enemigos?" (92).

 

Durante varias décadas el «sistema» de la «familia» le rindió a ésta buenos resultados, hasta que las ambiciones entre los «hermanos» dividió a la familia, y fue entonces cuando los menos favorecidos en los repartos del poder público (y, desde luego, su correlativo poder económico) buscaron pragmáticamente apoyos y alianzas con distintos grupos internacionales. Tal fue el caso de las logias poblanas y su alianza con la Internacional Comunista o Tercera Internacional a través del Partido Comunista Mexicano. Otros grupos masónicos más importantes –como el de Luis Echeverría Álvarez– establecieron alianzas con otras organizaciones, muy en especial con la Internacional Socialista o Segunda Internacional.

 

En enero de 1968 se celebró en Cuba el «Congreso Cultural de la Habana», al cual asistieron varios miembros del Movimiento de Liberación Nacional. A su regreso organizaron una manifestación que llamaron «marcha de la libertad», la cual pretendía recorrer la ruta del ejército insurgente del cura Hidalgo para exigir una reforma universitaria nacional y, desde luego, la trillada «libertad a los presos políticos». A su paso por la ciudad de Irapuato, los integrantes de la «marcha por la libertad» provocaron el descarrilamiento de un ferrocarril, y los dirigentes fueron aprehendidos y encarcelados; entre ellos se encontraba el catedrático de la UAP y dirigente en Puebla del Movimiento de Liberación Nacional, Joel Arriaga.

 

El Movimiento «estudiantil» de 1968. Antecedentes internacionales.

 

 

En un lapso de poco más de doce meses, buena parte del mundo occidental fue sacudido por una serie de movimientos «estudiantiles» que se realizaron bajo una misma forma de operar, y que usaron los mismos conceptos, símbolos y «slogans». ¿Sería mera casualidad que en naciones con circunstancias y condiciones políticas, económicas y sociales tan diferentes como Alemania, Italia, Francia, Brasil, Inglaterra, Japón, España, Estados Unidos y México, los movimientos «estudiantiles» tuvieran tantas similitudes? Y si no fue mera casualidad ¿quién tendría la capacidad logística de organizar en un lapso tan breve una operación de esas proporciones?

 

El movimiento inicial tuvo lugar en la Universidad Libre de Berlín (Alemania Occidental) en 1967, donde un líder estudiantil llamado Rudi Dutschke (supuestamente fugado de Alemania Oriental a través del «muro de Berlín») organizó una protesta estudiantil contra la visita oficial del Jefe de Estado de Irán.

 

Pocos meses antes, Rudi Dutschke había formado en la Universidad un grupo que se dedicaba a difundir diversos slogans de la «revolución cultural» tales como «La miseria de la Universidad es la miseria del que tiene que estudiar en ella", o bien, «destruye ahora, ya verás después qué construyes».

 

En la manifestación contra el Jefe de Estado iraní, realizada el 2 de junio de 1967 a las puertas de la Ópera de Berlín, donde las autoridades alemanas ofrecían al visitante un concierto, se dio un enfrentamiento contra la Policía en el cual resultó muerto Benno Ohnesorge, un joven estudiante que por vez primera participaba en este tipo de desórdenes. Tomando la muerte de Ohnesorge como bandera, la agitación se incrementó anunciando que buscaban implementar la «universidad crítica», proyecto que se basaba en dos puntos: una crítica permanente a la educación superior, y la difusión de la praxis revolucionaria.

 

La figura de el Che Guevara –en ese tiempo recién muerto en Bolivia, adonde había ido a implementar la guerra de guerrillas– junto con el lema «el Che vive» fue el símbolo con el cual el movimiento «estudiantil» en Alemania lanzó su proyecto de la «universidad crítica». La carga ideológica fue tomada de los libros de Herbert Marcuse, quien en su libro «El fin de la Utopía» dice:

 

«No hay duda alguna de que un movimiento revolucionario hace nacer un odio sin el cual ninguna liberación es posible. Nada hay más irritante que el mandamiento del amor» (93).

