Anaya es el único candidato que podría refundar el sistema político mexicano

25.06.2018

 

Desde hace seis años, que no milito en ningún partido, poco he utilizado espacios públicos para manifestarme sobre cuestiones políticas. Algunos me lo han reclamado y otros me lo han agradecido. La actual situación del país me hace sentirme obligado a expresar mi opinión frente al actual proceso electoral.

 

Voy a votar por Anaya y debo explicar porqué.

 

Esta elección es, como lo dicen muchos analistas y los propios candidatos, una coyuntura para decidir el rumbo de país. Las dos preguntas básicas son: ¿Qué rumbo implica cada opción para el país, para mi comunidad y para mí mismo?

 

Yo imagino un rumbo que corrija lo que a todas luces está mal: la violencia en las calles, la creciente desigualdad, la corrupción dentro y fuera del gobierno.

 

Pero también imagino un rumbo que no descarrile lo que se ha hecho bien, y que los mexicanos desafortunadamente nos negamos a ver, aunque en el extranjero se reconozca.

 

Me refiero a la disminución de la pobreza extrema, el incremento de expectativa de vida, la economía diversificada que ya no depende del petróleo, un país sin grandes devaluaciones, un nivel inflación que ha permitido créditos para que la clase media adquiera viviendas y bienes, así como reformas como la educativa o la de telecomunicaciones que están pensadas para beneficiar al ciudadano antes que a burócratas o grandes capitales.

 

¿Es Andrés Manuel López Obrador (AMLO) esa opción?

 

No.

 

Debo aclarar que el candidato de la alianza de Morena, del Partido del Trabajo (PT) y del Partido del Encuentro Social (PES) me parece un hombre bien intencionado pero no adecuado para la Presidencia.

 

Para empezar, la propuesta de amnistía para acabar con la violencia es tan absurda que ya poco la menciona y, si lo hace, es para evadir el tema y referirla justo para los no violentos: los campesinos y niños obligados a colaborar con el narco. No hay un solo incentivo para quienes secuestran, asaltan en la calle, queman en ácido y ganan millones de dólares para dejar de hacerlo porque el 'líder supremo' se los pide.

 

Por otra parte, la idea de acabar con la corrupción a través del ejemplo personal no solo no tiene bases a partir de su historia personal (los actos de corrupción y de poca transparencia en su gobierno fueron sonadísimos), sino que es peligrosa y parte de su visión autoritaria.

 

Su desprecio por la participación ciudadana y los órganos autónomos, que elementos constitutivos para los mecanismos de solución de este problema en otros países, me muestra que con AMLO vendrían años de saqueo, rodeado por gente como Napoleón Gómez Urrutia, 'Napito', Ricardo Monreal o René Bejarano.

 

Con respecto a la desigualdad, tampoco veo algo más allá de un discurso hueco.

 

Me preocupa que las pocas propuestas económicas que hace tienden a romper con la estabilidad y la apertura comercial que nos ha permitido pasar, poco a poco, de un campo en el que los productores son utilizados políticamente cada año a cambio de limosnas para sacar adelante sus cultivos de maíz o frijol, a un campo que, en algunas regiones del país, ya compite en el mercado global y ya no puede ser manipulado a cada 3 años por los políticos.

 

Yo quiero que ese camino siga, así como en Jocotepec o Ciudad Guzmán donde los productores han logrado romper la inercia de pobreza; imagino un México en que cada región produce lo que le permite competir a nivel mundial. AMLO propone lo contrario: volver a los subsidios, cerrar las fronteras, contar con campesinos pobres que requieran dádivas.

 

Su idealización de la economía estatista de los años setenta no tiene bases empíricas sino ideológicas y se aprovecha de la inconformidad que hay hacia el régimen de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, aquellos años de hiperinflación, devaluaciones, escasez, tan parecida a la actual Venezuela, poco son recordadas por los mexicanos.

 

Basta un dato: el gasolinazo en la época de López Portillo fue del 852%, pues la gasolina pasó de 2.10 a 20 pesos por litro. El modelo económico de AMLO, generó un gasolinazo 8 veces peor que con Peña.

