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¿Un nuevo partido hegemónico en México?

10.07.2018

El Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el exitoso 'nuevo' partido de izquierda que arrasó en las elecciones mexicanas del pasado 1 de julio, es el primer instituto político que después del Partido Revolucionario Institucional (PRI) trabaja por ser un partido hegemónico.

 

El análisis es de la periodista y politóloga Ivabelle Arroyo en un interesantísimo artículo en la revista Nexos

 

"Morena puede ser una maquinaria política tan eficiente como aquel aparato perverso y genial que comenzó como PNR y termina sus días como PRI [...] articulados por un solo vértice de decisión, ahí caben todos, todas y todos. No sólo todos los personajes, sino todos los rumbos, todas las clases sociales y todas las ideas. Morena disputa la hegemonía de izquierda pero nació dispuesto a disputar la hegemonía completa. Es difícil que se convierta en un partido único, pero el escenario que construye es el de un partido mayoritario con influencia determinante y agregación articulada de posturas políticas distintas. ¿Suena familiar? Le decíamos PRI, pero se llama partido hegemónico".

 

 

En 'Morena y el camino hacia la hegemonía' la tapatía afirma que la sigla no puede considerarse un partido nuevo. "Su registro es nuevo, su acta de nacimiento es de 2014, pero el diseño de su médula espinal es muy anterior. Morena es el partido que quiso tener López Obrador cuando dirigía el PRI tabasqueño. Es el partido que quiso tener López Obrador en el PRD. Es el partido que no tuvo, que ahora tiene y en el que, por fin, no le estorba una estructura previa a él, no se le oponen liderazgos ajenos a su dirección ni le hacen ruido grupos consolidados fuera de su círculo de influencia".

 

Arroyo apunta los orígenes de Morena ya en la fallida elección presidencial de 2006: "el 'gobierno legítimo' es el verdadero origen de Morena, consecuencia directa de las elecciones [...] que López Obrador perdió por menos de 250 mil votos: 0.56 puntos porcentuales debajo de su adversario panista Felipe Calderón".

 

Habitualmente "se da por sentado que Morena nace como una reacción al Pacto por México, ese acuerdo político firmado por el Partido de la Revolución Democrática en 2012, con el PAN y el PRI, para apoyar desde el espacio legislativo reformas como la energética, la fiscal y la educativa. Pero el distanciamiento entre la izquierda obradorista y la visión del grupo que terminó siendo dominante en el PRD es anterior. Puede fecharse en la formación del gobierno legítimo y el gabinete de 25 personas que acompañó esa estrategia, después de las elecciones de 2006. En los hechos, el gobierno legítimo funcionaba como una estructura paralela al PRD: sin tribus, sin contrapesos y sin burocracia, un liderazgo carismático puro y duro que privilegiaba la construcción de una base social amplia sobre la militancia partidista tradicional. El gobierno legítimo se financiaba con dinero del PRD, una transferencia pactada de 60 millones por año, que empezó a cojear al segundo año, determinando la primera gran ruptura silenciosa pero cabal de López Obrador con ese partido".

 

Y detalla: "saltemos los años ahora hasta 2012 y el Pacto por México, líquido seminal del nuevo y potente partido político llamado Morena. El Pacto dividió a la izquierda: los reformadores optaron por empujar transformaciones de la mano del statu quo, los radicales denunciaron esas transformaciones como medidas de complicidad con los poderosos. El PRD se rompió. López Obrador anunció la creación del nuevo partido en septiembre de 2012. En sólo dos años tendría carta de identidad. La debilitada figura de López Obrador [tras el desgaste del 'gobierno legítimo'] volvió a agigantarse mientras se desdibujaban el presidente priista Enrique Peña y su ambicioso proyecto. Ya para 2015 Morena tenía en su bolsa a más de la mitad de los liderazgos territoriales de la Ciudad de México, gran bastión de izquierda, y el discurso más unificador de la esfera política: la batalla contra la Mafia del Poder".


Aunque los morenistas fueron ortodoxos y políticamente asépticos hasta finales de 2017 para esta elección presidencial la política de amplias alianzas se convirtió en el mecanismo a través del cual avanzó potente envolviendo a las personas y organizaciones más inesperadas: el conservador Partido Encuentro Social (PES), de mayoría evangélica; el Movimiento Nacional por la Esperanza (MNE), liderado por René Bejarano; el Movimiento Ruta 5 del expresidente del PAN, Manuel Espino; el 'sindicalista' Napoleón Gómez Urrutia;  o la policía comunitaria Nestora Salgado; empresarios como Alfonso Romo y Miguel Torruco o Alfonso Romo, y ex priistas que van desde Manuel Bartlett hasta Esteban Moctezuma.

 

A esta "nueva flexibilidad" también se acogieron liderazgos de izquierda alejados de Andrés Manuel López Obrador en periodos anteriores, como el ex jefe de gobierno Marcelo Ebrard; el coordinador de la campaña anterior, Ricardo Monreal, o el ex diputado federal, siempre obradorista, Gerardo Fernández Noroña.

 

"Ahora ¿no hay un núcleo duro en Morena? Sí. El grupo que mantiene el timón, con cargos y sin ellos, está formado por Martí Batres, Yeidckol Polevnsky, Claudia Sheinbaum, Bertha Luján, Horacio Duarte y Octavio Romero, como los más visibles. Ellos son el politburó y supervisan el timón del portaaviones. Sin importar cuántos evangélicos se suban, cuántos futbolistas y cuántos priistas se mezclen en el barco, ellos vigilarán el rumbo. Por eso se pueden dar el lujo de abrir el portón para obtener el poder sin perder el partido. Desde ese politburó diseñan las estrategias para que el amplio espectro de fuerzas aglutinadas en el portaaviones electoral permitan la hegemonía política. Y no hay flota. Morena quiere dominar el mar".

 

Arroyo concluye que "la nueva estrategia y un discurso de oposición feroz contra el statu quo, pero sin contorno ideológico limitante, llevaron en hombros hacia la presidencia al por tercera vez candidato López Obrador".

 

Lea el artículo completo aquí, vale la pena. Para complementar la visión de la autora y colocarla en un contexto más amplio también lea el excelente análisis de Héctor Moreno en su Mochila Política 49, aquí. (d'vox)

 

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