Chile: una elección y dos dilemas

21.12.2017

 

La segunda vuelta del domingo 17 de diciembre en Chile fue, en muchos sentidos, histórica. Se revirtió la tendencia, persistente desde 1989, de la baja participación electoral.

 

El triunfo de Sebastián Piñera fue categórico en porcentaje: 54,57%, el más alto logrado por un candidato de centroderecha desde Arturo Alessandri en 1932. El ex Mandatario recibió más de 1 millón 380 mil votos que en primera vuelta, los que por su magnitud no pudieron provenir solo del conservador José Antonio Kast ni de la democristiana Carolina Goic.

 

Datos tan contundentes solo pueden explicarse por el apremiante dilema que se presentó a los chilenos. Dos opciones: retomar el camino institucional, iniciado en 1973 e interrumpido en 2014, de una democracia representativa y con contrapesos, una economía social de mercado y un Estado subsidiario; o bien, profundizar el intervencionismo estatal y progresismo cultural impuestos por la ya fracturada Nueva Mayoría. Tal disyuntiva se zanjó con claridad.

 

Pero, si ese dilema quedó atrás, hay otro aún irresuelto. La izquierda, derrotada en lo electoral -aunque mayoría en el Senado y cuyos brazos estudiantiles y sindicales ya amenazan con protestas-, no lo está en el plano de las ideas. El voto, tan imperfecto como la democracia en que se ejerce, es solo una respuesta tardía a un proceso cultural en curso, que condiciona el devenir político.

 

Chile, como todo Occidente, ha sido influido en una dimensión intelectual por un deconstruccionismo tributario del marxismo, cuyos blancos son la tradición y las instituciones. En ese sentido, tenemos un Tribunal Constitucional que aceptó la ley de aborto, manifiestamente contraria a la Carta Fundamental.

 

Así las cosas, mal puede confiarse en que la victoria de la centroderecha detendrá ese proceso. Ahora bien, sí es dable una moderación de tal tendencia, con un aparato público ya sin la captura de la izquierda y una reordenación de prioridades de las políticas de Estado.

 

Que el proceso cultural dominante empiece a revertirse en Chile, depende de la tarea intelectual y política de defensa de los bienes esenciales que emanan de la naturaleza humana. Por su envergadura, tal empresa requerirá no solo de tiempo y esfuerzo, sino de inteligencia para (re) conquistar espacios y voluntades.

 

Una nueva corriente, con intérprete en José Antonio Kast, emerge para desarrollar con firmeza esa tarea. Y el nuevo Gobierno, mucho más que el que termina, hará factible la creación de un ambiente favorable a esas buenas ideas.

 

[ D'Vox ]

 

Benjamín Lagos es director de Opinión del Observatorio de la Cultura Juan Pablo II.

 

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