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¿Hay algún candidato provida y profamilia en la disputa presidencial de México?

30.06.2018

 

Entre los cuatro candidatos que disputan la Presidencia de la República en México ¿hay alguno que pueda ser considerado provida y profamilia? ¿Alguno de ellos promueve y defiende sin ambigüedades la vida, la familia, las libertades fundamentales?

 

No. La respuesta es no.

 

Los cuatro hombres que contienden por la máxima magistratura del país no pueden - en base a sus propias declaraciones en campaña - ser considerados ni provida ni profamilia. Aunque todos se presenten como hombres de familia y respetuosos de la vida.

 

Por diversos factores, la elección mexicana es una coyuntura extraordinariamente compleja que desafía a todos, especialmente a los ciudadanos que ejercen su derecho al voto pasándolo por la criba de los valores fundamentales.

 

En las siguientes líneas, considero solo a los tres candidatos que en realidad juegan un papel relevante en los comicios.

 

El mesías autoritario y el izquierdismo radical

 

 

Manuel Andrés López Obrador es una de las figuras mas consolidadas de la izquierda en México y en continente. Su personalidad polémica y su peculiar estilo de liderar divide y polariza incluso dentro de las izquierdas.

 

Perseverante, esta es la tercera vez que busca la Presidencia. Asegura que las dos veces pasadas la victoria le fue robada a través del fraude. En 2006, Felipe Calderón Hinojosa, del Partido Acción Nacional (PAN), lo venció con una diferencia menor a uno por ciento: casi 250 mil votos. López Obrador se autoproclamó presidente legítimo en un multitudinario acto y montó su gabinete con el que ‘gobernó’ en el aire hasta que sus aliados y la prensa se cansaron.

 

En 2012 fue vencido por Enrique Peña Nieto, postulado por el casi centenario y corruptísimo Partido Revolucionario Institucional (PRI), por una diferencia de 6 puntos porcentuales, poco más de tres millones de votos.

 

Antes, de 2000 a 2005, gobernó la capital del país, y su administración - con luces y sobras - estuvo plagada de denuncias de corrupción y uso político de los programas sociales. La agenda ‘progresista radical’ tomó cuerpo en el Legislativo local bajo su sobra.

 

Para comprender quién es y lo que su eventual llegada al poder representa hay que rastrear los orígenes de esa izquierda que él encarna: están en el PRI, del que fue miembro. La izquierda mexicana se movió siempre al interior o bajo la sobra de la llamada ‘familia revolucionaria’ que fundó al PRI hace casi 90 años. Al interior de la sigla cabían todos desde que se sometieran a la ‘familia’ que distribuía el poder, como pedazos del pastel, para todos. Para ello la corrupción y la impunidad eran indispensables.

 

El ‘populismo revolucionario’ la vertiente de izquierda al interior del PRI, con un socialismo muy a la mexicana, fue impulsada por Lázaro Cárdenas y coronada por Luis Echeverría. Como un péndulo, el sistema oscilaba de gobiernos más ‘conservadores’ a gobiernos más ‘liberales’. De vez en cuando llegaba la hora del ‘socialismo priista’, de talante más autoritario y centralizador que los otros. El PRI es afiliado a la Internacional Socialista. Esa es la matriz donde se gestó López Obrador.

 

De una ruptura de la ‘familia revolucionaria’, ese grupo de caciques que divide entre sí el poder, nació el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), lleno de priistas. López obrador se integró a él y lo dirigió de 1996 a 1999. Años después cuando perdió su control lo abandonó y fundó el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), del cual es mandamás.

 

Con viejos priistas, experredistas y militantes de lo que llamaríamos la agenda progresista radical Morena se encuentra a la extrema izquierda del espectro político en el país. Diríamos que, bajo ciertos aspectos, es hermano del español Podemos, un híbrido de los brasileños Partido de los Trabajadores (PT) y Partido Socialismo y Libertad (PSOL), o un primo del colombiano Movimiento Progresistas.

