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'El feminismo cometió un grave error al difamar la maternidad', Camille Paglia

10.05.2018

 

Camille Paglia, la polémica feminista, profesora de la Universidad de las Artes de Filadelfia, visita con cierta frecuencia Brasil. Hay lazos intelectuales y afectivos que la unen a esta tierra. En 2015 concedió una interesante entrevista a la periodista Fernanda Menade. Fue publicada por el periódico brasileño Folha de São Paulo el 24 de abril de ese año.

 

En ella, Paglia lanzó una severa crítica al feminismo por haber difamado la maternidad, engañando a generaciones enteras respecto a este tema, y defendió que las nuevas generaciones sean informadas con objetividad lo que la biología dice al respecto: la maternidad es connatural a la mujer y la fertilidad acaba con los años.

 

En esta semana en la que varios países latinoamericanos celebran el Día de la Madre traducimos las partes de la entrevista que consideramos más significativas a este contexto. La maternidad, esa 'fuerza poderosa', el valor de tener hijos joven, la obsesión enfermiza por el 'género' y la decadencia de nuestra cultura, son algunos de los tópicos abordados.

 

Considere, al leer el texto, que quien habla no es ningún militante de movimientos profamilia. La académica se considera a sí misma atea, feminista "cien por ciento", y ha tenido como compañeras afectivas a otras mujeres a lo largo de su vida. Pero en ella hay algo que hoy es difícil de encontrar en el mundo académico: honestidad intelectual y aprecio por el sentido común. 

 

¿Usted es feminista o antifeminista?

 

Ciertamente soy una feminista. Cien por ciento. Los motivos por los cuáles discuerdo de buena parte de las feministas de hoy es que mi militancia comenzó al inicio de los años sesenta, antes del giro que tuvo el movimiento al final de aquella década.

 

Di una clase la semana pasada en la cual hablé de la película The Philadelphia Story (en Latinoamérica y en España fue divulgada con los títulos Historias de Filadelfia o Pecadora Equivocada), con Katharine Hepburn. La madre de la actriz era una de las lideresas de la campaña por el voto femenino, y la propia actriz, antes de la Segunda Guerra Mundial, participaba de las manifestaciones de sufragistas.

 

Yo estaba obcecada también por Amelia Earhart, pionera de la aviación y una de esas mujeres emancipadas de las décadas de veinte y treinta. Admiro mucho a esa generación de mujeres porque no atacaban a los hombres, no insultaban a los hombres y no apuntaban a los hombres como la fuente de todos los problemas de las mujeres.

 

Lo que ellas pedían era igualdad de condiciones en los ámbitos profesional y político, y querían demostrar que podían obtener las mismas conquistas de los hombres. Era como decir: "somos como los hombres, admiramos a los hombres, amamos a los hombres".

 

Hoy en día, las feministas culpan a los hombres ¡por todo! Exigen que los hombres muden, quieren que piensen y se comporten como mujeres, desean que el protagonismo masculino sea reducido. Ese es el terrible problema del feminismo contemporáneo, porque, en última instancia, eso esta haciendo a las mujeres retroceder y las está debilitando. En general, las mujeres de hoy no son tan fuertes.

 

Por que pienso así hay personas que me llaman antifeminista. Pero no: yo soy opositora de la actual ideología feminista, que esta enferma, es indiscriminada y neurótica. Y, aún más, no permite a la mujer ser feliz.

 

Las mujeres necesitan responsabilizarse por sus vidas y parar de culpar a los hombres por sus problemas, que tienen que ver más con cuestiones y estructuras sociales y no son fruto de una 'conspiración' masculina.

 

Si los hombres se parecieran más con las mujeres, como usted dice que desean las feministas de hoy ¿qué acontecería?

 

Las mujeres quieren que los hombres se comuniquen como ellas. Pero, en toda la historia de la humanidad, las mujeres convivieron más con otras mujeres y los hombres con otros hombres. En muchos aspectos, eran mundos 'separados'. Las mujeres cuidaban de los niños, de la casa y de la alimentación. Los hombres cazaban y realizaban trabajos pesados. Se de eso porque mis cuatro abuelos eran agricultores italianos, y mis padres nacieron en ese ambiente. Soy la primera generación que creció fuera de esa estructura.

