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El nuevo escenario

07.07.2018

 

 

 

Mochila Política 49  | El triunfo de Andrés Manuel López Obrador es el resultado del reacomodo de diversos grupos de poder en varios niveles y espacios, y este nuevo empalme se ha construido de forma paralela al derrumbe del actual régimen.

 

Antecedentes

 

En el 2000, tras la llegada a la Presidencia de la República de Vicente Fox se inició un proceso de redemocratización del país que rompió el molde del viejo sistema caracterizado por el binomio 'PRI-Gobierno' (el Partido Revolucionario Institucional y el Gobierno eran una sola cosa)  y donde el Presidente era una pieza fundamental para el equilibrio y la interacción de las fuerzas que integraban la llamada 'Familia Revolucionaria', y de los otros actores del entorno.

 

La 'Familia Revolucionaria', que estaba por trás del PRI y era integrada por los grandes caciques que se repartieron el poder durante setenta años, se fragmentó. La 'alternancia' en la Presidencia se tornó una realidad y surgieron 'nodos de poder' conformados local, regional o nacionalmente de acuerdo a sus fuerzas y objetivos. Un ejemplo clásico de éstos fueron los que se crearon en torno de los gobernadores, muchos de ellos repitieron el viejo modelo.

 

Un fenómeno más complejo, pero similar, es la fragmentación de los grupos del narcotráfico. Conforme se rompieron las instancias de control creadas por el mismo sistema (la Procuraduría General de la República o la Dirección Federal de Seguridad); se dio la alternancia en los tres niveles y creció la corrupción, emergieron nuevos grupos locales fuera de los grandes grupos, como sucede hoy en muchos lados.

 

Es decir, el poder se fragmentó en todos lados.

 

Cuando la alternancia en la Presidencia se concretó con un opositor a ese viejo sistema, el Partido Acción Nacional (PAN) generó una gran expectativa de cambio, pero al cabo de dos sexenios – de Vicente Fox y Felipe Calderón – los resultados provocaron una profunda frustración.

 

Este sentimiento generalizado abrió las puertas de retorno del PRI, con el grupo del estado de México, uno de los más corruptos, y su candidato, Enrique Peña Nieto. Con rostros 'nuevos' intentaron recrear el viejo sistema. 

 

El gradual y consistente fracaso de este gobierno fue generando condiciones para realineamientos cuyo resultado es ahora la llegada al poder de un grupo de 'liberales revolucionarios', que en el siglo pasado actuaron en el viejo sistema enarbolando la bandera del el nacionalismo revolucionario como su ideología.

 

Reacomodos y alineaciones

 

 

En un sistema democrático las elecciones son el escenario configurado por los rejuegos de factores de poder actuantes en la sociedad y al interior de los partidos y sus resultados marcan siempre el grado de legitimación a los triunfadores.

 

El 1 de julio hubo un clarísimo cambio en el grupo de poder legitimado por una contundente mayoría en las urnas. Veamos algunos factores clave clave que pueden explicar este relevo.

 

El Gobierno de Enrique Peña Nieto inició muy pronto su declive, producto de su incapacidad y corrupción.

 

A partir del 2012 y hasta diciembre de 2017, el PRI perdió más de 4 millones de votos. Ivonne Ortega, ex gobernadora de Yucatán asegura son más: 4.7 millones de votos. El PRI gobierna 13 entidades, cuyo peso político y económico es menor. En esta elección no ganó en ninguna gubernatura ni municipio relevante.

 

Para todas las derrotas de sus candidatos, el factor que más pesó fue la impopularidad del Presidente Peña Nieto: en vísperas de la elección de este año solo 2 de cada 10 mexicanos lo apoyan.

 

Los pleitos de los grupos al interior del sistema también pesaron. Estas fricciones internas tuvieron una de sus máximas exhibiciones con las elecciones estatales de 2017, en donde las pugnas entre Manlio Fabio Beltrones, entonces líder del PRI, y Miguel Ángel Osorio Chong, a la época secretario de Gobernación, dieron por resultado derrotas del tricolor pero triunfos de otros grupos del sistema cobijados por alianzas.

