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Punto de no retorno: o Maduro demuestra hoy que tiene respaldo popular o evidenciará la fragilidad del régimen

30.07.2017

 

El dictador Nicolás Maduro realiza hoy su Constituyente "Comunal". Avanza ciego y sordo, sin escuchar el clamor de su pueblo. Ha dicho que pasará por encima de sus opositores la maquinaria "4x4" del chavismo y las fuerzas armadas se comportan como si estuvieran en estado de guerra.

 

Guerra contra el pueblo, al que - como les han recordado la conferencia episcopal - deben servir en primer lugar. No es una alianza de partidos políticos "derechistas" los que se oponen a la Constituyente impuesta a sangre y fuego por Maduro: es una multitud de venezolanos.

 

El régimen enfrenta a un movimiento cívico capilar y heterogéneo pero que posee, después de varios años de errores y aciertos, una agenda mínima precisa. y para conseguirla ha tomado de forma cotidiana e ininterrumpida las calles del país desde hace exactamente 121 días.

 

Si Maduro realiza hoy su Constituyente, como de hecho lo hará, Venezuela entrará en un punto de no retorno. La Asamblea Nacional, en el uso legitimo de sus atribuciones, se verá forzada a nombrar un gobierno transitorio de unidad nacional y el país tendrá dos poderes paralelos. La cuestión fundamental es cuál tendrá el respaldo popular.

 

El resultado de la afluencia a la votación de hoy será decisivo para saber si la elección de "constituyentes" representa o no un tiro de gracias ejecutado contra el propio chavismo gracias a la obstinación del dictador.

 

Me explico. El éxito de la consulta convocada por la Asamblea Nacional y realizada el domingo 16 de julio es incuestionable y contundente. Ha colocado al dictador Nicolás Maduro contra las cuerdas y en una situación simbólica y política extremadamente difícil.

 

Siete millones 600 mil personas participaron, y de éstos, 98 por ciento, o sea, casi 7 millones y medio, rechazaron de forma contundente la Constituyente Comunal de Maduro, pidieron a las Fuerzas Armadas que defendieran el orden democrático y exigieron elecciones libres.

 

En la historia del país nunca había acontecido algo similar. El referéndum constitucional de 1999 consiguió una participación de 4 millones 200 mil personas. Los de  2007 y 2009 tuvieron 9 y 11 millones y medio de participantes en un ambiente de relativa paz y con una intensa campaña publicitaria gubernamental.

 

Colocar en las calles a 7 millones 600 mil personas para votar usando sólo las redes sociales y ningún medio de comunicación formal, en un ambiente de violencia sistemática y total indefensión, enfrentando filas por largas horas con la posibilidad real de tomar un tiro o ser agredido, es toda una proeza política.

 

El mensaje fue claro y contundente: El movimiento no violento y democrático tiene amplísimo respaldo popular. Ahora Maduro tendrá que comprobar que el cuenta con el apoyo de por lo menos 7 millones de venezolanos o quedará evidenciado que su régimen comunista no tiene sustento popular alguno. La vara quedó en un punto alto, o la iguala o pierde.

 

Algunos analistas consideraban inadecuada la iniciativa de la Asamblea Nacional porque no sería “vinculante”. Es verdad, pero la jugada fue magistral:

 

Maduro descalifica insistentemente a sus opositores asegurando que son la "elite facista" y que el Verdadero pueblo" le apoya a él y quiere la Constituyente como la única salida "pacífica e institucional" a la crisis; desde el domingo 16 esa narrativa fue neutralizada con siete millones y medio de votos y la situación se invirtió.

 

Ahora nadie tiene como negar el masivo apoyo popular del “Movimiento Libertador” y será Nicolás Maduro quien tendrá que demostrar hoy que realmente tiene al pueblo de su lado.

 

Si este domingo 30 de julio obtiene una afluencia menor de votantes para escoger a los "representantes del pueblo" no tendrá condición alguna de justificar que la nueva Constituyente siga adelante.

 

Por ello, la consulta del Parlamento fue una jugada riesgosa pero, repito, magistral. Nadie puede colocar en duda que millones de venezolanos quieren un cambio y respaldan a quienes los han liderado en los más de cien dias de resistencia cotidiana e ininterrumpida.