 

El problema es que hoy las mujeres, educadas y ambiciosas, quieren entrar en el nuevo mundo burgués del trabajo en oficinas, que es parte del legado de la Revolución Industrial. Entonces, tenemos un nuevo mundo en que hombres y mujeres trabajan lado a lado en las oficinas, en que la división de trabajo entre hombres y mujeres no existe. Se les exige anular sus diferencias sexuales para encajarse en esa realidad, porque ambos son 'unidades' de trabajo.

 

Es frustrante para los dos porque, en ese ambiente neutro, en que las mujeres ganaron mucho poder, las diferencias sexuales quedaron relegadas, y cuando cualquier hombre se comporta como hombre provoca reacciones negativas.

 

[...] Para las mujeres, la etapa profesional se convierte - con frecuencia - en un periodo terrible de infelicidad, pues tienen dificultad de ajustar la 'mujer del trabajo', que tiene poder y conquistas, con la 'mujer emocional', una arena donde las habilidades profesionales no funcionan.

 

Veo gran infelicidad entre mujeres con carreras exitosas que quieren que los hombres sean menos 'hombres'. Esperan que, al llegar a casa, en la noche, él se comunique con ella como lo hacen sus amigas o sus amigos gais. La mayoría de los hombres heterosexuales jamás serán hábiles en el arte del análisis emocional. Y no se puede pedir 'perfección' de los hombres como si estuviéramos en una oficina.


[...] Para los hombres también es frustrante porque, cuando la mujer le exige características que no le son propias se cuestiona en que consiste su masculinidad. Se preguntan quién son.

 

¿Cómo se manifiesta esa crisis de masculinidad?

 

De diversas formas. Me preocupa mucho una de ellas. La epidemia de yihadismo, que es un llamado distorcido a la masculinidad y está atrayendo a jóvenes occidentales. Hay allí una idea de que, finalmente, hombres pueden ser hombres, y vivir el riesgo.

 

La ideología del yihad emerge en una era donde hay un vacío de masculinidad, al que contribuyó, en alguna medida, el rígido sistema actual de carreras profesionales y la concepción que se tiene del 'éxito'. El Estado Islámico, por ejemplo, usa videos para proyectar otra narrativa. El sueño de que jóvenes varones pueden abandonar sus casas, integrar la hermandad y lanzarse en una aventura viril por meses, en la cual corren riesgo de muerte. Antes, había muchas oportunidades de aventura y entrega para los jóvenes. Hoy, sus vidas son como las de prisioneros: presos a un sistema profesional, si quieren tener éxito, presos a una oficina, sin oportunidad para la acción física o la aventura.

 

El sistema occidental de carreras se tornó tan elaborado e inflexible que está propiciando, como en el Imperio Romano, la llegada de bandos de bárbaros. Es difícil para la clase media entender la fascinación por el riesgo y la muerte, o el sentido de pertenencia a una hermandad.

 

Me preocupa políticamente la incapacidad de las élites para responder a ese movimiento. Y parte de ello es una revuelta de los hombres y una búsqueda por el sentido de la masculinidad. El mundo ocidental se tornó tan materialista, y todos están pensando sólo el su próximo departamento, carro o empleo, que somos muy lentos para comprender y dar respuesta a ese tipo de fenómeno.

 

¿Cómo revertir hoy el desencuentro entre hombres y mujeres?

 

El feminismo cometió un gran error al difamar la maternidad. Cuando la segunda ola del feminismo comenzó al final de los años sesenta e inicio de los setenta fue afectada por las ideas de Gloria Steinem, que predicó la desvalorización de la mujer como esposa y madre, y la idealización de la mujer profesional como aquella que es realmente libre y digna de admiración.