 

A la distancia, el caso de Durango se vuelve paradigmático. Un competidor 'expriista' bajo las siglas del conservador PAN y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) en coalición, que gana y gobierna con los viejos grupos del priismo.

 

En el fondo se fue dando un pacto profundo de reagrupamiento y arreglo entre nodos de poder políticos. A partir de allí los núcleos económicos o de impunidad se fueron alineando.

 

Morena es producto de ese escenario, surge en 2014 como un movimiento cuya fuerza afectó inicialmente al PRD; recoge todo tipo de inconformidades en el territorio nacional y su estructura se nutre en varios estados de priistas migrantes.

 

Algunos analistas, como Ricardo Pascoe Pierce sostiene que estamos frente a una adaptación casi mítica o proverbial del PRI, un acuerdo del grupos de Ernesto Zedillo con Morena. Pero no es el único, también estaría aliado al grupo de Carlos Salinas, aunque la alianza más fuerte es la primera.

 

La aparición de personajes emergentes durante el sexenio de Zedillo al lado hoy de López Obrador es uno de sus argumentos, y enumera a Olga Sánchez Cordero, Manuel Bartlett, Esteban Moctezuma Barragán.

 

Todo el ataque contra Ricardo Anaya a través de la Procuraduría General de la República (PGR) en plena campaña para desprestigiarlo fue de la fracción salinista del PRI, con el objeto de tratar de colocar en segundo lugar al candidato priista, José Antonio Meade, y tener así mayor espacio de negociación con Morena, que, hoy por hoy, sería de Ernesto Zedillo, y no de López Obrador, según Pascoe.

 

Es un pacto para la reconciliación entre Zedillo y Carlos Salinas de Gortari, sostiene como conclusión de su hipótesis.

 

Como marco de explicación, la hipótesis Pascoe tiene un grado de coherencia, pero no están visibles los puntos finos de este presunto pacto de los viejos grupos de la llamada familia revolucionaria.

 

Lo que sí fue visible durante los últimos meses del año pasado es que al menos dos grupos masónicos desarrollaron sendas estrategias al interior de la alianza PAN-PRD-MC para impulsar a Rafael Moreno Valle y a Miguel Ángel Mancera para disputarle a Ricardo Anaya la candidatura presidencial (vea la Mochila Política 18 y 19 'El Frente, un dardo envenenado I y II', del 29 de  junio 29 y 04 de julio de 2017, respectivamente).

 

La división al interior del PAN y el choque de ambiciones entre Anaya y el expresidente Felipe Calderón y su esposa, Margarita Zavala, que deseaba ser candidata del PAN a la Presidencia, facilitaron esa labor.

 

Al final, Ricardo Anaya terminó bajo un escarnio público por presunta corrupción y entregado a esos grupos 'progresistas', de ahí la cercanía de Jorge Castañeda, Rubén Aguilar y Santiago Creel.

 

La única opción de un candidato que abanderara el humanismo cristiano se desdibujó, se dividió, perdió fuerza y solo sirvió para dar vida a un grupo liberal como Movimiento Ciudadano (MC). En muchos lados, éste último, logro triunfos gracias a las boletas cruzadas a favor de Acción Nacional. Jalisco es un buen ejemplo de ello, donde el PAN fue muy votado para el Senado pero los que llegarán son los de MC, gracias a que iba en coalición.

 

Conclusiones

 

 

Andrés Manuel López Obrador, identificado popularmente como un político de 'izquierda', en realidad es - como diría el izquierdista Jesús Ortega - un 'liberal revolucionario', o sea, un hombre que militó en el PRI dentro de esa ala izquierda que había en su interior de populistas que después fundaron el PRD.

 

Ahora llega al poder en un acuerdo con distintos actores de poder de diversos niveles. La conformación de su gabinete, algunas candidaturas y algunos posicionamientos durante la campaña, reflejan algo de ello.