 

Morena defiende el aborto libre como derecho, el adoctrinamiento ideológico de niños y adolescentes, la ideología de género, el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo y la adopción para ellos, los vientres de alquiler, la eutanasia como derecho a ‘bien morir’, la limitación de la libertad de asociación y expresión a quienes consideran ‘intolerantes’, la expropiación de propiedad privada, el estatismo, el uso de programas sociales con fines políticos, etcétera. Una síntesis de todo esto está en la Constitución de la Ciudad de México, de la que Morena es ‘madre’, junto al PRD.

 

De López Obrador y de la mayoría de los morenistas no escuchará nunca una crítica a las dictaduras de izquierda ni una censura a sus crímenes. Yeidckol Polevnsky, la actual dirigente del partido, ha reconocido en plena campaña electoral que el chavismo es un modelo a seguir.

 

No son incomunes los contactos de otros destacados morenistas con el gobierno venezolano ni la presencia de asesores ‘bolivarianos’ en su campaña. Dos de ellos son españoles: Katu Arkonada, de origen vasco, vinculado a la organización terrorista ETA y con un pie en los gobiernos de Evo Morales y Nicolás Maduro; y Alfredo Serrano Mancilla, cofundador de Podemos y consultor ‘económico’ de Maduro, Morales y Rafael Correa.

 

A pesar de estos datos duros, lo que el elector común ve en López Obrador es otra cosa. Un hombre que fustiga al sistema, al que llama la ‘máfia del poder’ y en la que están todos  sus desafectos y adversarios. Su discurso antisistema - salpicado de formulas pintorescas - ha sido extraordinariamente eficaz, a pesar de que connotados corruptos y ‘ex’ priistas son sus aliados.

 

Además ha sabido aderezar, a diferencia de las anteriores campañas, las invectivas con la propuesta de una ‘República Amorosa’. Sus seguidores, los amlovers, son radicales; él no. El quiere la paz y un país donde supuestamente todos caben. Este estrategia es prácticamente idéntica a la utilizada por el brasileño Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva en 2002 y, antes, por Hugo Chávez en 1998.

 

En esta línea, aunque es contradictorio, ha prometido una amnistía para narcotraficantes, criminales y corruptos, incluído el actual presidente de la República, Enrique Peña Nieto, al que promete no va a procesar.

 

¿El combate a la corrupción? Se realizará a través del ejemplo del presidente, que nombrará a su propio fiscal. Y ¿el combate al crimen? Unificará las fuerzas armadas en una ‘Guardia Nacional’ a su cargo directo ¿Le recuerda algo?

 

¿Qué ha dicho sobre los temas de vida y familia? Someterá todo a consulta popular: “Yo me hinco donde se hinque el pueblo”, dice. Así de simple. Esta es una de las claves que explica su sorprendente alianza con el conservador Partido Encuentro Social (PES).

 

El PES esta integrado por un amplio grupo de evangélicos y católicos ‘tradicionalistas’. Sus estatutos defienden vida, familia y libertades fundamentales. La singular alianza esta orientada a garantizar el coeficiente necesario para conservar su registro y obtener un inédito número de parlamentarios que los convierta - según su presidente Hugo Erick Flores - en la primera fuerza de derecha del país. Vieron un elefante imparable y se montaron en él. O, con otra figura, se montaron en la ola roja.

 

Además, según el periodista Ramon Alberto Garza, hay indicios de que PES es un instrumento del priista Miguel Ángel Osorio Chong, ex secretario de gobernación de Peña Nieto, masón y frustrado aspirante a la silla presidencial. Con el PES, a cambio de garantizar el respaldo de un sector de la ‘derecha’, el pragmático Chong tiene un pie dentro de un eventual ‘Republica Amorosa’ si el actual grupo en el poder se hunde. No va solo, le acompañan algunos sectores del narco y del crimen organizado.

