Salud, aurora de este siglo que comienza!


En este inicio de año hacemos nuestras las palabras del poeta Paul Claudel: "¡Salud, aurora de este siglo que comienza! Que otros te maldigan, pero yo te consagro sin pavor este canto".

Brindamos con esperanza porque confiamos. Conservamos la memoria lo bueno del año que fenece y saludamos con gozo la llegada del los días que vienen. Rogamos poder vivir de forma digna, honrada, valiente y generosa las horas que nos serán dadas. Pedimos - como Claudel - inmersos en el caos generado por la invasión de los nuevos bárbaros obrar siempre el bien, teniendo como de nuestra ciudadela las cuatro virtudes, e no perder la memoria de nuestros hermanos, que son los hombres, todos los hombres. Confiamos en abrazar con amor el tiempo que se nos entrega, confiados en Aquel que conoce el número de nuestros cabellos y de las estrellas. "¡Salud, aurora de este siglo que comienza!"puertasimploramos

Compartimos con nuestros lectores, en el primer día de 2018, un fragmento del poema 'La Casa Cerrada', del francés , la última de sus 'Cinco Grandes Odas', obra publicada por Gallimard en 1936. Abre éstas líneas un bello fragmento de 'Cielo estrellado sobre el Romano', de Vincent van Gogh, 1888, Museo d’Orsay, Paris.Claudel

¡Salud, aurora de este siglo que comienza! Que otros te maldigan, pero yo te consagro sin pavor este canto.

¡Oh, Dios mio, que nos has entregado todas las cosas, dame un deseo a la medida de tu misericordia!

Para que yo a mi vez a aquellos que puedan recibirlo les dé en mí lo que a mí mismo le ha sido entregado.

¡Oh, punto de todas partes alrededor de mí donde se ajustan los fines indivisibles! ¡Universo indescifrable! ¡Oh, mundo inagotable y cerrado!

Es la visión de san Pedro cuando el ángel le mostró en un lienzo todos los frutos y los animales de la creación, para que hiciera libre uso de ellos.

Y a mí también todas las figuras de la naturaleza me han sido dadas, no como bestias que uno caza y cuya carne devora,

Sino para que yo las reúna en mi espíritu, sirviéndome de cada una para comprender todas las demás.

[...] ¡Oh certidumbre e inmensidad de mi dominio! ¡Oh amado universo entre mis manos conocedoras! ¡Oh consideración del número perfecto al que nada puede sustraerse o añadirse!

¡Oh, Dios, nada existe sino como imagen de tu perfección!

¿Acaso alguna de tus criaturas se te puede escapar?

Y tu que conoces el número de nuestros cabellos ¿ignoras acaso el de tus estrellas?

Todo el espacio está lleno con los cimientos de tu geometría, está ocupado con un cálculo deslumbrante como el cómputo del Apocalispsis.

Has puesto a cada astro miliar en su punto, como a las lámparas de oro que guardan tu sepulcro en Jerusalén.

Y yo veo todos tus astros en vigilia como a las Diez Vírgenes Sabias a quienes el aceite no les falta.

Dios mío, que me has conducido hasta esta extremidad de mundo donde la tierra no es más que un poco de arena y donde el cielo que has hecho jamás se oculta a mis ojos,

No permitas que en medio de este pueblo bárbaro del que desconozco la lengua,

Pierda yo la memoria de mis hermanos que son todos los hombres, semejantes a mi mujer y a mi hijo.

[...] La misericordia no es un don blando de la cosa que se tiene en demasía, ella es pasión como la ciencia,

Es un descubrimiento como la ciencia de tu rostro en el fondo de este corazón que has hecho.

Si todos tus astros me son necesarios ¿cuánto más todos mis hermanos?

[...] Haz que sea yo entre los hombres [...] como un pequeño grano del que no se sabe lo que es

Y que arrojado en una buena tierra recoge todas las energías y produce una planta específica,

Completa con sus raíces y todo.

[...] Oh, cielos, dejadme reconocer en mí como en vosotros el Norte y el Poniente, el Este y el Mediodía,

No como están blasonados sobre vuestro palio con la figura de los astros eternos,

Sino mis cuatro puertas, como en una fuerte ciudad, protegidas por las Voluntades inmutables.

Antaño celebré a las musas interiores, a las nueve hermanas indivisibles,

Pero en esta madurez de mi edad [...] cantaré a las grandes Musas cuadradas, las Cuatro Virtudes cardinales orientadas con una celeste rectitud,

Aquellas que guardan cada una de mis puertas,

[...] La Prudencia esta al norte de mi alma como la proa inteligente que conduce todo el barco.

Y mira de frente hacia adelante y nunca de lado ni hacia atrás, porque es hacia adelante a donde vamos.

[...] La Fortaleza está en el mediodía, allí donde no hay murallas, sino únicamente algunas empalizada rotas y la tierra hollada por la incesante lucha pie a pie.

[...] La Templanza custodia el Oriente, ella mira las puertas del Sol.

Entre el mundo y la ciudad ella es mediadora; entre el hombre y la tierra, entre el deseo y el bien es la barrera interpuesta.

[...] La Justicia mira al Occidente, y ese cielo radiante es el suyo

Ella considera el término de todas las cosas y el dia cuando se consume en el color de la llama y de la sangre.

[...] ¡Salud, aurora de este siglo que comienza! Que otros te maldigan, pero yo te consagro sin pavor este canto.

[ D'Vox ]

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