 

Betty Friedan, a quién respeto mucho, comenzó la segunda ola del feminismo al co-fundar la Organización Nacional para las Mujeres, en Estados Unidos, en 1967. Ella era casada, tenía hijos, y quería que el feminismo fuese una gran casa de campaña que incluyera y acogiera a todos. Pero Gloria Steinem formaba parte de un tipo diverso. Un grupo de mujeres que solo se casaron al final de la vida y no tuvieron nunca hijos. Había en ellas un tono de insulto al tratar la maternidad.

 

Mi análisis de las relaciones sexuales, en el libro Personas Sexuales (Sexual Personae, 1990), es que la imagen de la madre es extremadamente poderosa. Toda persona emerge del cuerpo femenino, del útero, y el feminismo cometió un error al intentar eliminar la importancia de ese hecho existencial, queriendo verlo como un proceso mecánico. La imagen mitológica de la madre es muy poderosa para todo hombre en un nivel psicológico. Todo joven necesita 'librarse' de su madre. Y todo hombre que tiene relaciones sexuales con una mujer, vuelve al útero.

 

[...] Muchos de los comportamientos machistas, arrogantes y estúpidos, son formas equivocadas en las que el hombre quiere afirmar que no esta bajo el poder de la mujer, que no es ya un infante. Representan el miedo al poder de la mujer, del útero y de la creación. Cualquier persona que intente colocar eso en un molde racionalista estará errando el camino.

 

¿Y es eso lo que el feminismo está haciendo?

 

Si. El feminismo es racionalista. Esta intentando 'reparar' mecanismos sociales, quiere 'arreglar' la sociedad con sus leyes contra la discriminación y a favor de cuotas para mujeres. Yo creo que la igualdad de condiciones y un orden jurídico que garantice la igualdad fundamental entre hombres y mujeres son necesarios, pero ir más allá no va a resolver los problemas entre los sexos porque lo que existe allí es consecuencia directa de la biología, que es abiertamente ignorada.

 

Hay cada vez más personas con ideas estúpidas, derivadas de Michel Foucault, que niegan la existencia del género como algo arraigado en el sexo. Dicen que 'género' es algo impuesto por la sociedad, que no hay base biológica para definirlo. ¿Esas personas estan locas?  ¿No saben que cualquier persona nació de un cuerpo femenino?

 

Las mujeres tienen un poder tremendo sobre los hombres. Si las feministas no quieren ese poder, y quieren sólo ser iguales a ellos, esta bien. Es su problema. Lo que yo veo como observadora y profesora es que los hombres son más frágiles psicológicamente en comparación con las mujeres. Y cuando las mujeres renuncian al poder de la maternidad, como aconteció en la segunda ola del feminismo, pierden una parte enorme de su poder sobre los hombres.

 

Las mujeres que entienden ese 'poder' natural sobre los hombres y lo aceptan son más felices. Las mujeres que piden que los hombres cambien y sean más parecidos con ellas, son más nerviosas, y, a veces, brutales. Ellas no tienen confianza en su poder como mujeres.

 

Las mujeres que tienen éxito con los hombres son aquellas que conservan una cierta cualidad maternal y entienden las debilidades de los hombres. Sienten compasión de ellos por eso. Tratan a los hombres con humor y consiguen entender sus necesidades, y, en cierta forma, los 'nutren' y sostienen.

 

¿De qué manera el fenómeno generalizado de retardar la maternidad en las últimas generaciones de mujeres es producto de ese pensamiento feminista de la segunda ola?

 

Gloria Steinem es la responsable por eso. Ella y sus problemas psicológicos. Tuvo una infancia terrible. Su padre era negligente, abandonó a la esposa, que tuvo problemas psiquiátricos.

 

Steinem esbozaba permanente aquella sonrisa con la que parecía indicar que tenía la respuesta para todo. Decía: la mujer puede tener todo. Y también afirmaba: una mujer necesita de un hombre, tanto cuanto un pez requiere de una bicicleta. Sin embargo, en todas las fiestas que frecuentaba en New York nunca estaba sola, siempre tenía a un hombre en los brazos.

