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La imposición de la estatua blasfema 'Sincretismo' viola nuestro régimen democrático: Arnold Jiménez

13.12.2017

 

Desde hace cuatro meses los católicos de Guadalajara protestan sistemáticamente contra una 'obra de arte' instalada en una de las regiones más tradicionales de la ciudad. Se trata de dos planchas de acero que reproducen una figura que mezcla las imágenes de la Virgen de Guadalupe, la figura más emblemática de la religiosidad popular mexicana, y de la diosa prehispánica Coatlícue, señora de la vida y de la muerte.

 

Se han realizado ya cinco marchas de protesta y desagravio contra la efigie de nueve metros de altura que lleva labrada una larga falda de cráneos y víboras y está coronada por varias cabezas de serpientes, en actitud amenazante. También una campaña online de Citizen Go, con más de 36 mil firmas, pide al presidente municipal, Enrique Alfaro, que la retire. El edil se ha cerrado al diálogo y ha dado 'oídos sordos' al reclamo.

 

D'Vox entrevista a Arnold Jiménez Ramírez, director de la Fundación Miguel Palomar y Vizcarra, un importante think tank radicado en Guadalajara, cuyos miembros fueron algunos de los primeros a alzar una voz de protesta contra lo que consideran una agresión a la fe de los católicos mexicanos.

 

¿Por qué el monumento chamado 'sincretismo' ha sido considerada ofensiva?

 

La obra ha sido considerada como una ofensa por un amplio sector de los habitantes de Guadalajara y de su Zona Metropolitana. Las razones son sencillas: la obra es confusa, los elementos no son claros y a la vista genera cierta repulsión. Mezclar la imagen de la Virgen de Guadalupe con elementos paganos ha causado indignación en el pueblo creyente, que ve en Santa María de Guadalupe a la Madre de Dios, y es justo este ícono, la figura más emblemática de la religiosidad popular mexicana.

 

¿Ha sido también criticada por su fealdad?

 

Fue hecha con una técnica poco afortunada, tal como la perforación de planchas de metal con diseños elaborados que parten primordialmente de bocetos en dos dimensiones. Si a esto le agregamos que en la escultura no solamente interviene una placa, sino dos intersecadas en forma de cruz, la probabilidad de éxito estético y armónico se reduce aún más, porque dicho recurso provoca bastante ruido y resta claridad a cualquier imagen de la cual se haya partido.

 

El autor y el ayuntamiento dicen que es un homenaje a la religiosidad popular guadalupana ¿es creíble?

 

Para responder, es importante considerar tres cosas: La primera es que la autoridad utilizó un símbolo religioso sin consultar al arzobispado, mucho menos a los creyentes. No se entiende por qué una autoridad que se enorgullece constantemente de hablar de 'estado laico' toma un elemento religioso y lo coloca en la vía pública.

 

La gran mayoría de los mexicanos son católicos y agredir su fe es contrario a la vida democrática del país. El estado es 'laico', pero no laicista. En un régimen democrático el derecho de cada ciudadano a ser respetado en su fe debe ser garantizado y el diálogo es fundamental cuando hay discordancias. Aqui no se ha invitado al diálogo a los que se han manifestado.

 

La segunda: Es conocido por todos la opinión que el Alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez tiene de la fe católica y de sus principios y valores. En más de alguna ocasión ha ofendido la memoria de los mártires mexicanos e incluso llegó a ofender al entonces arzobispo de Guadalajara, Sandoval Íñiguez, a quien llamó predicador callejero del Apocalipsis.

 

¿Y la tercera?

 

En política no hay casualidades. El ayuntamiento puso esa obra justo afuera de un templo simbólico en Guadalajara, llamado habitualmente El Refugio; lo hizo justo el día de la manifestación más importante de la 'iglesia' la Luz del Mundo sin dar una sola explicación de la obra ni de su significado. Todo esto hace pensar y cuestionar las intenciones y el significado de la obra.

 

¿Qué han hecho estos ciudadanos para manifestar su descontento?

 

Lo primero se generó una recolección de firmas a través de la plataforma Citizen Go, que ya acumula más de 36 mil adhesiones. Luego se convocó un acto de desagravio y una manifestación pública que logró reunir a más de 4 mil católicos. Luego, siguieron otras. La más reciente, que es la quinta, se realizó el pasado sábado 9 de diciembre, día de san Juan Diego.

 

Se ha integrado un movimiento de inconformidad llamado Pueblo Guadalupano, presidido por Felipe de Jesús González Hernández, y ahora mismo se genera una agenda que quiere exigir a la autoridad retire la obra que hiere la sensibilidad del pueblo creyente.

 

¿El presidente municipal Enrique Alfaro les ha escuchado?

 

No. Ni da visos de querer dialogar. El edil sólo se limita a decir que hay un grupo de “radicales” que intenta desprestigiar el trabajo del Ayuntamiento. No es así. Nuestro presidente municipal no se caracteriza por su sensibilidad. Cada que es cuestionado con un tema que le incomode se molesta. Debería adecuarse a las normas democráticas y dialogar.

 

¿Qué dicen los regidores, le apoyan?

 

Los regidores de su fracción – como todos los militantes de su partido- nunca lo contradecirían, es el “mandamás de su partido”. La oposición brilla por su ausencia. Su silencio es preocupante.

 

¿Entiendo que el barrio donde fue colocada la escultura es tradicionalmente católico, allí vivieron cristeros? ¿Ve alguna relación con la elección del lugar?

 

Si. El Templo del Refugio está cerca del Barrio de Jesús, lugar donde vivieron y fueron apresados Anacleto González Flores y sus compañeros mártires, hoy ya beatificados. Es preocupante pues la poca sensibilidad – o el dolo- de quien gobierna y toma decisiones unilaterales.

 

¿Cuál es la posición de la Iglesia?

 

La posición del arzobispo es clara: el pueblo se ha indignado, si siente ofendido y la autoridad debe escucharle. El arzobispado como tal no ha pedido se retire la obra ni ha alentado las manifestaciones, pero respeta a los creyentes que se organizan para levantar la voz.

 

¿Habrá más actos de protesta?

 

No estoy entre los que organizan. Pero con certeza, la finalidad de los inconformes es que la obra se retire. Entiendo que se hará todo lo que este al alcance del ciudadano en un Estado de derecho. De permanecer ahí, sentaría un precedente lamentable para la vida democrática y religiosa de Jalisco.

 

[ D'Vox ]

 

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