 

Por último, AMLO es la reconstrucción descarada del autoritarismo priísta. No solo por la gran cantidad de personas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que hoy son sus candidatos o integran su círculo más cercano.

 

Sus pactos con lo peor del PRI, como con los Duarte, a los que ya defiende, con Televisa y TV Azteca, con los peores ejemplos del sindicalismo como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y Elba Esther Gordillo, además de sus ataques a la Suprema Corte de Justicia, al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), y a la sociedad civil, nos hablan de una reedición del autoritarismo que coloca en riesgo de perder libertades y espacios de opinión a quienes pensamos diferente.

 

No es casual que intelectuales como Enrique Krauze, Gabriel Zaid o Héctor Aguilar Camín estén advirtiendo sobre el régimen que viene si AMLO gana las elecciones,  viene. No hablo de rumores: estas alianzas son abiertas y a nadie deberán sorprender en un futuro.

 

¿Es Anaya la solución a todos los problemas?


No lo creo.

 

El candidato del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Movimiento Ciudadano (MC) es un hombre talentoso, que aprende rápido, que sabe escuchar. Si bien sus posturas frente temas económicos y de educación hablan de seguir un camino responsable, no veo respuestas ante temas como la desigualdad, más allá del Ingreso Básico Universal.

 

Creo que la postura de enfrentar la inseguridad atendiendo causas de fondo y fortaleciendo una policía nacional son sensatas pero falta explicar los 'cómos'. También creo que ni él ni AMLO están probados ante los grandes retos del país.

 

Sin embargo, a diferencia de López Obrador, Anaya será un presidente balanceado por sus propios aliados e incluso por sus adversarios, lo cual podría permitir una verdadera refundación del Estado Mexicano. El propio pragmatismo de los políticos los deberá obligar a repensar el orden actual de impunidad y desigualdad. Y la violenta embestida del régimen de Peña contra Anaya me indica que no hay un pacto de impunidad como el que ya ha presumido AMLO.


Por último, tengo la convicción, como se lo digo a los clientes de la consultoría y a mis alumnos, que este siglo será de los líderes, empresas y países que entiendan que el mundo está cambiando permanentemente, que estos cambios son previsibles cuando ponemos atención a otros sectores y que la tecnología y la sociedad están evolucionando a ritmos paralelos porque se están retroalimentando.

 

Desigualdad, medio ambiente y seguridad, por ejemplo, requieren mucha innovación, soluciones completamente diferentes a las que hemos conocido y la humildad de entender que el gobierno solo no puede. Ricardo es de los pocos políticos que lo entienden y por eso tengo confianza que si de algún candidato podría salir la innovación que requieren México y sus gobiernos, es de él.


En resumen:


AMLO me parece el regreso a un pasado autoritario, con una propuesta económica que nos va a cerrar al mundo y va a romper la estabilidad económica del país, generando aún más desigualdad; él me parece incapaz y su equipo más cercano corrupto y lleno de oportunistas. Veo un pacto entre el viejo PRI y él, en el que se conservarán los antiguos privilegios que es lo que sus votantes más rechazan. El riesgo de inestabilidad social es altísimo ante la decepción que sufrirán.


Anaya quizá no es la solución a todo, pero al menos será un presidente acotado al que podremos obligar a reconfigurar el orden de cosas que hasta ahora ha permitido la corrupción y la desigualdad, no descompondrá lo que se ha hecho bien y de paso, llevará a mejor puerto el proceso de modernización del país.


Por eso voy a votar por Ricardo Anaya.

[ D'Vox ]

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Eduardo Rosales es ingeniero y consultor de empresas, maestro en administración publica por la Universidad de Harvard y en políticas públicas por la Universidad de Princeton. Es fundador y socio de Socialinks y profesor en Gestión Pública en el ITESO. Fue secretario de Interior en el Gobierno del Estado de Jalisco y presidente del Partido Acción Nacional (PAN) en esa entidad federativa.

 

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