 

Ella pregonaba que las mujeres cuidaran de su profesión y dejaran la maternidad de lado, o, por lo menos la aplazaran. Solo la determinación de ignorar abiertamente a la biología permitía eso, porque sabemos que la fertilidad femenina es mayor cuanto más joven es la mujer, y que los embarazos son más seguros antes de los 35 años. Y hay generaciones enteras de mujeres que fueron convencidas de mentiras. La verdad sobre la biología debe ser dicha a las jovencitas.

 

¿La mujer tiene que escoger entre carrera y maternidad?

 

Sin duda. Los sistemas de educación formal y de desarrollo profesional son sacrificados, o suspendidos temporalmente, por las mujeres que escogen tener hijos. Probablemente podrán alcanzar el éxito profesional más tarde, pero hay un gran valor en el hecho de optar por tener hijos cuando se es más joven. Por ejemplo, yo nací cuando mis papás tenían 21 años. No teníamos dinero, pero ellos tenían mucha energía y eran optimistas. Catorce años después, mi hermana nació, y mis papás estaban con 35 años, tenían una casa y una vida estable, con empleo y todo lo demás. Los padres que yo tuve fueron completamente diferentes a los que mi hermana tuvo. Mi hermana es muy diferente de mi. Ella es bien comportada (risas).

 

¿Mujeres que creen que van a ser madres a los 45 años tendrán la misma energía que una de veintitantos años para correr atrás de un niño?

 

La educación formal debería adaptarse a esa realidad. Las universidades tienen que ser flexibles en su oferta de cursos para mujeres y tener espacios adecuados en los campus para que las madres que quieren estudiar pudieran dejar a sus hijos en pequeños periodos. Debería ser posible para una mujer joven decidir tener hijos y estudiar medio periodo o hacer una disciplina por vez, aunque le lleve más tiempo concluir.

 

Las universidades se beneficiarían mucho por la presencia de estudiantes casados y con hijos. Muchas de las estupideces que son dichas sobre género, por ejemplo, serían mejor debatidas si hubiera papás jóvenes en los salones de clase.

 

¿Cómo esa flexibilidad para las jóvenes madres puede ser aplicada en el mundo del trabajo?

 

Las empresas no existen para ser agentes de transformación social. Existen para generar riqueza. Las que han sido fundadas por inversionistas progresistas, como muchas en California, ofrecen áreas para que se cuide de bebés en tanto la madre trabaja, pero es muy costoso. Los niños pasan mucho tiempo allí. Y más: algunos beneficios generan reclamaciones de funcionarios que no tienen hijos.

 

Debe ser abordado con cuidado porque es necesario garantizar igualdad entre los profesionales. La verdad es que la maternidad es una elección y es necesario aceptar que implica algunas renuncias. Hay muchas dificultades al inicio de carrera, después no. Las mujeres de mi generación, que priorizaba en la profesión y la remuneración, esta casi jubilándose. De repente, la realidad va a tocar a la puerta: en el momento en que se retiren de sus empleos, serán rápidamente olvidadas. Podrán tener una situación financiera confortable, pero solo eso. En tanto, muchas otras mujeres, especialmente en los sectores más populares, tendrán hijos ya crecidos, nietos y bisnietos. Eso trae un nuevo sentido a la vida.

 

Usted adoptó un niño ¿Cómo se ve como madre?

 

Siempre dejé claro que yo soy una pariente, que le quiere mucho, pero no soy su madre. El tiene una única madre, que es su madre biológica, que es mi excompañera, vivimos cerca y tenemos una buena relación centrada en su cuidado y educación. Yo estaba en el consultorio médico cuando fue concebido, en el hospital donde nació, he formado parte de su vida siempre, pero solo tiene una madre.

 

Todas mis observaciones sobre niños y hombres han sido confirmadas en esa experiencia afectiva y al haberme adentrado en el mundo de las madres. Vi con mis propios ojos que las mujeres comandan la vida de los niños, de la casa y el mundo emocional de la familia. El marido, que es el número uno antes de que nazcan los hijos, pasa, en cierto sentido, a integrarse al sistema. La mujer crea toda la rutina y el hombre ejecuta lo que ella dice (risas).

 

Hay ahora un debate sobre los transgénero. ¿De qué manera el feminismo puede incluir a esas personas?

 

Voy a decir algo controvertido, pero real: yo me identifico como 'transgénero'. Cuando era joven ese termino no existía, pero era claro que yo era muy inhibida en relación a mi género biológico. Yo demostraba eso, desde niña, en Halloween. Siempre escogí personajes masculinos para mi disfraz. Fui soldado romano, Napoleón, Hamlet... y ninguna niña se disfrazaba así. Me sentía alienada en ser niña.

 

Pero me preocupa la tendencia actual de cambiar por medio de cirugía el cuerpo. Esta por toda parte en Estados Unidos. Dicen que el infante nació en un cuerpo equivocado y ya comienzan a llenarlo de hormonas hasta llegar a la intervención quirúrgica.

 

Si esa idea hubiera estado en el aire cuando yo era joven, me habría obsesionado con eso. Habría sido convencida de que esa era la respuesta a todos mis problemas con la sociedad contemporánea y su rigidez sexual, y habría cometido un terrible error.

 

¿Por qué?

 

Transformar el cuerpo quirúrgicamente es una ilusión. Hay un número muy pequeño de personas realmente 'intersexuales'. Es una anormalidad congénita. La mayoría de los casos no es así. Modificar el cuerpo, removiendo el pene o los senos es una ilusión porque las células del cuerpo entero permanecen siendo lo que siempre fueron. Simplemente no es verdad que así se mude de género.

 

Yo creo que es necesario respetar el deseo de las personas de transformar sus cuerpos por motivos estéticos, médicos o de género. Cada uno tiene poder sobre su propio cuerpo y yo soy una libertaria en ese sentido. Sin embargo, nadie me va convencer de que Chaz Bono, la hija 'transgénero' de la actriz Cher, es un hombre. Necesita tomar una inyección de hormonas todos los días para ser lo que es, un 'transgénero', nunca un hombre. Cada célula de aquel cuerpo es una célula femenina.

 

Las personas que contemplan ese debate y piensan que estamos caminando para un futuro progresista eston engañadas. Vivimos en un periodo en que los 'géneros' son fluídos y nadie se identifica con los roles asignados en el pasado a los dos géneros. Pero la idea de que eso es un síntoma de salud social es un error. Es el caos.

 

Estamos en una fase tardía de la cultura, como ocurrió con outras civilizaciones, en que las definiciones de los sexos comienzan a tornarse difusas y surgen todos los tipos de androginia y de 'juegos' con cambios de papeles masculinos y femeninos. Yo adoro todo eso, pero creo que no puede ser confundido con un síntoma de salud y progreso. Lo siento. Es un síntoma de decadencia en nuestra cultura. Y debería preocuparnos porque eso indica ansiedad y que algo anda mal.

 

Yo no percibo, a propósito, ningún avance en el campo de las artes. Nadie esta en un período especialmente fértil; por el contrario, todos están obsesionados consigo mismos. El ego se tornó trabajo artístico. Las personas tienen diez conceptos diferentes de lo que son. Creo que la obsesión con el género y con la orientación sexual se convirtió en una enfermedad.

 

Soy atea, pero creo en el poder de la religión y de su visión del universo. Vivimos esa transición de la perspectiva religiosa para esa horrible perspectiva centrada en el individuo, con el apoyo de los medios de comunicación. Esos no son los años sesenta cuando se afirmó el poder del indivíduo contra la autoridad, sino la destrucción de la idea cósmica de que cada uno tiene un lugar en el universo. Y eso convergió para la obsesión por el género y la orientación sexual. Se convirtió en una locura. Es una nueva forma de narcisismo.

 

La entrevista completa en portugués puede ser leída aquí

 

[ D'Vox ]

 

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