 

Por si fuera poco, la coalición de Morena con el PES se completa con el Partido del Trabajo (PT), una rarísima sigla satélite de la ‘familia revolucionaria’, y afiliada al Foro de São Paulo, la mayor plataforma de organizaciones de izquierda del continente, fundada por el PT brasileño y por el Partido Comunista de Cuba, que contribuyó al la ola de gobiernos ‘rojos’ que plagaron América Latina entre 1998 y 2016.

 

La operadora de la agenda politica y de ‘valores’ de un eventual gobierno de esta coalición será Olga Sánchez Cordero, exministra de la Suprema Corte y una de las más entusiastas defensoras del activismo judicial en las agendas abortista y de género.

 

Anaya y las malas compañías

 

 

Ricardo Anaya Cortes es la antítesis del ‘mesías tropical’ que acabamos de presentar. Joven y de familia acomodada, su carrera política ha sido meteórica. Tiene trece anos de casado y tres hijos pequeños.

 

Pragmático, ambicioso, disciplinado y bien articulado su estrella comenzó a crecer cundo se desempeñó como diputado plurinominal del PAN. Fue presidente de la Cámara y uno de los principales articuladores para la aprobación de trece reformas estructurales presentadas por el presidente Peña Nieto. Allí mostró su valía como negociador y operador.

 

Entre 2015 y 2017 dirigió el PAN llevándole a una especie de ‘resurrección política’ en el país después de la debacle electoral de 2012. Desde esa plataforma construyó e impuso su candidatura presidencial, en el trayecto dejó una estela de heridos y desafectos. Para conseguir unidad en torno a su campaña tuvo que entrar en ‘campo’, hace no mucho, una grupo panistas históricos que fueron marginados por él.

 

Su programa de gobierno es, sin duda, el mejor y más articulado. Tiene más y mejores propuestas que sus adversarios: creación de una fiscalía autónoma, una profunda reforma fiscal, innovación tecnológica en la educación  y la gestión pública, diversificación de la matriz energética con fuentes limpias y renovables, etcétera.

 

Solo parece débil la promesa de establecer un programa de Ingreso Básico Universal para acabar con la pobreza extrema: 1 mil 500 pesos por persona, necesite o no del subsidio. Las cuentas no cierran y dónde se ha aplicado o esta en revisión o se ha cancelado, como en Finlandia.

 

Anunció también el fin del ‘pacto’ de impunidad que alimenta el sistema. Dijo que iría tras del presidente Peña y éste le respondió: usó la Procuraduría General de la República para amedrentarlo o llevarlo a prisión acusado de corrupción y lavado de dinero. No logró ni lo uno ni lo otro. El hecho revela que el panista va en serio.

 

La mayor proeza de Anaya parece ser también la principal debilidad de su candidatura: construyó una coalición para gobernar con dos partidos de izquierda: el PRD y el Movimiento Ciudadano (MC). El foco de la alianza es el cambio del sistema dando prioridad al combate a la corrupción, la impunidad la violencia y la miseria.

 

Anaya vio con claridad la emergencia de una ola roja enmarcada por el hartazgo y la descomposición del régimen. Para vencer a López Obrador sería necesario un amplio frente que integrara también a la izquierda, para dividirla, y lo logró. Se firmo un convenio a partir de lo que les une. Las enormes divergencias en temas fundamentales quedaron fuera y no concretaron una tregua.

 

En la práctica, los partidos aliados de Anaya enarbolan sin empacho su agenda radical contra la vida, la familia y las libertades fundamentales y nada pasa; pero cuando el candidato a la presidencia hace un guiño o da un paso en dirección de esa agenda ‘biopolítica’ una jauría se lanza contra él.

 

Esto deja perplejo al electorado tradicional del PAN, a los cristianos de diversas denominaciones y a los activistas que el año pasado sacaron a las calles a más de dos millones de personas para frenar iniciativas del gobierno federal en favor del aborto, el llamado ‘matrimonio igualitario’ y la ideología de género.