 

En su equipo hay zedillistas, pero también personajes como Miguel Torruco consuegro de Carlos Slim; Marcos Fastlicht, suegro de Emilio Azcárraga Jean, presidente de Televisa; y tiene el apoyo de TV Azteca; otros respaldos corporativos se reflejan con la incorporación de los 'sindicalistas' Napoleón Gómez Urrutia o Elba Esther Gordillo. O sea, buena parte del establishment.

 

Está también integrada Nestora Salgado proveniente de grupos armados operantes en Guerrero bajo una inacabada legislación y que al amparo de la misma cometen delitos y son políticamente arropados por todos los grupos radicales de izquierda nacionales e internacionales.

 

También está José Manuel Mireles, un masón activo, embozado en grupos de autodefensa y que primero se alió con Miguel Ángel Osorio Chong, cuando era secretario de Gobernación, pero cuando lo traicionó, se fue con López Obrador. El propio Mireles ha contado públicamente la traición de Osorio Chong. Mireles no logró un puesto de elección popular, pero públicamente ha mostrado su lealtad al líder de Morena.

 

Además esta como frente más visible de Morena ese entramado de líderes y organizaciones de 'izquierda ideológica, militante y reivindicatoria' que es, por sí misma, una vasta 'fauna' en ese 'ecosistema' que es el nuevo partido hegemónico en México. Allí encontramos a la progresía en pleno: desde feministas radicales hasta teólogos de la liberación.

 

Morena es producto de un reacomodo de diversos grupos de poder, y quizá eso explique que en tan sólo en cuatro años, en un hecho inédito en el país, tuviera la fuerza necesaria para conquistar la presidencia y el Congreso con la legitimación de una de las más altas votaciones para un partido en nuestra historia.

 

También es evidente que con Peña Nieto tejió un acuerdo de impunidad.

 

Queda para el registro el discurso de José Antonio Meade en su cierre de campaña en Coahuila, en donde acusó también las diferencias al interior del sistema:

 

"La historia va a juzgar a quienes, conociendo el riesgo de la alternativa autoritaria y antidemocrática de Andrés Manuel, lo han habilitado. Un Andrés Manuel que amenaza a todos, amenaza a la Suprema Corte de Justicia, amenaza a las fuerzas armadas, amenaza a las familias con sacar a los criminales a las calles... y amenaza con sacar a tigres y a diablos", dijo. 

 

Morena parece hoy el reagrupamiento de viejos y nuevos actores queriendo reconfigurar el sistema. Después de la fragmentación del viejo sistema tenemos, un presidente fuerte y un nuevo partido hegemónico. Pero también puede ser otra cosa: el nacimiento de un sistema totalmente nuevo. Solo los hechos confirmaran progresivamente si es una cosa u otra.

 

López Obrador, que supo conquistar el deseo de cambio, llega legitimado, con mayoría absoluta, ante una expectativa nacional muy alta y difícil de cumplir.

 

Frente al nuevo escenario, con un Presidente con tanto poder real (Congreso federal con mayoría absoluta y con mayoría en más de la mitad de los estados del país) la organización ciudadana se convierte en la única posibilidad de contrapeso efectivo para evitar abusos de poder y políticas contrarias al bien común.

 

Son los ciudadanos, más que los partidos, los que tendrán que convertirse en interlocutores reales y eficaces del Presidente, para frenar una eventual agenda radical de su partido, que está ya con las maletas abiertas a la vuelta de la equina. Tendán que recordarle sus palabras en campaña: "Yo me hinco donde se hinca el pueblo".

 

[ D'Vox ]

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Héctor Moreno Valencia es periodista y consultor. Trabajó en la agencia Notimex y en el Grupo Reforma donde de fundó el diario Mural, del que es colaborador. Es autor coautor de Sangre de Mayo - El homicidio del Cardenal Posadas y editor del servicio de análisis Mochila Política *.

 

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