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El país paró. No es Venezuela, es Brasil.

26.05.2018

En la mayor ciudad de Brasil - y la tercera del mundo - no hay combustible. Solo un puesto, uno, tiene aún alguna reserva de gasolina y el precio esta en las nubes. En Río de Janeiro y en Belo Horizonte, la segunda y la tercera mayor conglomeración urbana del país, el cuadro es similar. En cada una, se cuentan con una mano los puestos que aún dan servicio.

 

São Paulo y Río de Janeiro decretaron estado de emergencia. Otros municipios brasileños han hecho lo mismo. Centenas. Tan solo en Minas Gerais, el mayor estado del país, son 200 en esa situación.

 

Taxis, ubers, ómnibus interurbanos o interestatales han parado. El servicio de transporte público ha parado u opera con un porcentaje bajo de su flota. Los 65 aeropuertos que concentran el 98 por ciento del tráfico aéreo funciona con limitaciones y registran un alto índice de vuelos cancelados. Catorce no tienen ya como abastecer aeronaves.

 

Los puestos de salud de incontables ciudades están cerrados o atienden sólo emergencias. Muchos hospitales - públicos y particulares - han cancelado cirugías, realizan solo aquellas consideradas de urgencia. La mayoría de las escuelas y universidades del país han suspendido clases. Algunas fabricas han interrumpido su producción.

 

Hay desabasto de alimentos y difícilmente se encuentra donde comprar gas doméstico. Un kilo de patatas puede llegar a ser vendido por el equivalente a 10 dólares. El hambre comienza a golpear las puertas de los más pobres, especialmente de aquellos que reciben su pago al final de cada día, como las funcionarias domésticas conocidas como 'diaristas' o los albañiles que cobran por jornada.

 

No es Venezuela. Es Brasil.  El país paró.


Es el séptimo día de huelga de los transportistas. [d'vox]

 

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