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México: hay héroes que no llevan capa

21.09.2017

 

Las tragedias hacen aflorar lo que hay de mejor y de peor en los hombres. Viví en carne propia una catástrofe, hace 25 años, con las explosiones del 22 de abril en Guadalajara. Mis padres lo perdieron todo, menos su tesoro: la fe y sus hijos. Juntos, poco a poco, se irguieron de nuevo.

 

Durante los primeros dos días del infortunio mi padre y yo, ayudamos en los rescates, vimos de todo: muchos actos heroicos, pero también, algunos hechos detestables, especialmente de aquellos que, por sus responsabilidades públicas, deberían ser los primeros en servir.

 

El terremoto que sacudió el centro de México este martes 19 de septiembre, el mismo día en el que se cumplían 32 años del fatídico temblor de 1985, que también afectó la capital y dejó cerca de 10 mil muertos, también ha sacado a flote lo que hay de mejor y de peor en los mexicanos. De lo peor menciono sólo dos casos que son escandalosos.

 

Manuel Andrés López Obrador, precandidato a la presidencia de la República, de gira por Europa, ofreció donar una quinta parte del millonario fondo de su partido para los damnificados. Excelente. Solo que hay un detalle: ese dinero viene de impuestos, es público, y él sabe perfectamente que la ley no permite darle ninguna destino que sea diferente al pago de gastos de campaña.

 

Fue una jugada demagógica y oportunista. Además, el político se resiste a discutir una rápida reforma legislativa que permitiría a los partidos destrabar ese impedimento legal.

 

El segundo hecho es el conocido y vergonzoso episodio de 'Frida Sofía'. Una parte del Colegio Enrique Rábsamen, de la Ciudad de México, se colapsó con el temblor. Algunos niños y profesores estaban dentro. Por obvias razones se montó allí un operativo de rescate robusto.

 

El presidente de la República visitó el local y el secretario de Educación prácticamente acampó allí. En el momento que escribo allí se han encontrado 37 cuerpos, solo cinco eran adultos. Y se ha rescatado a más de una decena de personas.

 

Al final del primer día del derrumbe se comenzó hablar de una niña, 'Frida Sofía', que estaría presa, aún con vida, entre los despojos del local. Rápidamente su rescate cobró la atención de todo mundo.

 

Los periodistas divulgaban progresivamente detalles: habían escuchado su voz, la habían hidratado, había otros cinco niños con ella, y otros pormenores. Casi todos los medios de comunicación la presentaron como un "símbolo de esperanza". Y era, literalmente era eso, un símbolo. Todo lo comunicado era falso.

 

El jueves 21, un alto mando de la Marina, reconoció que no había, ni hubo nunca, una 'Frida Sofía'. Televisa, la principal cadena nacional de televisión, una de las que más alimento el mito, desató su furia contra las autoridades afirmando que siempre validaron la información con ellas. No dijeron con quien ni emitieron una sola palabra con sabor a autocrítica.

 

Sin embargo, junto a estos lamentables y negros episodios, hay flores también. Y muchas. La solidaridad inundó las calles apenas algunos minutos después de que la tierra dejó de tremer. Los que perdieron todos sus bienes y se que se quedaron sin techo fueron inmediatamente acogidos y amparados por familias.

 

Extensas cadenas humanas remueven los escombros con impresionante eficacia. Centenas de técnicos y voluntarios, personas como usted o como yo, están permanentemente abocados a las labores de rescate. Incluso bajo la lluvia torrencial que aquejó la ciudad la tarde del jueves 21 los trabajos continuaron.

 

 

No han faltado manos: arrugadas, maduras o lozanas, delicadas o gruesas. Miles de personas han brindado desinteresadamente su ayuda sin esperar nada a cambio. Ni un agradecimiento siquiera. También los muertos han sido recordados y la Basílica de Guadalupe ofreció sus criptas.


Hay innumerables historias de nobleza. Presento aqui una. Esta serie de cinco breves videos da fe pública de la incansable, heróica y generosa labor realizada por cientos rescatistas y voluntarios que, desde el martes 19 de septiembre, se han colocado al servicio de quienes quedaron sepultados entre acero y concreto.

 

El invaluable registro gráfico se lo debemos a Rodrigo Chía, un voluntario desde los primeros minutos de la catástrofe. Estuvo presente en el rescate de tres personas de los restos de un edificio que estaba en la calle Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma, al Norte de la Ciudad de México.

 

Es contador público, tiene una comercializadora de café en Oaxaca, al sur del país, y es presidente de un club de motociclistas llamado 'Sangre de Dragón MG'. En su tiempo libre realiza labores de apoyo a ancianos y personas que viven en la calle.

 

Infelizmente no conocemos la identidad de los demás miembros del equipo de rescatistas. Son héroes anónimos. Sin la grabación de Chía, no sabríamos de ellos ni de los sobrevivientes.

 

Estos sencillos videos fueron publicados en su perfil de facebook y han sido compartidos y comentados por más de medio millón de personas. Son un sorbo de agua fresca y buena frente al pútrido coctel mediático montado por la invención de 'Frida Sofía' y por la manipulación preelectoral.

