Kast y los intolerantes


Un grupo de choque de izquierda marxista sometió a una golpiza, este miércoles 21 de marzo, al ex candidato presidencial y ex diputado de derecha José Antonio Kast -así como a miembros de su equipo-, cuando ingresaba a dar una charla a la Universidad Arturo Prat, en la ciudad de Iquique, en el norte de Chile.

Hace una semana, el candidato había intentado ofrecer otra conferencia en la Universidad de Concepción, pero otro grupo izquierdista obtuvo que esa institución cancelara la reservación.

La agresión en Iquique suscitó repudio transversal. El Gobierno del Presidente Sebastián Piñera anunció la interposición de una querella criminal contra los que resulten responsables, y el oficialismo de centroderecha y la oposición de centroizquierda cerraron filas con Kast.

No obstante, tanto el Frente Amplio como el Partido Comunista, vinculados a decenas de federaciones de estudiantes de extrema izquierda, rehusaron lamentar el hecho, aduciendo que el ex candidato lo habría "provocado" con su planteamiento conservador, al que tildan de "discurso de odio".

Este insólito incidente ha develado al país y al mundo la secular captura de las universidades por la izquierda en Chile. Elecciones amañadas, huelgas ilegales y vandalismo son frecuentes en decenas de casas de estudio, cuyas federaciones y centros de alumnos son controlados por partidos políticos de izquierda.

Todas las gamas del marxismo (comunistas, trotskistas, autonomistas, guevaristas) ejercen un dominio sin oposición de las autoridades, amedrentadas o en connivencia. Así se ha acentuado la decadencia de las universidades estatales chilenas, migrando el estudiantado a planteles privados, un poco más a cubierto de estas situaciones.

Por otra parte, lo ocurrido revive la discusión sobre los límites del pluralismo político. La izquierda ha respaldado las agresiones a Kast, por considerar su discurso odioso e intolerante. Pero la Constitución chilena, redactada durante el gobierno militar del Presidente Augusto Pinochet (1973-1990), prohíbe los movimientos que propugnen la instauración de un «sistema totalitario».

Dado el ordenamiento jurídico vigente, entonces, la posición de las izquierdas resulta excéntrica y marginal, más aún cuando son miembros suyos los que golpean y persiguen a políticos. La agresión a Kast hizo retroceder el debate político a los términos más elementales.

Queda pendiente una respuesta institucional adecuada, que aísle a los realmente violentos y totalitarios y garantice el ejercicio de las libertades y derechos fundamentales para las demás personas en todos los ambientes.

[ D'Vox ]

Benjamín Lagos es Director de Opinión Pública Observatorio de la Cultura San Juan Pablo II.

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