 

El PRD no es cualquier partido de izquierda. Aunque sufrió una masiva migración de militantes hacia Morena, continúa teniendo en sus filas a importantes actores políticos, como el jefe de gobierno de capital del país: Miguel Angel Mancera, un masón jacobino que impulsa una agenda progresista radical; es - nada más ni nada menos que - el padre de la polémica Constitución de la Ciudad de México, la peor del continente. Él coordina la agenda del gobierno de coalición.

 

Además, el PRD fue uno de las primeras siglas a integral el Foro de São Paulo, que estuvo muy cercano al proceso constituyente de la ciudad, a través de Marco Aurelio García, la eminencia gris de ‘Lula’. El Foro, de hecho, recibió su ‘bautismo’ en México, los anfitriones del segundo encuentro en 1991 fueron los ‘compañeros’ perredistas.

 

La coalición la completa el MC, dirigido por el expriista Dante Delgado Rannauro, y abanderado con la mayoría de sus gobernantes y parlamentarios la agenda liberal-progresista.

 

Dos miembros de la campaña de Anaya que también causan desconfianza son el panista Santiago Creel Miranda, un liberal que votó a favor de los puntos más polémicos de la Constitución de la Ciudad de México, y Jorge Castañeda, un académico y diplomático con estrechos vínculos con el progresismo internacional. Son sus coordinadores político y estratégico.

 

Pero ¿qué ha dicho Anaya sobre los temas relacionados a la vida y la familia?

 

Sobre el aborto: “Yo estoy a favor de la vida, pero en contra de que se criminalice a las mujeres” (en el diario Milenio).

 

¿Qué me estás preguntando, que si promovería el aborto? No, no lo promovería, no es binario, son dos respuestas. La primera es que estoy a favor de la vida, creo que ahí hay un ser vivo que tiene derechos por ser una persona, hay quien sí piensa que es parte del cuerpo de la mamá, yo respeto eso; y estoy en contra es que se criminalice a una mujer”.

 

“Estoy a favor de la vida. Quieres que lo frasee al revés, en contra del aborto. Nada más que tengo que aclarar, hay quien está en contra del aborto y quiere criminalizar a las mujeres; bueno, yo creo que no hay que criminalizar a las mujeres” (en la Universidad Iberoamericana).

 

Sobre el ‘matrimonio’ de personas del mismo sexo: “Ya lo resolvió en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y se tiene que acatar lo que resolvió la Corte. Yo estoy a favor de la tolerancia”, refiriéndose al fallo del colegiado en 2017 que declaró inconstitucional prohibirlo (en el diario Milenio).

 

A la pregunta “si su hijo fuera gay asistiría a su boda” respondió “por supuesto que sí”. Y luego, a la pregunta de si “¿cree en el matrimonio entre personas del mismo sexo?”, dijo: “Sí, creo en la libertad. Es un valor superior, y que México es un País de libertades, y creo, además de creer en la libertad, creo que debemos rechazar cualquier forma de discriminación, y tercero: soy abogado y ese asunto ya lo resolvió la Suprema Corte de Justicia de la Nación” (en la Universidad Iberoamericana).

 

Sobre la adopción para parejas del mismo sexo:  “no es un tema de legislación federal, en lo personal, creo que es algo que se tendría que repensar antes de ejecutarse” (en el diario Milenio).

 

Y sobre la legalización de drogas: “La mariguana para uso medicinal absolutamente sí y me parece increíble que México se haya tardado tanto tiempo en que la marihuana fuera legal para uso medicinal. Para uso recreativo tengo mis reservas y adelanto que es por un tema de salud pública. El modelo prohibicionista punitivo ha sido un absoluto fracaso en el mundo y los datos están a la vista: el consumo ha seguido aumentando y no me refiero a la marihuana sino a las drogas en general”.

 

Anaya se puso una pulsera de la campaña impulsada por el Frente Nacional por la Familia (FNF) y CitizenGo que invita a los candidatos a asumir una posición clara, sin “peros”, en estos temas. Se la puso en Zacatecas, pero no firmó ningún compromiso.