 

En la Universidad Libre de Berlín aparecieron por vez primera pintadas en las bardas las consignas: «Para nacer hay que destruir un mundo» y «Seamos realistas, pidamos lo imposible", consignas que después aparecerían en las bardas de la Sorbona en París, en muchas universidades de Europa y, posteriormente, en la Ciudad Universitaria de México. Las investigaciones de la Policía determinaron que Ohnesorge (quien murió de un tiro por la espalda) fue asesinado por los organizadores de la manifestación y Rudi Dutschke huyó a Inglaterra.

 

En febrero de 1968 la «revolución estudiantil» aparece en Italia, y el 10 de marzo los estudiantes chocan con la Policía en la llamada «batalla de Valle Giulia» que dura tres horas y deja un saldo de 142 heridos entre las fuerzas policíacas y 47 entre los estudiantes. Pero fue en Francia donde el movimiento «estudiantil» alcanzó mayor dimensión y fuerza. En febrero un grupo de estudiantes dirigidos por Daniel Cohn- Bendit quien (¿simple casualidad?) había sido el brazo derecho de Rudi Dutschke en el movimiento en Alemania organiza una «huelga» estudiantil con la finalidad tan académica (¿?) de exigir el libre tránsito por los dormitorios femeninos en la Universidad.

 

El 3 de mayo de 1968, tras la destrucción de varios automóviles por parte de los huelguistas, la Policía arresta a varias decenas de jóvenes manifestantes, y durante la noche, tras la destrucción de varios establecimientos comerciales con bombas molotov, se entabla la primera batalla contra las fuerzas del orden. Para el día 4 de mayo se encuentran en la cárcel 596 estudiantes, incluido Daniel Cohn-Bendit. En la noche del 10 de mayo, más de 20 mil jóvenes chocan con la Policía en la «batalla de la Rue Lussac», y la propaganda sobre «la brutalidad policíaca» logró que miles de personas se unieran al movimiento. Las manifestaciones aumentan en frecuencia, número de participantes y violencia; el día 13 se suman varios sindicatos obreros quienes decretan una «huelga general» que paralizaría la vida de Francia por varios días.

 

El movimiento ocupa por la fuerza los edificios públicos, mientras en las universidades se constituyen «soviets» de estudiantes. ¿Qué buscaban en realidad los miles de universitarios que secundaron el movimiento? Nadie sabía responder porque no había ninguna razón, salvo una rabia irracional contra todo y contra todos.

 

En el límite de la anarquía desatada, el Partido Comunista Francés «espontáneamente» se ofreció a presidir el Gobierno. Entonces el Presidente Charles de Gaulle (el gran héroe de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial) apareció en las pantallas de la televisión para anunciar que su cargo lo había recibido del pueblo y que dimitiría sólo si el mismo pueblo lo solicitaba; pero que si el pueblo quería ratificarlo y defender la República de la amenaza de la dictadura, que saliera a la calle a demostrarlo. En pocos minutos cientos de miles de franceses (la mayoría silenciosa de los días anteriores) estaban en las calles de París cantando «La Marsellesa»; cerca de un millón se concentró en la «Place de la Concorde». El Gral. De Gaulle retomó las riendas del gobierno y pocos días después, el movimiento estudiantil en Francia terminó tan misteriosamente como empezó.

 

En los Estados Unidos, si bien no aparece un movimiento articulado como en Francia o México, si encontramos en el período que va del 10 de enero al 15 de junio de 1968, 221 manifestaciones en 103 universidades, donde la llamada «generación beat» con su ropa sucia, su afición a las drogas y su inestabilidad mental, abonaron el camino a la «revolución cultural».

 

El Movimiento «estudiantil» de 1968 en México.

 

 

En 1968 los ojos del mundo estaban puestos en la Ciudad de México donde, a partir del 12 de octubre, se llevarían a cabo los Juegos de la XIX Olimpiada. Era la primera ocasión en que una nación latinoamericana organizaba unos juegos olímpicos, y a la inquietud que muchos tenían sobre la capacidad de México para llevar a cabo tan importante evento, se agregaban los problemas que para los atletas significaría la altitud de la Ciudad de México. Todo esto despertaba un morbo especial, por lo que las Agencias de noticias enviaron con bastante antelación a sus reporteros deportivos.

