La Canción de los Niños


En este espacio de D'Vox, habitual pero no exclusivamente dominical, que hemos denominado Ítaca, donde tienen lugar las artes, lo bello y los clásicos para 'dialogar' con alguno de los acontecimientos de la semana y apuntar el camino a casa o las fuentes de las que debería beber la nueva cultura que se esta gestando, no podríamos en este día dejar de colocar nuestra mirada en Argentina.

En el histórico 9 de agosto en el que un puñado de mujeres y hombres - 38 - permanecieron firmes y dieron su sí a la vida y rechazaron una ley inicua resistiendo a fuertes presiones políticas, económicas y mediáticas. Ese 9 de agosto en que se infligió una derrota tremenda a los bárbaros porque una multitud - contada literalmente en millones- sacó a la luz su amor - no encontramos otra palabra - por los que quieren ser descartados, dio su voz a los que no tienen y enfrentó un gigantesco dragón carmesí que escupe muerte y cuya sangre es verde, pues ese es el color del lucro y del dinero.

Hoy iriamos cantar una loa a la victoria. No lo haremos. Aunque debe ser celebrada, porque se trata de un hito no sólo para quienes valoran, cuidan y custodian la vida en Argentina sino en toda América Latina, queremos abrir las puertas a una acción de gracias.

Gracias a los parlamentarios, gracias al pueblo - no a esa vaga categoría sociológica de los 'progres' sino al pueblo real de carne y canto -, gracias a Aquel que teje con hilo de oro en la historia. Lo hacemos dejando al poeta dar voz a los niños. Esos por los que hacemos todo - como decía Péguy - y nos hacen hacer todo como si nos cogiesen de la mano.

Los versos de este canto son los de los niños que nacerán gracias al resultado del 9 de agosto y le dirigen su voz a los 38 políticos y a los 5 millones de celestes que les dieron voz en el recinto legislativo y en la calle, respectivamente. Gracias, porque esos niños un día podrán decir: Tierra de nuestro Nacimiento, [...] os prometemos cabeza, corazón y manos todos los años próximos [...] para construir, de generación en generación, una herencia intocada".

El poema es 'La Canción de los Niños' del Rudyard Kipling publicado en el libro de cuentos infantiles 'El Duende de la Colina Puck', de 1906; la pintura que abre esas líneas es un fragmento de 'Hypodorian' del pintor estadounidense Kirk Richards, realizada en 2013.

La Canción de los Niños

Rudyard Kipling

Tierra de nuestro Nacimiento, os brindamos

nuestro amor y esfuerzos en los años próximos;

cuando hayamos crecido y ocupemos nuestro sitio

como hombres y mujeres de nuestra raza.

Padre del Cielo que amáis a todos,

oh, ayuda a Vuestros hijos que Os llaman;

para que puedan construir, de generación en generación,

una herencia intocada.

Enseñadnos a soportar el yugo en la juventud,

con paciencia y cuidado de la verdad;

que, en nuestro tiempo, Vuestra Gracia lleve

la Verdad dondequiera que las Naciones vivan.

Enseñadnos siempre a gobernarnos por nosotros mismos,

con orden y claridad, de día y de noche;

para que, en lo posible, evitemos

pérdidas o inútiles sacrificios.

Enseñadnos a versos en cada meta

como Juez, y no a nuestros amigos;

para que, junto a Vos, podamos caminar rectos, sin atender

el miedo o el favor de la multitud.

Enseñadnos la Fuerza que no puede buscarse

de obra o pensamiento, para herir al débil;

para que. bajo Vuestro aliento, lleguemos a poseer

la fuerza del Hombre que conforta la aflicción del hombre.

Enseñadnos la dicha en las cosas simples,

la Alegría que no conoce primaveras amargas;

perdonad, a pesar del mal hecho

y Amad a todos los hombres que ilumina el sol.

Tierra de nuestro Nacimiento, fe nuestra, nuestro orgullo,

por cuya anhelada seguridad, murieron nuestros padres;

oh, Tierra Natal, os prometemos

cabeza, corazón y manos todos los años próximos.

[í]

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Traducción Luis Cremades

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