 

No se reunió públicamente con ninguna organización provida o profamilia. Hubo un encuentro, privado, con la dirección y miembros del FNF en el que dijo ser hombre de familia, contrario al aborto y a politicas públicas que lo promuevan, contrario también a la criminalización de la mujer.

 

Muchos, entre contentos y perplejos, si “no criminalizar”, en la práctica, no podría significar facilitar la el delito y abrir las puertas a su posterior legalización. Es el camino que se siguió en todos los países donde el asesinato de bebés en gestación es permitido.

 

Meade, cómplice o ingenuo

 

 

José Antonio Meade Kuribreña, el candidato del PRI no es priista. Es el primer candidato propuesto a la silla presidencial por esa sigla que no es militante del partido. Ese hecho evidencia el tamaño de la desesperación de la sigla. Y de los ‘capos’ tras de ella. El desprestigio por la descarada ineptitud y corrupción del gobierno Peña Nieto es descomunal.

 

Meade es un recurso. Una especie de higienizador, pero la mancha es generalizada y profunda, lleva sangre y mugre, y quien la provocó no quiere en realidad extirparla. El candidato es más bien un cosmético. Es realmente difícil que él no lo sepa; a menos de que sea un hombre gigantescamente ingenuo.

 

Se crió en una familia cercana a los círculos del poder. Su padre, Dionisio Meade sí militó en el PRI desempeñando cargos de perfil más técnico relacionados a asuntos económicos. De 1997 a 200 se desempeño como diputado de la entidad.

 

Tras la derrota del PRI en el año 2000 se retiró a actividades privadas hasta 2005 cuando fue designado subsecretario de Enlace Legislativo de la Secretaría de Gobernación por su entonces titular, Carlos Abascal Carranza. Se retiró de nuevo en 2006.

 

José Antonio Meade, por su parte, es un hombre con amplia experiencia en la administración pública. Fue secretario de Energía en el gobierno del panista Felipe Calderón, y titular de tres pastas en el presente sexenio de Peña Nieto: Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda.

 

En general, tiene buena reputación pero se cierne sobre él la sospecha de haber fraudado o encubierto el desvío de 540 millones de pesos en la Secretaría de Desarrollo Social en una operación que inició con su antecesora Rosario Robles. En México, ser priista o trabajar en gobiernos del PRI - aunque no nada más - es sinónimo de convivir con la corrupción u operarla. Las excepciones son raras.

 

Sería un buen candidato en otro partido. Sobre él pesa una pesada losa que se llama “PRI”. Nadie cree la posibilidad de que rompa el pacto de corrupción e impunidad ni que pueda realmente desembarazarse de los pactos del sistema con el crimen organizado.

 

Un eventual triunfo suyo representa claramente la perpetuación del actual sistema. Más corrupción, más saqueo, una mayor expansión del crimen organizado. El viejo PRI corrupto y masónico también está con Meade. Su silencio es ensordecedor. El PRI recurrió a él para cubriera las sombras del gobierno actual.

 

Además el PRI bajo de Peña Nieto radicalizó la agenda progresista que venía impulsando desde los años setentas y que afectó, aunque en menor medida, a los gobiernos del PAN. En este sexenio se impulsó la ideología de género en el sistema educativo, la identidad de ‘género’ y el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo.

 

Y sobre todo la expansión del aborto a través de una más permisiva reglamentación de la Norma Oficial Mexicana (NOM) 046 que permite el aborto con la simple denuncia verbal de haber sido forzada a tener sexo, incluso en menores de edad sin autorización de su padre.

 

Meade ha guardado silencio o hasta apoyado algunas de estas acciones del gobierno: especificamente el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo. Se sabe que es un hombre genuinamente religioso, ¿pero porque en 20 años de servicio público no se le vió sumando a la causa provida y profamilia?