 

Esta situación era una extraordinaria oportunidad para presionar al grupo de la «familia revolucionaria» en el poder, es decir, al grupo que se aglutinaba en torno al Presidente Gustavo Díaz Ordaz, y tal oportunidad no fue desaprovechada. Un elemento importante que vendría a ayudar era que, al tradicional «autoritarismo» propio del sistema «presidencialista» instaurado por la «familia revolucionaria» desde la década de los años treinta, se agregaba un autoritarismo muy personal del Presidente Díaz Ordaz.

 

Un mes después de concluido el movimiento en Francia, dio inicio el de México. El 22 de julio de 1968 un grupo de estudiantes de la Escuela Vocacional N° 2 del Instituto Politécnico Nacional, fue a apedrear el edificio de la preparatoria particular «Isaac Ochoterena» (exactamente igual a como en 1961 dio inicio en Puebla la «reforma universitaria» con el apedreamiento del Colegio Benavente). Pero a diferencia del ataque al Benavente, donde los soldados ni siquiera se bajaron de sus transportes, los cuerpos policíacos de la Ciudad de México si intervinieron apresando a varios de los agresores, los cuales fueron dejados en libertad pocas horas después.

 

Para protestar contra la «brutalidad policíaca", la «Federación Nacional de Estudiantes Técnicos» convocó a una manifestación de protesta para el día 26 de julio, aniversario de la revolución cubana, a las cinco de la tarde. Por su parte, la «Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos - CNED» (94) convocó a otra manifestación «en apoyo a la Revolución cubana», exactamente el mismo día y a la misma hora. Las trayectorias elegidas (¿casualmente?) por ambas manifestaciones tenían un punto de intersección (Paseo de la Reforma y Avenida Insurgentes), punto al cual los dos contingentes llegaron con perfecta sincronía. Ya unidos los manifestantes se desviaron de sus itinerarios iniciales para dirigirse al Zócalo de la Ciudad.

 

A partir del momento en que se unieron, la manifestación inició una acción de «guerrilla urbana», averiando automóviles estacionados, incendiando vehículos del transporte público, saqueando algunos comercios e insultando a cuanta persona se cruzaba en su camino. Al llegar al Zócalo la manifestación se enfrentó con la Policía, pero al hacer su arribo varias unidades del Ejército, los manifestantes se dispersaron. El día 29 volvieron a repetir los desórdenes en el Zócalo y cuando los soldados hicieron su aparición, varios «grupos de choque» corrieron a refugiarse en las aledañas instalaciones de la Preparatoria de San Ildefonso, la «Prepa N° 1» de la UNAM, desde donde empezaron a hostigar a los soldados con piedras, bombas molotov y disparos de armas de fuego.

 

Los soldados respondieron con un disparo de bazuca contra la vieja puerta de madera que saltó hecha añicos, tomaron el edificio y apresaron a sus ocupantes, entre quienes se encontraban William Rosado Laporte (puertorriqueño), Mika Seeger (estadounidense) y Raúl Poblete (chileno). El Rector de la UNAM, Ing. Javier Barros Sierra declaró públicamente que la entrada del Ejército a la Preparatoria de San Ildefonso era una violación a la autonomía universitaria.

 

¿Sería posible pensar que el Rector de la «máxima casa de estudios» no supiera la diferencia entre autonomía y extraterritorialidad? Porque la entrada del Ejército en las instalaciones de la Preparatoria no fue para imponer algún plan o método de estudios, ni para designar catedráticos o reglamentos académicos o algo parecido. El Ejército entró a las instalaciones universitarias para frenar un desorden social que, en las calles de la Ciudad de México y en el Zócalo de la misma Capital, el «corazón» de la vida política del país, había provocado un grupo de agitadores. Pero si el Rector de la Universidad sabía la diferencia, entonces poco le importó la verdad. ¿Habrá sido porque obedecía a otros intereses? El Gral. Marcelino García Barragán dice:

 

«El entonces Secretario de Gobernación (Luis Echeverría), en mi presencia le dio instrucciones al rector Ing. Javier Barros Sierra de organizar una manifestación de maestros y alumnos de la Universidad y el Politécnico» (95).

 

El hecho es que efectivamente el 10 de agosto, Barros Sierra encabezó una manifestación de más de cincuenta mil personas, y en el Zócalo izó a media asta la Bandera Nacional en señal de duelo por la «violación de la autonomía universitaria». La opinión pública se encontraba desconcertada y en breves días, al igual que en Francia, nadie recordaba cuál había sido el pretexto que dio inicio al «movimiento». El día 9 apareció un organismo para dirigir al movimiento llamado «Consejo Nacional de Huelga» (CNH) integrado por 38 comités que representaban a distintos centros educativos, y que estaba presidido por un personaje hasta entonces totalmente desconocido: Marcelino Perelló Walls. Junto a él participaban entre otros, Félix Barra García, un «fósil» bastante conocido en la UNAM pues se dedicaba a «vender protección» a los estudiantes; Álvaro Echeverría Zuno (hijo del secretario de Gobernación, Luis Echeverría), Rosa Luz Alegría, Gilberto Guevara Niebla, Miguel Yacamán y Sócrates Amado Campus Lemus.

 

Siguiendo la consigna «Seamos realistas, pidamos lo imposible", el CNH lanzó un «pliego petitorio» que incluía: libertad a los presos políticos; desaparición del Cuerpo de Granaderos; destitución de todos los jefes policíacos; derogación del delito de disolución social; diálogo público con el Presidente de la República. Los cada día más frecuentes desórdenes callejeros y sus correspondientes enfrentamientos con la Policía, fueron creciendo en violencia, y a semejanza de lo ocurrido en Francia, ello aumentaba el número de simpatizantes del movimiento. Para el 27 de agosto, una manifestación de más de 300 mil personas llega al Zócalo, y los dirigentes del CNH izan en el asta central– destinada exclusivamente al Lábaro Patrio– la bandera bolchevique.

 

Los corresponsales deportivos extranjeros que venían a cubrir los Juegos enviaban a sus agencias notas alarmantes preguntándose si, en tal clima de violencia y desorden, podía celebrarse la Olimpiada o ésta tendría que cancelarse. Entonces, en la madrugada del 18 de septiembre, sorpresivamente el Ejército ocupó la Ciudad Universitaria, capturando a más de quinientas personas que hacían guardia en lo que era la principal base de operaciones del movimiento, todo ello sin derramar una sola gota de sangre.

 

Las escenas captadas por las cámaras de los periodistas que acompañaron al Ejército mostraron cómo buena parte del mobiliario de la Universidad había sido destruido para construir «barricadas» en los accesos; la estatua de Miguel Alemán –constructor de Ciudad Universitaria– había sido volada con dinamita, y en su lugar se estaba pintando un enorme mural del «Che Guevara»; las bardas se encontraban pintarrajeadas con las mismas consignas aparecidas meses atrás en la Universidad Libre de Berlín, en la Sorbona de París y en otras muchas universidades; las aulas y auditorios habían sido «rebautizadas» con nombres «tan propios» al quehacer universitario como Ho Chi Min, Carlos Marx, Mao Tse Tung, Camilo Torres (el cura guerrillero) Lenin, etcétera.

 

¿Sería congruente que quienes planearon tomar Ciudad Universitaria de tal forma que no causara un solo herido (porque cada herido significaba una nueva bandera para el movimiento) hayan sido los mismos que planearan la «masacre de Tlatelolco» ocurrida escasos 14 días después? El día 24, en una acción similar, el Ejército ocupó también el «Casco de Santo Tomás» y la «Unidad Zacatenco» ambas del Politécnico Nacional. El Gobierno prohibió las reuniones públicas, y el día 30 de septiembre el Ejército desalojó Ciudad Universitaria. Entonces, en una acción desesperada que permitiera alcanzar los verdaderos objetivos que se buscaban, el CNH convocó a un mitin en la «Plaza de las Tres Culturas» en Tlatelolco, a realizarse en la tarde del 2 de octubre (a sólo 10 días antes de la ceremonia de inicio de los Juegos Olímpicos).

 

Hoy sabemos que durante los trágicos sucesos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, cuando menos dos películas fueron filmadas pero –probablemente confiscadas por el Ejército– no fueron dadas a conocer sino veinticinco años después en un rueda de prensa citada precisamente por la Secretaría de la Defensa Nacional. ¿Por qué este material que sin la menor duda exonera al ejército de la masacre, fue ocultado por el mismo Ejército durante tanto tiempo?

 

Cerca de las cinco de la tarde de ese 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas se encontraban reunidas unas dos mil personas, pero ninguno de los principales dirigentes del CNH (¿sabrían lo que iba a ocurrir?). Como puede verse en las películas, cuando los primeros oradores hacían uso de la palabra, llegó a la parte baja de la Plaza un batallón de soldados al mando del Coronel José Hernández Toledo, y su llegada fue anunciada por una antorcha que salió desde una ventana del edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

 

Cuando los primeros soldados alcanzaban la «plancha» donde se realizaba el mitin, una segunda antorcha fue arrojada desde el mismo lugar, y en ese momento una lluvia de balas disparadas desde los edificios que rodean la Plaza cayó indiscriminadamente sobre manifestantes y soldados; uno de los primeros en caer fue el Coronel Hernández Toledo, atravesado por varios impactos que lo tuvieron durante muchos días al borde de la muerte. En muy pocos minutos aquellos que no cayeron muertos o heridos, obviamente salieron corriendo a refugiarse a donde pudieron, y, como puede verse en las películas, muchos se refugiarontras los soldados, mientras éstos disparan hacia los edificios, no contra los manifestantes. Debemos preguntarnos: ¿alguien desarmado correría hacia quienes le están disparando?

 

Es un hecho incuestionable que esa tarde en Tlatelolco muchas personas inocentes perdieron la vida y muchas otras fueron heridas; pero ¿cuántas? Sin la menor duda, cuando menos las autoridades supieron el número exacto, pero hasta la fecha ninguna ha dado a conocer el dato. ¿Por qué? Ese es otro de los muchos «misterios» que envuelven al movimiento «estudiantil». Desde luego que cada año, en el correspondiente «2 de octubre, no se olvida", la propaganda revolucionaria siempre habla de las «miles» de personas «masacradas por el Ejército por órdenes de Díaz Ordaz».

 

Otro gran «misterio» es que, cuando el movimiento tenía en sus manos una bandera de tal envergadura (compárese la gravedad de la «masacre de Tlatelolco» con la inicial pedriza a la preparatoria Isaac Ochoterena) como para llevar a cabo una revolución que quizá hubiera derrocado al Gobierno ¡no ocurrió nada! El 12 de octubre, la XIX Olimpíada fue inaugurada ¡en el Estadio de Ciudad Universitaria¡ y en un ambiente de absoluta paz y tranquilidad, al grado de que, en su momento, los Juegos en México fueron calificados por el Comité Olímpico Internacional como los más brillantes de la era moderna.

 

¿Qué ocurrió para que esto hubiera sido posible? ¿El 2 de octubre fue realmente «aniquilado» el movimiento por la «represión brutal» del Gobierno de Díaz Ordaz, a pesar de que ninguno de los líderes importantes fue herido o aprehendido? Una pista importante para desentrañar esos «misterios» fue dada a conocer por uno de los principales líderes del CNH, Sócrates Amado Campus Lemus, en unas declaraciones publicadas el 6 de octubre de 1968 en el periódico oficialista «El Día», y que –nuevo misterio– pasaron por completo desapercibidas. Según Campus Lemus, los verdaderos dirigentes del movimiento «estudiantil» fueron: el Lic. Carlos A. Madrazo, ex presidente del PRI y que había querido, introducir en su partido cambios radicales; el Lic. Humberto Romero, ex secretario particular del ex presidente de la República Adolfo López Mateos, y a quien se atribuía haber querido inclinar «a la izquierda» la política del régimen; el Lic. Ángel Veraza, funcionario de la Secretaría de Gobernación y uno de los participantes en las juntas clandestinas de la Reforma Universitaria en Puebla; el Lic. Víctor L. Urquidi (director del Colegio de México) y la escritora Elena Garro. Como salta a la vista, ninguno de los personajes señalados era miembro del Partido Comunista, pero casi todos eran miembros destacados de la «familia revolucionaria».

 

En esas mismas declaraciones, Campus Lemus comentó que el día 3 de octubre, la Sra. Esther Zuno de Echeverría ofreció en su residencia un festejo con atole y tamales al CNH, donde participaba su hijo Álvaro. ¿Cuál fue el motivo de ese festejo? El hecho es que los Juegos Olímpicos se llevaron a cabo sin ningún problema, y que Gustavo Díaz Ordaz pudo concluir su período de gobierno; que la candidatura del Dr. Martínez Manatou (por quien el grupo de la «familia» en el poder se inclinaba para suceder a Díaz Ordaz) se vino abajo, y en su lugar fue designado Luis Echeverría Álvarez (96).

 

Igualmente es un hecho innegable que varios de los líderes del CNH tuvieron puestos importantes en la administración presidencial de Echeverría (incluyendo dos Secretarios de Estado: Félix Barra García y Francisco Javier Alejo); y que a partir del movimiento del 68, la «familia revolucionaria» se fracturó de manera irreconciliable. Todo lo anterior permite suponer que el movimiento «estudiantil» de 1968 fue en realidad un movimiento «político» implementado por el grupo de la «familia» formado en torno al Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez, quien para manipular a los universitarios como «carne de cañón» tuvo el asesoramiento y apoyo logístico de la Internacional Socialista, organismo con el cual Echeverría tenía más que buenas relaciones, lo cual quedó de manifiesto plenamente durante su mandato. Esta hipótesis ha sido recientemente avalada por la solicitud de aprehensión que la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Delitos del Pasado giró el 26 de julio de 2005 contra el ex secretario de gobernación Luis Echeverría y once personas más como responsables de la matanza de civiles y soldados el 2 de octubre en Tlatelolco (97).

 

A lo largo de los seis años de su gobierno (1970-1976), Echeverría lo mismo trabajó arduamente por diversos intereses de la Internacional Socialista, como los múltiples intentos por establecer en México la «Agencia de noticias del Tercer Mundo» (98), que recibía frecuentemente a los jefes más prominentes de la IS, (como fueron los inexplicables y múltiples viajes a México de Herbert Einst Karl Frahm, más conocido como Willy Brandt).

 

Notas:

 

91  En marzo de ese mismo año, el general callista Gonzalo Escobar se levantó en armas contra el gobierno de Calles y Portes Gil, siendo secundado por la mitad del Ejército Federal. Tales «pronunciamientos» hacían peligrar el poder de los revolucionarios.

 

92  José Vasconcelos. La Flama. Ed. Botas, México, pp. 108-109 95.

 

93 Herbert Marcuse. «El Fin de la Utopía» p. 11 y p. 33. Citado por Jean Ousset. «Para que Él Reine», Ed. Speiro, Madrid, 1972 p. 86.

 

94 Fundada en 1963 en Morelia, «confluían (en ella) estudiantes sin partido, militantes de la Juventud Comunista (JC) y de la Liga Comunista Espartaco» (Raúl Jardón. 1968, El fuego de la esperanza, Ed. Siglo XXI, México, 1998, p. 17).

 

95 Documentos de García Barragán obtenidos por Julio Scherer, y publicados en el periódico «Síntesis», sección «El País», 2 de octubre de 2000.

 

96 La más importante de las «leyes no escritas» del Sistema político instaurado por la «familia revolucionaria» y vigente hasta finales del siglo XX decía que, previa consulta al interior de la misma, «el presidente elige a su sucesor».97  Un tribunal Federal negó las órdenes de aprehensión solicitadas por la Procuraduría General de la República debido a que no aceptó la acusación de «genocidio» que presentó el Fiscal, y la de «homicidio simple» ya había prescrito.

 

98  Proyecto de la IS, echado abajo por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), por ser contraria a la libertad de expresión.

 

[ D'Vox ]

 

Please reload

Roubaram-nos a Federação

Chile: la capitulación

1/15
Please reload