 

1. Paulina, Isaac y Lucia

 

En el primer video, Chía presenta el momento en que, de entre los escombros, surgen los nombres de tres sobrevivientes: Paulina Gómez, Isaac Ayala y Lucia Samara (o Zamora). Por lo menos uno es un menor de edad: Paulina.

 

 

2. Los anónimos

 

En el momento de la grabación, los rescatistas y voluntarios tienen en torno de 24 horas en el local; o sea, llegaron allí, pocos tiempo después del colapso del edificio. Trabajan en equipo. Sin protagonismos. Chía dice: "honor, a quien honor merece".

 

El hombre que coordina los trabajos - no sabemos su nombre - en un gesto natural y extraordinariamente simbólico se tapa medio rostro para mostrar una hoja con los nombres de aquellos que considera que realmente importan en ese momento: Paulina, Isaac y Lucia bajo los escombros.

 

Los que trabajan son los anónimos. Los que no duermen. Los que se gastan.

 

 

3. El 'topo'

 

Entre dos pesadas losas de concreto avanza el 'topo', con gran dificultad, pues el espacio entre ambas es tan solo algunas decenas de centímetros. Del otro lado hay una niña: Paula. Es su nombre real. Ella misma se lo ha dicho. No es una invención de los medios de comunicación para ganar audiencia o de las autoridades para tener un símbolo de unidad nacional en medio de la tragedia.

 

Paula existe. Por eso, él esta allí, de amarillo y con la vida en vilo. No conocemos su nombre. Es un 'topo'. Desde el sismo de 1985, así se denomina popularmente, con cariño y peculiar deferencia, a los hombres que arriesgan su vida para sacar sobrevivientes de entre los escombros.

 

La mayor parte de ellos no son remunerados por ese servicio. Lo realizan de forma altruista y totalmente profesional.

 

 

4. El parto

 

Todo rescate de entre los escombros es un parto. En el video la persona que será rescatada gime de dolor en un determinado momento.

 

El 'topo', de amarillo, auxilia sereno a la niña, pero esta encajado entre dos pesadas losas que podían colapsarse en cualquier momento. La salida de la víctima es difícil, dura, cuesta. Hay dolor, sudor, esfuerzo, sangre, lágrimas. Es un parto, y como tal, es un verdadero servicio a la vida.

 

"Aceptar la muerte, renunciar a la propia vida [para salvar la vida de otro], no hay padre, no hay madre, no hay noche ni día, no hay remuneración, no hay frío ni calor, no hay miedo, no hay comida, únicamente hay servicio a los demás… entonces eres un topo".

 

Estas palabras, que aparecen en el documental 'Bajo los Escombros', son dichas por un miembro de la Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco Azteca, que nació durante el terremoto que aquejó a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985 y pueden ser perfectamente aplicadas al hombre de amarillo.

 

Después de horas y horas de retirando piedras y despojos, por fin, se llega hasta donde está las víctimas. El espacio de maniobra es extremamente estrecho. El riesgo de que un movimiento en falso desplome todo, es alto.

 

"No hay noche ni día", horas al hilo se pasan. "No hay miedo", y si de repente hace acto de presencia, se le guarda en el bolsillo y se continúa. Se impone, de forma libre y generosa, "únicamente el servicio a los demás".

 

 

5. Hay héroes que no llevan capa

 

Emocionante. Así es el momento en el que la niña Paulina Gómez sale de las entrañas de la tierra. O mejor, de entre los escombros, por un estrecho canal abierto, con extraordinario cuidado, por el grupo de rescatistas y voluntarios.

 

"Pau" pasó más de 24 horas sepultada en las ruinas, renació la noche del miércoles 20 o los primeros minutos de la madrugada del jueves 21, al ser rescatada.

 

Con exquisito cuidado la cuidan para que no se golpee, pues es retirada con cuerdas. "Ya chaparrita, estas afuera", le dice uno, con voz emocionada. Después, alegría y lágrimas.

 

 

Llamamos 'héroe' a aquella persona que realiza actos virtuosos notables, al servicio de otros, con olvido de sí. Los grandes héroes que la 'cultura pop' nos presentan en 'comics', tebeos o filmes, no lo son sólo porque poseen 'poderes' extraordinarios.

 

Una mirada atenta nos permitirá esos 'héroes' ganan tal reconocimiento porque se colocan perseverantemente al servicio del bien, sin ambages. Los 'villanos' también tienen poderes, pero los usan para el mal.

 

Pues bien, los héroes existen. Están entre nosotros. No llevan capas. El temblor de tierra los convocó, y, aún más, despertó a otros que dormían.

 

Los hombres que aparecen en éstos videos son verdaderos héroes y no son los únicos. Un rosario de historias como ésta vendrán a formar parte de nuestra memoria cuando narremos la tragedia del 19 de septiembre de 2017.

 

Y en esa memoria estará grabado el testimonio de muchos otros héroes anónimos que con su generosa entrega le han gritado a la 'Patria Excelsa', como el Redentor a Lazaro: "Patria, levántate y anda".

 

[ D'Vox ]

 

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