La biología no es de izquierda ni de derecha


Tiffany, um metro y noventa y cuatro centímetros de altura, nació como Rodrigo de Abreu. Después de participar durante años de ligas masculinas de voleibol en varias partes del mundo como Rodrigo, incluso en Brasil, ahora se presenta como Tiffany y juega en la Superliga Femenina. Con todo respeto, soy contra este hecho y pido que me permita explicarle a usted el porqué en un diálogo honesto y franco.

Antes de decir cualquier otra cosa, aclaremos: esta discusión no versa sobre prejuicios y tolerancia; trata de la necesidad de que usemos el más elemental sentido común. No tengo nada contra Tiffany, que solo sigue una regla creada por entidades responsables por el deporte. En cambio, soy totalmente contraria a politizar el deporte profesional y la ciencia, específicamente la biología, en nombre de una agenda ideológica que humilla e inferioriza a las mujeres. El propio coordinador de la Comisión Nacional Médica (Conamev) de la Confederación Brasileña de Voleibol (CBV), órgano responsable de autorizar a Tiffany, el doctor João Granjeiro, declaró que era contrario a la participación de la atleta trans en la Superliga Femenina.

Defensores de las mujeres transexuales en ligas femeninas asumen como línea argumental que los atletas pasan por tratamientos hormonales para reducir sus niveles de testosterona hasta el mismo nivel que es exigido a las atletas nacidas mujer. Permítame explicar lo absurdo de esta idea: mujeres que, como yo, disputan competiciones femeninas oficiales desde categorías de base, pasaron toda su vida profesional siendo monitoradas en incontables exámenes, dentro y fuera del período de competiciones. A la menor señal de testosterona detectada fuera de los niveles permitidos, una suspensión es aplicada.

Toda la patrulla médica del Comité Olímpico Internacional (COI), de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) y de la propia CBV contribuyeron y cuidaron que mi fuerza, musculatura, estructura ósea y condición cardiovascular no fueran construídos injustamente con hormonas masculinas a lo largo de años. Durante toda mi trayectoria de atleta fui sometida al control de la Agencia Mundial Anti-Doping (WADA), lo que incluyó informar al órgano donde me encontraba cada uno de los 365 días del año para que, eventualmente, pudieran aplicarme un examen sorpresa. Todas las atletas profesionales saben de lo que estoy hablando. ¿Cuántas veces fuimos despertadas a las cinco y media de la madrugada para recoger material para exámenes sin previo aviso?

Tiffany, que fue Rodrigo la mayor parte de su vida, tiene 33 años. Sólo desde hace dos tiene niveles de testosterona compatibles con el voleibol femenino; en buena parte de los otros 31, cuando jugó en las ligas profesionales como Rodrigo, construyó un cuerpo de un metro y noventa cuatro centímetros con músculos completamente masculinos. ¿Es justo que ahora participe de competiciones con quien es mujer desde que nació y tiene huesos, músculos, ligamentos y capacidad aeróbica tipicamente femeninos? Usted sabe la respuesta.

Algunos médicos respetados, como la doctora Ramona Krutzik, endocrinologista californiana que estudia las hormonas humanas desde hace 19 años, están comenzando a posicionarse contra estos absurdos. Krutzik sostiene que un año de terapia hormonal no es suficiente para revertir los efectos de la pubertad masculina en una atleta transexual. "Para revertir cualquier aspecto físico masculino en el cuerpo, además de la cirugía de sexo, son necesarios por lo menos quince años sin testosterona para comenzar a percibir algunos cambios óseos y musculares", esclarece.

Ni la doctora Joanna Harper, mujer transexual desde 2004, acepta que atletas trans femeninas sean autorizadas a competir sólo por el nivel de testosterona. Harper, que es fisiologista del Providence Portland Medical Center, publicó un estudio en 2015 afirmando que velocistas trans pueden ser más lentas que mujeres. Sin embargo, cree que la reducción de testosterona por un año en un cuerpo masculino no es suficiente para permitir la participación de transexuales en diversas modalidades en las que la fuerza física es determinante.

Si todo eso no bastara, el debate llega a niveles surrealistas cuando se sabe que el COI puede excluir del competiciones femeninas a mujeres con niveles de testosterona más altos que los permitidos aunque las causas sean naturales. Mujeres que nunca utilizaron cualquier tipo de substancia para elevar sus niveles hormonales han sido impedidas de competir, como la velocista india Dutee Chand que fue acusada de "no ser mujer".

