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Argentina: el tatu carreta y el aborto

17.06.2018

 

Hace algunos meses, un camión de la Compañía Estatal de Energía Eléctrica (CEEE) pasó por la calle de mi casa podando árboles, retirando las ramas que interferían con la red de distribución de la empresa. En el árbol que esta frente a mi hogar había un nido de pajaritos. Cuidadosamente, los operadores del servicio lo preservaron y la rama, aunque estorbaba, continuó allí, saludable con su 'cuna' de ramitas, proporcionando un pequeño y elocuente testimonio de defensa de la vida. Tiempo después, abandonado el nido por sus minúsculos moradores, el camión volvió y removió la rama que allí estaba, apuntando, alegoricamente, para la bóveda celeste y para el Creador.

 

El pasado jueves 14 de junio, después de casi 24 horas consecutivas de sesión, la Cámara de Diputados de Argentina aprobó, por una diferencia de cuatro votos, el proyecto de ley que descriminaliza el aborto hasta las 14 semanas de gestación. Fuera del recinto, en torno a hogueras para calentarse durante la fría noche porteña, dos grupos distintos se confrontaban en defensa de sus convicciones: de un lado los provida, de otro los proaborto.

 

Después de la votación, jóvenes feministas se abrazaban con lágrimas y emoción ¿Emoción? ¿Qué especie de emoción es esa que festeja el genocídio de seres humanos en su más indefesa condición? Es de un cinismo incalificable ver la imagem de un feto con 14 semanas de gestación y fingir no saber lo que es, tratándolo como una 'cosa' que se puede 'descartar'. ¿Cómo no reconocer allí un ser humano? ¿Uma vida diferente de la vida de la madre?

 

Se espera que los senadores argentinos rechacen el proyecto, pues de ellos se dice que son más conservadores. ¡Larga vida, entonces, a los conservadores! La edad tal vez los ayude a comprender obviedades que, en la juventud, oscurecen ante el imperio de los impulsos personales y del interés propio. Entre tales obviedades se incluye la consciencia de que la natureza, la vida y la dignidad de la persona humana exigen protección legal y esto no es un planteamiento religioso. Me impresiona, por eso, la frialdad casi inhumana con que Occidente, moralmente dañado por la cultura de la muerte, viene tratando esa cuestión, legalizando el aborto como un “derecho de la mujer”, a ser ejecutado por el Estado “de modo seguro y gratuito”. Claro, el orgasmo es de la pareja y la cuenta del crimen, nuestra.

 

La misma República Argentina cuya Cámara de Diputados legalizó el aborto libre hasta las 14 semanas de la concepción (¿de la concepción de quién?) mantiene excelentes reservas naturales, como la de Formosa para salvaguardar a los armadillos gigantes, también conocidos como 'tatus carretas', en su área de reproducción. Nuestros vecinos protegen, igualmente, bajo el estatuto de monumentos naturales, algunas de sus especies animales, como la taruca, la ballena franca austral, el huemul, el aguará guazu o lobo de crin, y plantas como el pino de cerro.

 

Ningún ser humano civilizado va a un nido de pájaros a destruir sus huevos y nadie pone en duda la naturaleza del pequeño ser vivo llamado a romper el cascarón desde dentro.  Sin embargo, parlamentarios, periodistas militantes, feministas, globalistas financiados por George Soros, partidos y organizaciones de izquierda luchan para imponer a la cría de ese animal que llamamos hombre, desde el vientre materno, perversidades que no admitirían en relación a sus mascotas.

 

[ D'Vox ]

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Percival Puggina es miembro de la Académia Rio-Grandense de Letras, arquitecto, empresario, político y escritor, integrante del grupo Pensar+.

 

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