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Esquivel, Esquivel, consiga algo decente para hacer

16.05.2018

 

“En Cuba se practica la coherencia entre el decir y el hacer, y al ser coherente, sigue una línea en la que se practican y sostienen los derechos humanos con una dimensión integral en la cual el pueblo es el eje central”. Esta frase fue dicha por Adolfo Pérez Esquivel en mayo de 2016, al dirigirse a sindicalistas argentinos en una conmemoración de los 90 años de Fidel Castro.

 

No sigo de cerca la vida y obra de Esquivel, premio Nobel de la Paz, pero conozco el arquetipo. Forma parte de aquel grupo de militantes comunistas preservados dentro del armario para no desacreditar su performance cuando son convocados a socorrer a compañeros en dificultades en cualquier parte del orbe.

 

Se presentó en Brasil para 'inspeccionar' las instalaciones donde esta detenido por corrupción el expresidente Luiz Inacio 'Lula' da Silva. Obviamente, las autoridades le negaron el 'pedido'. La ruidosa presencia de Esquivel, uniéndose a los que quieren transformar la prisión de la Policía Federal de Curitiba en sala de visitas y Comité Operativo de Emergencia del petismo, me llevó a dar una ojeada en sus actuaciones. ¡El hombre se presta para todo! Esa frase que coloqué como epígrafe, así como el contenido entero de esa conferencia, es tan ridícula como su propuesta de nominar a Lula para premio Nobel de la Paz. O como su otra visita a Brasil, en 2016, siempre con la mano izquierda erguida, para oponerse al 'golpe' contra Dilma Rousseff.

 

Las dos caraterísticas que más me sorprenden en este tipo humano y en sus actitudes es que son infatigables y que presuponen - como un hecho dado - que somos ingenuos. No se cansan de desempeñar su papel ante nuestra mirada incrédula. ¿Cómo puede alguien recorrer el mundo como reverenciado atleta de los derechos humanos y ser un constante adulador de la sexagenaria dictadura castrista? ¿O declarar, cómo el 17 de febrero de 2014 que "hay una clara intención (de los Estados Unidos) de desestabilizar no solo la economía sino también la acción social y política" en Venezuela? Y más: cuando Mauricio Macri, recién electo, quiso usar la cláusula democrática del acuerdo del Mercosur para expulsar a Venezuela del bloque, Esquivel salió en defesa de aquel régimen asesino donde “no solo hay habitación digna, sino también educación, salud y médicos en los barrios".

 

La creativa deshonestidad intelectual de esos verdaderos charlatanes del circo político no tiene límites. Veamos, por ejemplo, el escenario del tal "golpismo". Lula asumió la presidencia en 2003 y ya en 2005, incomodado, mirando hacia arriba, como víctima, diciendo traicionado, apuñalado por la espalda, daba cabriolas para apartar de sí el escándalo de compra de parlamentares denominado 'Mensalão'. Años más tarde, el 'compañero' Joaquín Barbosa – redactor de aquella acción penal – hizo un esfuerzo inmenso, pero cumplió su papel. Libró a Lula y echó la culpa en José Dirceu, su ministro de Casa Civil. Y los 'golpistas', ante el 'Mensalão', ¿pidieron el impeachment de Lula? No. Un año más tarde, Lula fue reelecto, la irresponsabilidad ganó nuevo aliento; ¿y los 'golpistas'? Quietos. Cuatro años más, la 'magnífica candidata gris', sin más carisma que el de su jefe, fue electa. Y los 'golpistas' continuaron viendo la banda presidencial pasar de mano en mano. Vino la operación 'Lava Jato', ¿y los 'golpistas'? nada. Dilma fue reelecta. Y los 'golpistas' continuaron como si no les incumbiera. El Congreso Nacional, por cierto, durante un buen tiempo, persistió como mero observador de los hechos, cada parlamentario cuidaba de la propia retaguardia. Fue ante la opinión pública y el mundo jurídico que la situación del gobierno se tornó insostenible. El Congreso les secundó. Y Esquivel llegó corriendo, con el puño en alto.

 

Hago este relato porque el Partido de los Trabajadores (PT) viene, desde hace años, siguiendo el mismo protocolo: hechos inconvenientes exigen ser 'desmentidos' con otras versiones impuestas por repetición. Así como el "extraordinário desarrollo social de Brasil" fue una versión impuesta por repetición, aunque desmentida por 14 millones de desempleados, era imperioso afirmar el 'golpismo' del impeachment, a pesar de todo el rigor con que fue conducido en el Congreso, bajo severa vigilancia del Supremo Tribunal Federal, a lo largo de más de un año.

 

Ahora, la misma cantaleta se renueva a las puertas de la cárcel de la Policía Federal exigiendo inspecciones humanitarias, a pesar de la privilegiadísima condición prisional que el juez Sergio Moro proporcionó al condenado Lula y que la jueza de ejecuciones criminales ha sostenido. Y el falsario defensor de derechos humanos está allí, de puño erguido. Es con gente de ese perfil que el PT cuenta para su proselitismo.

 

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Percival Puggina es miembro de la Academia Rio-Grandense de Letras, arquitecto, empresario, político y escritor, integrante del grupo Pensar+.

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