 

Es el único candidato que se encontró con una organización que trabaja en pro de esa agenda de valores a principios de junio. En ese ambiente confortable, donde su esposa Juana Cuevas es querida y conocida, aseguró que defiende la vida desde la concepción y hasta la muerte natural, la familia y que es contrario a la ideologia de género. De hecho, allí, se puso la pulsera del FNF - CGo pero tampoco firmó nada.

 

En un ambiente mas hostil, en entrevista con Milenio, Meade colocó algunos “peros” a sus convicciones.

 

Sobre el aborto: “Estoy a favor de la vida. Hay que distinguir en el Código Penal único. Lo que toca es distinguir en los congresos locales todos esos temas y hay lo que toca resolver, la mía, personal, yo soy una gente de fe y valores, y respeto la ley".

 

A la pregunta "¿Una mujer que aborta no tiene valores?” Respondió: "Sí, sí los tiene y por eso respeto la ley y respeto la definición que ahí se tome y lo que la Corte resuelva. Estoy a favor de que se respete la ley y la Constitución”.

 

¿Y si una mujer es violada? "Estoy a favor de la ley y de que se respete la Constitución y creo en un Código Penal único que la definición que debe ser única es la de la violencia, los delitos que tengan consigo violencia, esos son los delitos que tendrían que estar en el Código Penal único”.

 

Sobre ‘matrimonio’ homosexual: “Yo lo que he dicho, y he sido absolutamente claro, es que estamos a favor del respeto, en favor de la ley, y estamos en favor de lo que la Constitución ha resuelto", afirmó. Soy un hombre de valores, y los vivo, y tengo derecho a vivirlos. No me toca definirlos ni politizarlos, la Corte ya resolvió a favor de los derechos humanos”.

 

En Radio Formula afirmó sobre la adopción por parte de parejas homosexuales: “El marco constitucional pone un límite de hasta donde pueden los valores ser relevantes en los debates. Nuestro marco constitucional lo refiere a las cortes y legislaturas locales y ahí es donde debe dirimirse”.

 

Sobre legalización de las drogas: “se debe empujar el debate para llegar a un consenso y homologar… con una visión global”.

 

¿A cuál Meade debemos de creer? Al del encuentro con familias o al que esta ante los medios.

 

Un factor que complica el cuadro

 

Para aquellos ciudadanos que pasan su voto bajo la criba de los valores la situación es extraordinariamente compleja. ¿Por quién votar? No hay un candidato totalmente provida y profamilia.

 

Un factor más que complica tremendamente el cuadro: López Obrador va al frente en todas las encuestas, con una ventaja que va de 5 a 20 puntos porcentuales sobre el segundo lugar, que en todos los casos, también, es Ricardo Anaya. El voto provalores se divide entre Anaya y Meade, pero México no tiene segunda vuelta electoral. Se lo juega todo en una sola elección, este 1 de julio.

 

Las preguntas ideales deberían ser “¿quién puede aportar mayores condiciones de bien común donde la dignidad de la persona humana, su vida, las familias y sus libertades fundamentales puedan ser protegidas y desarrolladas?" o "¿qué candidato posibilita un mayor y más favorable margen de acción para hacer avanzar la agenda de valores?"

 

Sin embargo, con realismo, en este momento la pregunta que se impone es ¿quién puede efectivamente cerrar el paso a López Obrador?

 

Diversas inercias y el desprestigio de las encuestas que registran en ocasiones hasta 24 por ciento de indecisos dificultan el discernimiento por el voto útil. Con todo, los datos que arrojan no pueden ser ignorados, pues son los únicos con los que contamos.

 

México se juega mucho el domingo en una apuesta que tendrá consecuencias imprevisibles. Esa apuesta debe partir del hecho de que ninguno de los candidatos es realmente un político provida y profamilia.

 

Solo el voto libre y consciente, realista y desapasionado, responsable y valiente, a pesar de las evidentes limitaciones aquí expuestas, puede incidir en el resultado de la elección del domingo y evitar una profunda regresión democrática en el país.

 

[ D'Vox ]

 

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