Chand tenía un disturbio conocido como hiperandrogenismo y, por eso, fue rechazada como atleta olímpica en 2015. El COI y la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) alegaron que no había pasado en la 'prueba de género', por lo que estaba fuera de competición en las Olimpiadas de Rio de Janeiro. La 'prueba de género' es realizado en casos de niveles elevados de testosterona endógena (producida por el cuerpo) y es obligatoria - aunque usted no lo crea - solo para mujeres. Chand solo consiguió entrar en la competición porque objetó el fallo ante la Corte Arbitral del Deporte (CAS).

¿Con qué cara dirigimos nuestra mirada a mujeres que ya fueron expulsadas de competiciones o que fueron permanentemente excluídas de la actividad deportiva profesional por el alto nivel de testosterona que tuvieron en algún momento de su vida? ¿Cómo impedir ahora que adolescentes construyan sus cuerpos con hormonas masculinas y después ajusten sus niveles un año antes de competir con las otras?

La agenda político-ideológica en defensa de los transexuales en deportes disputados por mujeres ultrapasó los límites de lo absurdo cuando Fallon Fox, un exmilitar y excamionero estadounidense, se convirtió en la primera luchadora trans de las Artes Marciales Mixtas (MMA). Fox no solo venció cinco de las seis luchas que disputó sino que también causó severas lesiones corporales a sus oponentes, como contusiones graves y huesos fracturados. Digan lo que quieran, Fox es un hombre que golpea a mujeres en una arena pública y gana dinero y aplausos por eso. Todo dentro de los padrones de lo políticamente correcto.

¿Qué acontecería si LeBron James, una leyenda viva de la National Basketball Association (NBA), decidiera llevar su técnica, sus músculos y sus dos metros y tres centímetros de altura para el campeonato de básquetbol femenino después de dos años de tratamiento hormonal? La diferencia entre el básquetbol masculino y el femenino está en casi todo: en el tamaño del balón, en la altura de la cesta, en la distancia para el lanzamiento de tres puntos y hasta en las reglas.

Puede parecer absurdo, pero hasta la posibilidad de una convocación de Tiffany para la selección brasileña ya fue admitida por el actual técnico, José Roberto Guimarães. ¿En cuánto tiempo tendremos una selección femenina compuesta basicamente por transexuales? ¿Cuántas Fernandas, Sheilas y Anas no tendrán la menor oportunidad en la selección adulta después de haber pasado - limpas - por todas las categorías de base? Necesitamos ser claros en relación a esto, sin medias tintas o eufemismos: puede ser el 'fin de juego' para el deporte femenino.

Vi las recientes declaraciones de Tiffany y soy solidaria en relación a las batallas que requirió trabar para que su cuerpo estuviera mejor alineado con lo que desea. Sus desafíos personales son inimaginables para mi. Pero por más adorable que sea, no tengo como ignorar que posee una estructura ósea y muscular que juega un papel determinante sobre sus oponentes cada vez que realiza un 'saque', o bloquea y se yergue sobre la red para 'cortar'. Tiffany puede ser muy bienvenida en áreas técnicas del deporte femenino, pero su cuerpo es totalmente incompatible con el voleibol entre mujeres.

Este es uno más de los temas que necesitamos enfrentar en una sociedad que se somete cotidianamente al grito de los militantes o a la opinión perturbada de los intelectuales y comentaristas de moda, debido a la falta de valentía de algunos que deberían participar del debate público y decir lo debe ser dicho sin temor a ser perseguidos o a que sus reputaciones sean aniquiladas. Si es desgastante salir de la zona de confort y posicionarse, considere las consecuencias de callarse.

No podemos vendar nuestros ojos con lo políticamente correcto y aplaudir una desigualdad injusta en nombre de la igualdad. Lo que esta aconteciendo es adecuado solo en un universo fuera de la realidad, aqui la inclusión de atletas trans en el deporte femenino significa la exclusión de mujeres. Exaltar hombres "que se identifican como mujeres" en papeles y campos femeninos puede ser la forma suprema de misoginia.

[ D'Vox ]

Ana Paula Henkel es jugadora de voleibol profesional, atleta olímpica brasileña se dedica actualmente al voleibol de playa en Estados Unidos.

Traducción: Diego Hernández. Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en el diario brasileño O Estado de São Paulo. En la traducción, por respeto al texto original, se reprodujo el uso que la autora dá a palabras como 'transgénero', 'mujer trans', 'atleta trans', y otras similares, sin comillas y dándole una conjugación habitualmente femenina, aunque en un texto propio yo hubiera considerado más adecuado usar la conjugación masculina y términos que eliminaran cualquier posibilidad de confusión sobre la realidad abordada.

Términos del Servicio | Política de Privacidad

CR| opn: