Que siempre no

En campaña, Manuel Andrés López Obrador aseguró que pacificaría Mexico que sangra por la brutal violencia del crimen organizado y el narcotráfico. Uno de los ejes centrales de su propuesta era la Ley de Amnistía para los delincuentes. Una especie de "borrón y cuenta nueva", como se suele decir en ese país.

En campaña, López Obrador también dijo que invitaría a participar en este proceso al Papa Francisco.

Pues bien, el pasado sábado 14 de julio, la abogada Loretta Ortiz Ahlf, a quien el presidente electo nombró coordinadora de las consultas para la 'pacificación', anunció a la prensa que el obispo de Roma había aceptado participar: "va a ser virtual, no va a venir; ya está enterado; sí aceptó; tenemos que esperarlo, en su agenda, pero ya aceptó".

Según ella, el 'si' del Papa había sido dado a través de Carlos Cruz, un 'miembro del equipo', y no solo eso, el Pontífice enviaría también a dos 'expertos'.

Hoy, 16 de julio, Greg Burke, vocero de la Santa Sede aclaró que "la noticia de que el Santo Padre participará en esta conferencia no tiene fundamento". Horas después, Ortiz reconoció que había cometido un error al 'confirmar' la presencia del Papa cuando no se tenía aún una respuesta por vía oficial.

En realidad las gestiones nunca se realizaron por vía oficial, o por lo menos no las de Carlos Cruz, que es un joven activista de "derechos humanos", líder de una asociación llamada Cauce Ciudadano, que entre otras cosas lucha contra los 'estereotipos de género', y es apoyada por 'Alas', una red latinoamericana de diversas organizaciones de izquierda, y por la Asociación italiana 'Libera', que lucha contra la 'mafia' y tiene como líderes y mentores a viejas figuras del progresismo religioso.

Las intervención de Burke llega a tiempo. Debe su ponerse que el funcionario vaticano no se manda solo y que la desmentida fue dispuesta por el propio Francisco. Si así es, evidencia una postura más cauta por parte del Papa ante un tema que divide a la sociedad.

En Colombia no fue así y en 2016 el Papa se apostó en cuerpo, alma y 'estructura' para apoyar - contra la opinión de su nuncio en el país y de parte del episcopado - al gobierno de Juan Manuel Santos en el plebiscito popular que respaldaría o no el Acuerdo de La Habana.

Los colombianos estaban polarizados ante el tema porque el tratado daba a la organización narcoterrorista FARC una amnistía plena, financiamiento público para construir una fuerza política e impunidad.

El Papa dijo 'sí' a la 'paz' impune y la mayoría del pueblo dijo 'no'.

Es verdad que el repudio al acuerdo ganó por un porcentaje pequeño, pero reveló que buena parte de la muy católica sociedad colombiana decidió ejercer su voto con autonomía, independientemente de lo que pensara el Santo Padre, por una razón muy simple: era evidente y gritante la injusticia que el gobierno quería imponer.

Esta vez, la propuesta de López Obrador y su equipo inicialmente pasa también por la amnistía a criminales y a personas que hayan cometido delitos por presión, el sometimiento a una justicia 'transicional', léase blanda, y la legalización de la droga en el pais.

Aunque dicen que escucharán a la sociedad, a las víctimas y a expertos en los tres foros que iniciarán el 7 de agosto y concluirán en noviembre, veremos a que 'sociedad' - quizá solo o mayoritariamente a organizaciones como la de Cruz -, a cuáles 'víctimas' y a que expertos se les dará voz. (d'vox)

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