Decretado está que enfrentemos el peso de la galerna contra corriente

11.06.2018

 

Esta semana que termina se entabló una dura y ardua batalla por la vida, la familia y la libertad en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Por fin llegó una palabra de condena para el régimen dictatorial que se ensaña con los  venezolanos. A la vez, se infligió una importante derrota del robusto 'lobby progresista'  que opera al interior del organismo hemisférico.

 

A veces parece que la intensa marea y las olas descomunales amenazan con hundir nuestro barco. Con su bramido pontifican nuestro fracaso. Rugen. Revientan en proa y popa; a estribor y a babor. Nos estrujan. En la oscuridad todo parece perdido. Porque - recuerde - "el alba esta muy lejos".

 

Contra toda expectativa, seguimos a flote. Se mueve. Ellos "caen y se hunden". Escuchamos - débiles y armados solo de generosidad fraterna - un "no tengan miedo".

 

Como dice Kipling - que sabe de batallas - : "decretado está que enfrentemos el peso de la galerna contra corriente y esas olas inmensas que el mar abierto contra nosotros envía para detenernos".

 

A las naciones de Paraguay, Guatemala y Santa Lucia que - resistiendo a fuertes presiones - asumieron la voz de los que quieren ser callados, y a todos los que febril y abnegadamente se gastaron por el bien de sus hermanos, a ellos este Canto como muestra de amorosa gratitud.

 

Son ellos precisamente los que saben y nos recuerdan que la travesía no ha acabado: "Que no busque nadie su descanso".

 

'El Cono de la Tormenta'  fue escrito en 1931 por Rudyard Kipling. Abre estas líneas 'Shipwreck' del pintor ruso Ivan Aivazovsky, 1856, Sphinx Fine Art, Londres.

 

 

[ El Cono de la Tormenta ] 

 

 

Esta es la media noche - que ninguna estrella

nos engañe - el alba está muy lejos.

Esta es la tempestad hace tiempo anunciada -

ve despacio para avanzar seguro y resistiendo.

 

Atento. Entre ráfaga y ráfaga la calma

señala que está cerca la tormenta, no pasada;

y peor que el riesgo presente

puede ser mañana la desolación.

 

Si hemos salvado el escollo expectante,

que no busque nadie su descanso.

Sólo la oscuridad esconde los perfiles

de próximos peligros que evitar.

 

Decretado está que enfrentemos

el peso de la galerna contra corriente

y esas olas inmensas que el mar abierto

contra nosotros envía para detenernos.

 

Caen y se hunden. Nos esforzamos por oír

el pulso de su mecanismo en movimiento

hasta que un rumor hondo bajo nosotros prueba,

tras cada vibración y parada, que se mueve.

 

Se mueve, enteramente para alcanzar

el propósito perdido de dejar atrás la costa;

mas, hasta que llegue al mar abierto,

que no le considere nadie en libertad.

 

Traducción de Luis Cremades.

 

[ D'Vox ]

 

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