 

La apuesta del movimiento ciudadano esa recuperar la libertad y la vida democrática del país sin violencia, por vías constitucionales y ciudadanas. No es un proyecto de “la oposición” partidista. La comisión de garantes integrada por los rectores de las cinco más importantes universidades del país y el respaldo de la Iglesia Católica lo muestran.

 

El “Movimiento Libertador” sabe que la obediencia esta en el centro del poder poder político, es su clave de sustentación, por ello pretende llevar al pueblo venezolano a una desobediencia civil progresiva y masiva, imparable e incontestable.

 

Un ciudadano obedece por diversos motivos a quien le gobierna: hábito, miedo a las sanciones, obligación moral, intereses propios, indiferencia o identificación psicológica o ideológica. Una multitud de venezolanos están quebrando uno a uno esos mecanismo de obediencia al gobierno.

 

Detalle: desde el día 16 de julio hay 7 millones y medio de venezolanos en desobediencia civil pública y declara contra el régimen. Después de votar, cada uno de los que dijeron "no" a Maduro y "si" a la democracia se llevaron a casa un compromiso escrito para hacer efectiva la resistencia activa y pacífica.

 

La apuesta de Nicolás Maduro, por el contrario, es la de la mentira, represión, la violencia, la obediencia a través del miedo y la coacción. A la vista de todos está claro que la nueva Constituyente pretende enterrar a la Asamblea Nacional, único órgano del Estado que aún opera fuera de su control, y acabar así definitivamente con el todas las instituciones del país.

 

Si Maduro consigue este domingo 30 de julio una amplia afluencia, de 7 millones de personas o más, para escoger a los parlamentarios de la nueva asamblea Constituyente, el régimen comunista se consolidará y el movimiento ciudadano de resistencia verá reducidas sus alternativas para la transición. Quedará evidenciado que el país esta fracturado a la mitad y la comunidad internacional tendrá dificultades para intervenir.

 

Si a pesar de la ostensiva y coercitiva campaña en favor de la nueva constituyente la participación en la elección de parlamentarios es baja, de menos de 5 millones, será evidente que el régimen no tiene respaldo popular ni para continuar con la iniciativa o para mantenerse en el poder.

 

Maduro tendrá dos opciones: aferrarse al poder, seguir adelante con la falsa Constituyente e intensificar la represión violenta como la única vía para sostenerse o abandonar la iniciativa e iniciar una transición concertada con una intermediación que le posibilite salir lo menos dañado del proceso.

 

En el primer caso la Asamblea Nacional se verá obligada a formar un gobierno transitorio de unidad nacional, lo que colocará al país en una situación inédita con dos autoridades paralelas. El nivel de tensión y conflictividad será crítico. Recordemos que Maduro Moros ya declaró que lo que no obtenga por las urnas lo tendrá por las armas.

 

Aquí, la actuación de las fuerzas armadas y de la comunidad internacional serán capitales. Las fuerzas del orden tendrán que decidirse entre continuar al servicio de un dictador o colocarse del lado del pueblo, recordando las palabras de Simon Bolivar "maldito el soldado que apunta su arma contra su pueblo".

 

En este cuadro, la comunidad internacional - hasta hoy inexplicablemente omisa - si desea hacer algo realmente eficaz tendrá que desconocer la dictadura de Maduro y respaldar el nuevo gobierno de transición establecido, en el uso legitimo de sus funciones, por la Asamblea Nacional.

 

La palabra esta de nuevo con los venezolanos. Los resultados de la elección de hoy, si los números no son manipulados - recordemos que el padrón es inconsistente y la Comisión Nacional Electoral es un brazo del chavismo -, definirán si los comisión de hoy fueron "un tiro de gracia" o no para el régimen.

 

Los 7 millones que dijeron no al "socialismo bolivariano" el día 16 de junio, pueden ser ratificados como el inicio del fin de la narcodictadura comunista impuesta por el chavismo, si un pífio resultado se hace patente en las urnas.

 

"¡Gloria al bravo puebloque el yugo lanzó!".

 

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